Hoy la Iglesia celebra la solemnidad de los santos ángeles custodios. La Iglesia nos quiere recordar en esta solemnidad que no estamos solos, que Dios como buen Padre ha querido dejarnos muchos momentos, muchos lugares, muchas personas que nos acompañan y entre ellos nuestros santos ángeles custodios.
Pienso que hoy nos puede servir contemplar una historia que aparece en el Antiguo Testamento, que es la historia de Tobías y el arcángel san Rafael.
Tobit, padre de Tobías, es un hombre muy bueno, que quiere vivir de acuerdo con la ley de Dios, pero que atraviesa momentos difíciles. Preocupado por el futuro de su hijo, decide enviarlo a hacer un viaje para recuperar un dinero que le debía una persona en una ciudad lejana.
Tobías, debe ponerse en camino, pero hay un problema, es muy joven y por otro lado no conoce el camino, necesita que alguien lo acompañe. Y aquí aparece un personaje que no se sabe muy bien de dónde sale, es Azarías; un personaje que se ofrece a acompañarlo.
Tobías y Tobit no saben bien quién es realmente, aunque nosotros sí lo sabemos porque el escritor sagrado se ha preocupado de decirnos: era el arcángel san Rafael, enviado por Dios.
Pienso que este primer punto nos entrega una enseñanza muy bonita: Dios nunca abandona a sus hijos, siempre se comporta como un buen Padre.
A TRAVÉS DE OTRAS PERSONAS
Tobías probablemente piensa que está simplemente buscando una persona que lo acompañe en su viaje. Sus padres piensan que ha encontrado un compañero para su hijo, pero detrás de todo esto está Dios actuando de una manera que Tobías no podía imaginar.
Esto nos pasa también muchas veces a nosotros. Quizá esperamos que Dios intervenga en nuestra vida de una determinada manera, que nos resuelva un problema, que nos dé una señal clara de que tenemos que hacer algo, que nos quite una dificultad, que nos diga qué tenemos que hacer. Pero Dios no actúa así. Nos acompaña a través de otras personas, nos ayuda a tomar las decisiones y nos da fuerza para enfrentar esas dificultades.
Quizás sólo con el tiempo podremos descubrir por qué sucedió tal o cual situación, por qué sucede eso que no entendíamos en un primer momento y veremos la mano de Dios en todo eso.
Tobías, en este relato, al inicio todavía no sabe quién es su compañero, pero es un ángel, un ángel de Dios.
Cada uno de nosotros tiene un ángel de la guarda, que no es simplemente una manera bonita de hablar.
UN ÁNGEL NOS ACOMPAÑA

La Iglesia nos enseña que el Señor ha confiado a cada persona a un ángel y ese ángel nos acompaña, nos protege en nuestro camino hacia Dios. No es alguien que nos vaya a forzar.
No es que estemos caminando, nos vayamos desviando y nos pega, nos golpea o nos llama la atención de forma evidente. Es mucho más sutil, pero siempre está a nuestro lado y nos va facilitando las cosas.
Nos puede inspirar un buen pensamiento, nos puede ayudar a descubrir lo que está bien, nos protege ante los peligros, a veces sin que ni siquiera los conozcamos. Nos ayuda a volver a Dios cuando nos hemos alejado y sobre todo puede acompañarnos en el camino que Dios tiene preparado para nosotros.
Tobías sale de su casa pensando que tiene simplemente que recuperar un dinero que le va a asegurar un futuro, pero Dios tiene preparado para él algo mucho más grande. Le pone un ángel al lado para que lo vaya acompañando en unas decisiones muy importantes de su vida.
Durante el viaje, Tobías conoce a Sara, una mujer que también tiene una historia complicada, que ha sufrido mucho y que necesita descubrir que Dios no se ha olvidado de ella.
Tobías se enamora de Sara y Rafael le ayuda a descubrir que aquel encuentro no es simplemente una casualidad, sino que ambos están llamados por Dios a formar una familia, porque Dios está presente también en estas cosas humanas: en el amor entre un hombre y una mujer, en las relaciones de amistad, en la vida corriente de cada cristiano.
DIOS ESTÁ SIEMPRE PRESENTE
A veces podemos tener una idea un poco extraña de lo que significa la presencia de Dios, como si Dios estuviera solamente presente cuando rezamos, cuando vamos a misa, cuando estamos en la iglesia o cuando hacemos cosas, “religiosas”. Pero esta historia de Tobías nos enseña otra cosa: que Dios está presente también en nuestra vida común y corriente, en la amistad entre Tobías y Azarías (que después sabremos que es san Rafael), en el camino matrimonial de Tobías y Sara, en las decisiones que van tomando…
Dios está presente en nuestro día a día, en nuestra vida ordinaria. Esto conecta mucho con algo que enseñaba san Josemaría, fundador del Opus Dei y que hoy también la Iglesia celebra ese aniversario: el momento en que san Josemaría vio el Opus Dei.
San Josemaría repetía continuamente que los cristianos estamos llamados a ser contemplativos en medio del mundo. ¿Qué significa esta palabra? ¿Qué significa ser contemplativo? Contemplar es mirar con atención.
Un experto contempla un cuadro, un amante de los autos contempla un nuevo modelo de una marca que le gusta, una mamá contempla a su hijo. Un cristiano enamorado aprende a contemplar a Dios en las cosas de su día a día.
Ser contemplativo significa aprender a mirar la tierra, nuestro trabajo, lo que hacemos y descubrir que Dios está ahí. Aprender a mirar lo que nos rodea y preguntarnos: ¿dónde está Dios aquí? ¿Qué me está queriendo decir el Señor? ¿Qué quiere hacer Dios conmigo a través de esto?
TODO ES PARA BIEN

Tobías aprende a ver esa voluntad de Dios ayudado por su ángel. Aprende a descubrir, a ser contemplativo, a contemplar a Dios y su voluntad en lo que estaba haciendo.
Sí, no le faltaron dificultades, porque en esos momentos difíciles es cuando más cuesta descubrir a Dios, pero lo hace con la ayuda de su ángel y descubre que Dios tenía un plan para él, descubre que todo lo que ha sucedido es para bien.
Nos cuesta en medio de las dificultades, nos cuesta en las contrariedades, cuando hay cosas que no nos gustan, pero podemos pedirle especialmente al Señor: “Señor, ayúdame a verte detrás de esas cosas que nos cuestan. Porque Tú estás caminando con nosotros precisamente en esos momentos, aunque no seamos capaz de verte, Señor. Nunca dejas solos a tus hijos”.
Al final de esta historia, Rafael revela quién es realmente. Y entonces Tobías, Tobit y toda su familia comprenden todo lo que había ocurrido. Comprenden que Dios había estado actuando con ellos desde el principio.
A veces nosotros podremos ver, podremos descubrir detrás de lo que nos sucede la voluntad de Dios, podremos tener esa revelación; otras no, tendremos que aprender a vivir confiando en nuestro Padre del cielo, en nuestro Padre Dios, sabiendo que nuestra vida está en sus manos.
PEDIR AL SEÑOR TRES COSAS
Y por eso al terminar este rato de oración, hoy podemos pedirle al Señor tres cosas:
– Primero: “Señor, ayúdanos a confiar que somos hijos tuyos y que nunca nos abandonas.
– Segundo: ayúdanos a escuchar y a querer a nuestro ángel de la guarda y a dejarnos ayudar siempre por él.
– Y tercero: Señor, danos ojos para descubrirte en nuestra vida ordinaria, para descubrirte en la familia, en los amigos, en los estudios, en las decisiones que tenemos que tomar, en las alegrías y también en las dificultades.
Que aprendamos a mirar nuestra vida como lo hizo Tobías, que cuando no entendamos nuestro camino, sepamos confiar en Dios, sepamos acudir a nuestro ángel de la guarda y a nuestra Madre santísima, la Virgen María”.
Y que cuando nos cueste descubrirlo, nos demos cuenta de que está muy cerca, sí, muy cerca, caminando a nuestro lado, como Rafael caminaba junto a Tobías, llevándonos paso a paso hacia el lugar que Dios quiere llevarnos, hacia nuestra gran alegría.
Ahí siempre nos encontraremos con nuestra Madre santísima, Reina del mundo.



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