ESCUCHAR LA PALABRA
Hay escenas del evangelio que parecen sencillas pero que si uno se queda un rato contemplándolas descubre una profundidad enorme. Y la escena que queremos contemplar hoy es una de ellas.
Jesús está hablando a la gente y en un momento una mujer, que está impresionada quizá por todo lo que está viendo y escuchando
“levanta la voz a la multitud y de su corazón sale la siguiente exclamación: -Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amantaron”. (Lc 11, 27-28)
Es una expresión espontánea que nace de la alegría de esa mujer que está admirada de Jesús. Y piensa en esa mujer que tuvo la dicha de ser su madre. ¡Qué suerte la de esa mujer! parece decir, ¡qué feliz tiene que haber sido la madre de alguien como Jesús! Y Jesús no le dice que se equivoca, no rechaza esa alabanza; al contrario, aprovecha esas palabras para que sus oyentes se fijen en lo que de verdad es importante: “bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la practican.” (Lc 11, 29)
Es como si Jesús dijera: “Sí. María es bienaventurada, pero no piensen que la grandeza de mi Madre consiste solamente en haberme llevado en su seno, en haberme alimentado.
Su verdadera grandeza en realidad está en que escuchó la palabra de Dios y la acogió en su vida”. De hecho, esa es una de las primeras cosas que descubrimos de María en el Evangelio. Cuando el ángel le anuncia que será la madre del Salvador, María escucha. No entiende todo… tiene preguntas; no sabe cómo se desarrollará su vida, pero escucha y responde: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38)
ENCONTRARNOS CON JESÚS EN EL EVANGELIO
Y ahí encontramos nosotros también un camino para nuestra vida cristiana: escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. ¿Qué significa realmente escuchar la palabra de Dios? Porque podemos leer muchas veces el Evangelio y en el fondo no lo he escuchado realmente.
Escuchar significa dejar que eso que Jesús dice llegue hasta nosotros; significa leer el Evangelio no solamente para saber qué ocurrió hace dos mil años, los hechos, las situaciones, sino preguntándonos qué me está diciendo Jesús a mí hoy.
Cada vez que abrimos el Evangelio tenemos la posibilidad de encontrarnos con Jesucristo, no estamos simplemente leyendo una historia antigua, hechos del pasado: estamos en contacto con una persona que está viva y que quiere hablarnos.
Quizás muchas veces pensamos que escuchar a Dios significa esperar que ocurra algo extraordinario, una inspiración clara, una señal, una circunstancia especial.
ESCUCHA ATENTA
Pero normalmente Dios habla de una manera mucho más sencilla, más sutil. Habla en el Evangelio, a través de las personas que tenemos cerca, a través de las circunstancias de nuestra vida ordinaria. Y por eso escuchar a Dios exige aprender a mirar nuestra vida con otros ojos.
Por ejemplo, estamos leyendo el Evangelio y Jesús nos dice: “Ámense los unos a los otros” (Jn 13, 34) y uno puede pensar: qué bonito, y seguir leyendo. Pero también puedo detenerme un momento y preguntarme: ¿A quién me está pidiendo Jesús que ame hoy?
Quizá aparece inmediatamente en mi cabeza una persona concreta, alguien con quien me cuesta estar, alguien que me ha hecho daño, alguien que no me resulta agradable.Entonces el Evangelio deja de ser simplemente una frase bonita y se convierte en una palabra que me está dirigiendo el Señor personalmente a mí.
Jesús dice: “No juzguen” (Mt 7, 1) y quizá ese día justamente he estado comentando con otra persona los defectos de alguien y la palabra de Dios me está señalando, me está diciendo: oye, ojo; esto también tiene que cambiar.
Cuando Jesús dice: “No se preocupen por el mañana” (Mt 6, 34) y yo estoy lleno de preocupaciones por el trabajo, los estudios, la familia, algo que todavía no ha sucedido… Entonces me puedo preguntar ¿estoy confiando realmente en Dios o quiero controlarlo todo?
ACTUAR CONFORME A ÉL EVANGELIO
Eso es escuchar la palabra de Dios, no se trata simplemente de leer, se trata de dejar que el Evangelio ilumine lo que estoy viviendo.
Puede ser muy útil que en este rato de oración no nos quedemos simplemente con una idea general de lo que está pasando. Preguntarnos: ¿qué me has querido decir Señor con tu palabra? Quizá es una palabra muy sencilla, una sola palabra: perdona, ama, paciencia, no critiques, sé generoso, reza más, confía, sonríe, haz un pequeño sacrificio…
Y entonces comenzamos a descubrir que Dios nos habla continuamente, no necesariamente con grandes cosas sino en lo pequeño, esas pequeñas cosas que van llenando nuestro día a día. Ahí está el Señor.
Pero Jesús no se queda en escuchar la palabra de Dios,sino que nos anima a ponerla en práctica. Porque podríamos caer en una especie de cristianismo solamente intelectual de escuchar cosas bonitas, leer libros, meditar, saber muchas cosas sobre Dios…
Pero todo eso quizá no transforma realmente nuestra vida. Jesús no nos está diciendo bienaventurados los que conocen muchas cosas, sino los que escuchan y practican.
ESCUCHAR Y PONER EN PRÁCTICA
La palabra de Dios está hecha para convertirse en vida y quizá aquí podemos preguntarnos: ¿qué significa hoy concretamente practicar el Evangelio? Podemos mirar especialmente las bienaventuranzasbienaventuranzas .
Jesús dice:bienaventurados los pobres de espíritu. ¿Cómo se practica eso en mi vida? Quizá significa no necesitar estar siempre en el centro, no tener que demostrar que uno tiene razón, saber reconocer que necesitamos de Dios y de los demás, no vivir obsesionados con nuestra imagen.
Jesús dice bienaventurados los misericordiosos, ¿cómo se pone en práctica esto? Quizá significa simplemente no devolver inmediatamente una mala contestación, saber disculpar un error, no sacar en cara una equivocación del otro, dar una segunda oportunidad.
O ¿qué significa bienaventurados los limpios de corazón? ¿cómo se concreta eso en mi vida? ¿Dónde tengo mi mirada? ¿Dónde tengo mi corazón? ¿Cómo trato a las personas? ¿Cómo hablo de los demás? ¿Cómo cuido mi imaginación y mi pensamiento?
ESCUCHA QUÉ TRANSFORME NUESTRA VIDA
Escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica. Podríamos seguir recorriendo cada una de las bienaventuranzas… Lo interesante es quedarnos con lo concreto: que Jesús nos está proponiendo escuchar y poner en práctica. Nos está proponiendo vivir en nuestro día a día extraordinariamente, o sea con esa visión sobrenatural.
Nuestra vida cristiana no va a estar llena de grandes acontecimientos, sino va a estar llena de pequeñas oportunidades para amar en lo concreto, y ahí podemos encontrar una clave muy bonita. Cada día Dios nos pone delante pequeñas ocasiones para practicar lo que hemos escuchado en el evangelio.
Hemos puesto varios ejemplos, si esta mañana he leído que debo amar al prójimo, ver cómo puedo concretar eso en mi día a día; si en la misa del domingo he escuchado que debo perdonar, ¿a quién debo perdonar? ¿quiénes son los que quizá me han hecho el mal? ¿a quién le debo pedir perdón? Si el Señor me está animando en el evangelio a través de su ejemplo a servir a los demás, ¿cómo voy a servir?
ESCUCHAR SIN INTERRUMPIR
Vamos descubriendo una cosa maravillosa: que la vida ordinaria es el lugar donde el evangelio se hace realidad. Y por eso te animo hoy a terminar con un propósito concreto, no solamente: me gustaría ser mejor, sino algo mucho más concreto.
Voy a llamar a un amigo, voy a pedirle perdón a alguien que me ofendió o a alguien a quien ofendí, voy a escuchar sin interrumpir, voy a hacer un trabajo con más cariño, voy a hablar bien de todos, no voy a hablar mal de nadie y así sucesivamente.
Volvamos, al terminar este rato de oración, a esa mujer que grita en la multitud: “bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Ella mira a Jesús y piensa en María. Y Jesús también nos invita a mirar a su Madre porque ella es la que nos enseña a vivir estas palabras, a escuchar la palabra de Dios y ponerla en práctica.
María escucha al ángel y dice que sí, después escucha a Dios cuando las cosas no salen como espera, escucha que tiene que marcharse a Egipto en los años de Nazaret, cuando no entiende lo que sucede al pie de la cruz… Toda su vida consiste, de alguna manera, en acoger la palabra de Dios y dejar que esa palabra transforme su existencia.



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