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TRONOS DEL SEÑOR

«Al entrar en Jerusalén, se conmovió toda la ciudad y se preguntaban: ¿Quién es éste? Éste es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea — decía la multitud». Comienzo solemne de la semana santa. No olvidemos que somos parte muy activa: Jesús murió por mí. Jesús entra en Jerusalén sobre un borrico. Hemos de sacar consecuencias de esta escena. Cada cristiano puede y debe convertirse en trono de Cristo.

MURIÓ Y PASÓ DE VERDAD

Hoy damos comienzo solemne a la Semana Santa. Después de recorrer estas semanas de pasión, nos metemos de lleno en el camino que lleva a Cristo a la cruz. No nos olvidemos que somos todos parte muy activa. Jesús murió por vos, Jesús murió por mí. 

No hay nadie excluido de esta misión. Y a vos te toca también correr la voz, te toca también descubrir a Cristo que fue maltratado, que fue crucificado, pero que resucitó. Le veremos serenamente en casa, lo veremos serenamente en los oficios, cómo Jesús también quiso sufrir por amor. 

De hecho hoy vamos a leer especialmente esa pasión del Señor a tres voces. Vamos a acompañar a Jesús, porque murió y porqué pasó de verdad. 

Me acuerdo una vez un monaguillo que le preguntó al sacerdote al terminar la ceremonia, si eso había pasado de verdad, si la lectura que habían leído había pasado de verdad. Y el sacerdote le dijo que sí. Él le dijo, voy a tener que portarme mejor, voy a tener que cambiar. 

Y no hubo un fake news o no es que bueno, más o menos inteligencia artificial. No, Jesús murió, Jesús murió y murió de verdad. Y quiere que también nosotros lo acompañemos en este camino de pasión que seguimos meditando durante toda la semana pasada y que ahora nos meteremos de lleno para vivir todo lo que Cristo quiso sufrir.

QUERER SER OTROS CRISTOS

Ese momento de pasión total que descubriremos también en esta lectura del día de hoy, pero que también queremos leerlo hasta el momento de Cristo crucificado.

Estoy haciendo un retiro con jóvenes y aprovechamos para ver también unas imágenes de la Pasión de Cristo, de Mel Gibson. Y qué bonito también pensar cómo nosotros podemos meternos en esas escenas, cómo cada uno puede también celebrar esta Fiesta de los Ramos, con esa ilusión de tener el pórtico de la entrada de Jerusalén en nuestra oración, en nuestro querer ser otros Cristos. 

Recuerdo un sacerdote amigo que decía que había que vivir estos días, este día de la fiesta de los ramos “a todo ramo”, ATR. En realidad, significa como dicen los jóvenes también “a todo ritmo”. Pero ATR es a todo ramo.

Que hoy vivamos esa ilusión de querer entrar en la Semana Santa, en la semana más dolorosa de nuestro querer acompañar a Cristo, porque son acontecimientos que van a marcar nuestra vida. En la medida que también vivamos esta Semana Santa podremos reconocer a Jesús que viene en nuestra vida ATR. 

Decía también el papa Benedicto, esta Procesión de Palmas es como lo fue en aquella ocasión, una manifestación de alegría, igual que para vos y para mí.

CONVERTIRNOS

Vamos a celebrar con alegría este entrar en Jerusalén. pero también nos permite darle esa clave de nuestra vida nos permite conocer más esa exhortación de Jesús de ir a acercarnos a la cruz para convertirnos.

Para que este resultado final de la Cuaresma termine con una profunda conversión. Y si de verdad queremos acompañar a Jesús, decía el papa Francisco cuando entra en Jerusalén, también preguntémonos si vamos en el nombre de Jesucristo. Si sabemos que tenemos el poder de Cristo para también realizar nuestro obrar cada día.

Jesús quiere venir a vos en estas semanas de pasión, en estos días de pasión y desea entrar en tu vida. Y le agrada que también vos correspondas ese cariño de Él… ¿Lo dejas entrar? Él quiere entrar en tu alma, ¿cómo vas a recibirlo? ¿Puedo recibirlo más todavía? ¿Deseo de verdad que entre en mi vida? ¿Que lo reciba también en lo que yo estoy haciendo?

Qué pobre a veces nuestras respuestas, qué pobre a veces que no queramos también descubrir a Jesús que quiere entrar en nuestro corazón o nos contentamos con un poquito, no le damos todo o vamos a una pasión media liviana o media tibia.

Jesús entra en Jerusalén sobre un borrico entra y quiere ser así también en esa escena, con esa ilusión de que todos seamos también ese borrico, ese burrito. Porque cada cristiano puede y debe convertirse en ese trono de Cristo, ¿te animas a ser el trono de Cristo en estas semanas de pasión? ¿querés ser el trono de cristo?

trono

QUE REINE EN NUESTRA ALMA

 Este Domingo de Ramos vamos todos a ser el trono de Cristo. Vamos todos también, como decía san Josemaría, no importa la condición, no importa que nos pase lo que nos pase, dejemos que Cristo reine en nuestra alma y en tu alma también encuentres el lugar perfecto, encuentres el lugar donde haya esperanza, encuentres el lugar donde también encuentran alegría.

Vos al igual que ese burrito o al igual que ese trono anímate también a pedir a Dios que te haga ese buen lugar donde Cristo pueda estar.

Quizás una buena confesión ahora de comenzar esta Semana Santa para que reine en tu alma, para que le dejemos tomar posesión de nuestros pensamientos, de nuestras palabras y acciones.

Desechemos todo a modo propio, desechemos ese mayor obstáculo que es también a veces la soberbia. Dejar que Dios también quiere venir a nuestra vida e imaginémonos cada uno lo ridículo que sería, que no seamos ese buen trono de Dios, que estemos pensando en otra cosa. Que estemos buscándonos a nosotros para que se realce nuestro egoísmo, para que se realce nuestra soberbia…

Para que nos recuerden también nuestros defectos. Fíjate que Jesús renunció a todo tipo de privilegio asumió esa condición de siervo y se usa semejante a los hombres obedeciendo al proyecto de Dios.

EL PLAN DE DIOS

Decía el otro día un alumno, que es feo que Dios no cumpla lo que uno le pide. Y le explicaba que efectivamente, a veces uno puede pedir algo y Dios pensó que no era lo que necesitábamos recibir. Ese es el plan de Dios, no es que Dios nos falla. No es que Dios no puede con nuestro pedido.

No es que Dios se olvidó de nosotros, al contrario pensemos ahora en esta entrada triunfal en Jerusalén, como podemos darle esa cabida en nuestra alma y como podemos también ser ese trono del Señor siendo más humildes, siendo más mortificados, más comprensivos con los demás.

Ese es el homenaje que le podemos dar a Dios. Queremos ser ese buen trono para el Señor. Miremoslo porque estas semanas de pasión, estos días de pasión nos hacen entrar en ese conocimiento de uno mismo con más humildad, con más sencillez, con ese sentido común que también a veces falta.

Jesús es el salvador, Jesús entra en la ciudad santa para que reciba esos honores reservados por los reyes de la Tierra y nosotros a veces no le damos ni siquiera un aplauso o una bienvenida o unos ramos de olivo o unos ramos de palmera…

No sé, pensaba porque muchos se burlarán de Él, muchos terminarán odiándolo, cargándolo… Vos querés morir en la cruz, querés que estos días sean días de pasión, sean semanas de pasión las que venimos meditando.

AL PIE DE LA CRUZ

Dejemos que Cristo reine en nuestra vida siendo ese buen trono del Señor sea así también nuestro corazón, para que quitemos ese peso del mal que hicimos. Que quitemos esas fuerzas que derrotan nuestro corazón. Y al contrario, pidamos al Señor ser ese trono de la cruz, ese trono donde Jesús quiere entrar también en Jerusalén para que lo reconozcamos nosotros primero y así poder dar, así también mostrar como la Virgen hizo.

Y lo recordamos en la Fiesta de la Anunciación, dijo e hizo lo que Dios quería, una respuesta. Que no era imposible, pero una respuesta que era difícil. Ella que amó los planes de Dios, nos enseña también a vivir como el mismo Cristo vivió hasta la muerte, y muerte de cruz.

Y la virgen hasta el pie de la cruz.

Creemos en nuestra madre, también desde este camino que vamos a celebrar hoy en esta Fiesta del Domingo de Ramos, esa ilusión de ser ese trono del Señor. Ese trono de su Hijo, que también hoy la liturgia nos recuerda que Jesús entró sobre ese humilde burrito, sobre ese humilde pollino y nosotros seamos también humildes. Y con esa humildad, poder entrar en esta Semana Santa para conocer también que a la pasión se llega con humildad. Que la pasión se llega con amor.

Que sea María Santísima la que también nos muestre este camino que encontramos, cuando es ella la que nos muestra las cosas. Es ella la que también sale a nuestro encuentro.

Se lo pedimos a Santa María para que aunque duela el acercarnos a la cruz, sepamos también acompañar a su Hijo meditando la lectura de la pasión que hoy leímos en la Santa Misa.


Citas Utilizadas

Is 50, 4-7

Sal 21

Fil 2, 6-1

Mt 26, 14 – 27, 66

Reflexiones

Señor, que pueda ser ese trono donde descansas, donde tienes puesta tu confianza. Ayúdame a ser alguien especial para ti.

Predicado por:

P. Juan Manuel

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