LA LEY DEL AMOR DE DIOS
“El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama […] El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará […] El que no me ama no guarda mis palabras […] El Espíritu Santo que enviará mi Padre en mi nombre será quien les enseñe todo y les recuerde lo que les he dicho”. (Jn 14, 21-26)
Aceptar los mandamientos es aceptar la verdad y el amor de una conducta coherente. Es una verdad para todas las personas y para todas las épocas; es una verdad sinónimo de amor, es expresada en forma de ley y que viene de Dios. Es la ley de Dios que obliga al ser humano y la ley de Dios es una ley del amor. Es una ley que es entregada con amor y que se practica con amor. De allí que el primer mandamiento es el amor a Dios sobre todas las cosas.
Y si quisiéramos resumir todos los mandamientos, toda la ley de Dios, entonces tendríamos el mandatum novum o mandamiento nuevo que dice el Señor: “Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. En esto reconocerán todos que son mis discípulos”. (Jn 13, 34-35)
Como se ve, todo es amor; es la ley del amor. Por eso dice el Señor “el que acepte mis mandamientos y los guarda ese me ama”.
BUSCAR A DIOS EN EL SERVICIO DE AMOR
Aceptar los mandamientos es aceptar la voluntad de Dios. Esas palabras las pronuncia Jesucristo que viene a la Tierra enviado por Dios Padre y habla en nombre de Dios Padre. San Josemaría nos decía: “Que busques a Cristo; que encuentres a Cristo: que ames a Cristo.” (San Josemaría, Camino 382)
¿Has intentado al menos vivir lo primero? ¿Buscar a Cristo? Buscar a Cristo es buscar a Dios. Es lo primero que debemos hacer los seres humanos, buscar a Cristo. Buscar a Cristo en la realidad que vivimos todos los días. Lo buscamos lógicamente en el templo, allí nos espera en el sagrario, nos espera en la oración, nos espera en la santa misa, nos espera en el confesionario… pero también nos espera en la casa, en el hogar, en la familia.
No debemos buscar que todo se centre en nosotros. No busquemos un Dios para nosotros. Nosotros somos para Dios, para seguirle, para hacer su voluntad. No busquemos que la familia sea para nosotros, para nuestros gustos, para nuestros caprichos. Nosotros debemos ser para la familia, acercarnos más a los demás para servirles con generosidad, buscar lo mejor para cada uno, comunicarnos –siempre comunicarnos, estar comunicados– y estar disponibles para ayudar a los demás en lo que haga falta. Eso es amar al prójimo.
Tampoco en el trabajo debemos buscarnos a nosotros mismos, buscando un trabajo que se nos acomode o un trabajo que nos llene de beneficios personales, de satisfacciones. Debemos trabajar para los demás, para servir a los demás, para lograr una mejora de los demás, una mejora lógicamente del lugar donde trabajamos, de ese instituto, de esa empresa, y una mejora para la sociedad y para el país.
LO QUE DIOS NOS DA ES PARA QUE LO DEMOS AMOR
Ser generoso y dar no quiere decir que no debamos recibir. De la familia recibimos mucho amor y la educación, la formación. En el hogar aprendemos muchas cosas; las cosas fundamentales de la vida se aprenden en la casa. En la familia nos enriquecemos y de la familia también aprendemos el amor a Dios. Allí nos enseñan a rezar, nos dicen que Dios nos ha dado todo y descubrimos que el Señor nos da las mejores cosas, unos talentos, una gracia para ganar nuestras batallas, unos sacramentos para tener vida, todo lo recibimos de Dios.
Dios y la familia no nos dan cosas para que seamos egoístas, no quieren ponernos en un pedestal para la gloria nuestra, para la gloria humana. Todo lo que nos dan es para que nosotros lo demos, como dice ese refrán hindú: “la vida se nos da y la merecemos dándola.” (R. Tagore, Stray Birds)
Amar los mandamientos es amar a Dios y al prójimo, es tener una conducta de comunicación para poder dar lo mejor de nosotros. Por eso dice el Señor “el que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará”.
La palabra es para transmitir;el que ama transmite, el que no ama se queda mudo, callado, no dice nada, no transmite. El que ama en cambio se interesa por los demás y quiere enterarse de las cosas de los demás, no por curiosidad sino por amor.
AMOR DE DIOS EN EL PRÓJIMO
En una persona buena se nota el interés por el amor de Dios, por hacer oración, por ir a misa, por visitar al Señor en el Santísimo. En cambio, el que no ama se olvida de rezar, no visita al Señor, incluso vive como si Dios no existiera. Igual el que ama al prójimo se acerca al prójimo, se comunica con el prójimo, conversa con el prójimo; pregunta, se interesa, le interesa cómo están las personas, cómo está su salud, si están contentos, si harán un viaje y que nos cuenten; que nos cuenten ese viaje bonito que hicieron, nos interesa mucho que nos cuenten… Y cuando hay amor hay ese interés, y cuando se ama uno llama, uno llama a sus amigos, quiere conversar con ellos, le interesa todo.
En cambio, el que no ama no le interesa, se cierra en sí mismo, no tiene comunicación, se queda en su soledad y parece que ahí está tranquilo y está bien. ¡Se equivoca! Puede ser y es el caso de muchas personas que no saben amar, hay muchas personas que no saben amar, nadie nace sabiendo:hay que aprender a amar y uno tiene que fijarse en personas que aman para aprender a amar. Así como hay que aprender a leer o aprender un idioma, también hay que aprender a amar.
CÓMPRATE EL AMOR DE DIOS
El amor no es un sentimiento que se tiene, no es una emoción. Los sentimientos se equivocan y si están sueltos nos pueden llevar pues al placer, aun egoísmo, incluso a pecar. Dios nos ha dado un entendimiento, una cabeza, una inteligencia y un corazón.
Es una voluntad. Entonces tenemos la responsabilidad de someterlos a la ley, que son los mandamientos, que es la ley del amor. Y como somos pecadores necesitamos ayuda, ayuda de cuando somos niños, de la familia, de nuestros padres, luego de los profesores y lógicamente de un asesoramiento espiritual, a través quizás de un sacerdote, alguien que pueda acompañarnos espiritualmente, el buen pastor, el buen pastor que nos enseña a amar, amándonos.
ENTENDER EL AMOR DE DIOS
Tendríamos que preguntarnos ¿quién me ama más? ¿qué personas nos aman? Está la familia lógicamente, las amistades ¿no? Pero ¿quién nos enseña a amar con el amor de Dios? ¿quién es el que me puede enseñar a amar con el amor de Dios?
En la Iglesia gracias a Dios tenemos muchos ejemplos: la vida de los santos y tanta gente buena que Dios pone cerca y nos enseñan a amar. Esas personas son instrumentos de Dios, instrumentos que están cumpliendo una misión y nosotros igual podemos ser también instrumentos de Dios si enseñamos a amar. Todos tenemos esa obligación de enseñar a amar, porque es el amor al prójimo, enseñar a amar al prójimo.amar al prójimo.
La Virgen María que es la Madre del Amor Hermoso, es la criatura que más sabe amar. Y en este mes de mayo que es el mes mariano, que sepamos corresponder al amor de nuestra Madre visitándola muchas veces, haciendo romerías por ejemplo a los santuarios o a las ermitas, que allí nos espera la Virgen para darnos todavía más amor.



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