ESCUCHA LA MEDITACIÓN

TAN SOLO UNA MIRADA

¿Qué te pido? ¡Tan solo una mirada! Pues dio a tus ojos Dios, Virgen sagrada, tan alta potestad, que no puede morir eternamente aquel a quien tú mires buena, complaciente y llena de piedad.

 

Seguramente has escuchado muchas veces estas frases: “hombre hecho a sí mismo” o de “la mujer empoderada que no necesita de nada y de nadie para llegar a la cima, para llegar al éxito, la cumbre”.

En nuestra cultura actual, parece que el valor de una persona se mide por su autonomía, por lo que logra construir con sus propias manos y su propio esfuerzo.

Pero hoy Jesús nos dice en el evangelio que nadie da fruto si se corta de sus raíces. En cambio, nos dice:

“el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada”

(cfr. Jn 15, 5).

Separados de la fuente, nos secamos, y en este mes de mayo, el mes de las flores y de la vida, Jesús nos invita a mirar a la persona que mejor ha entendido lo que significa permanecer a su lado, permanecer en su amor y es su Madre, María.

Porque para aprender a ser sarmientos que dan uvas dulces, primero tenemos que aprender a hacer hijos que se dejan querer.

Imagina por un momento, la escena del evangelio de hoy, estamos en la última cena. Jesús sabe que le queda poco tiempo y quiere dejarles a sus amigos el secreto de una vida lograda; usa la imagen de la vid. Él es el tronco, la fuente de la vida, nosotros somos los sarmientos, el Padre es el labrador.

Pero ¿dónde encaja María en esta historia? Aunque no la menciona explícitamente en este brindis de despedida, ella es el suelo fértil donde esa vid echó raíces en la Encarnación.

María es la maestra que nos enseña cómo dejar que la savia de Dios corra por nuestras venas. En un mundo que nos pide resultados inmediatos, María nos enseña la paciencia de la semilla y la fidelidad de quien sabe esperar al pie de la cruz. Ella no se separó de la vid ni en los momentos de más sombra.

MARÍA, NUESTRA MADRE

basilica de Guadalupe

Hay una historia muy sencilla que sucedió hace poco en la Basílica de Guadalupe, aquí en México. Una señora llevaba a su hijo muy pequeño en brazos, mientras avanzaba por las bandas móviles frente a la imagen de la Virgen.

Con mucha delicadeza, la mamá iba destapando la carita del niño y señalando con su mano la imagen de la Morenita, le decía al oído: “Mira, Ella es tu verdadera madre, yo nada más te cuido.”

Esta anécdota encierra una verdad profunda para nuestra oración de hoy. A veces, sientes que cargas con todo el peso del mundo: tu trabajo o tu estudio, o las dos cosas, tu novia, el futuro incierto, tus propios errores y miserias…

Hoy Jesús a través de María te dice: relájate. Tú tienes una madre que es la Madre de Dios y que todo lo puede y que además en la cruz la he dejado como madre. Es mi Madre y te la ha dado a ti. Ella, todo lo quiere para tu bien.

Esa señora de la villa, de nuestra anécdota, entendió que su maternidad era sólo un reflejo de algo más grande. Nosotros, en cambio, a veces por soberbia creemos que lo merecemos todo o que tenemos que cuidarnos solos y eso nos llena de quejas y de victimismo.

En cambio, ser sarmiento vivo es reconocer, como ese niño en la villa, somos cuidados por una Omnipotencia Suplicante.

Jesús, detengo un momento mi ritmo acelerado de vida, en este ratito de oración contigo, para darte las gracias. Gracias porque en la cruz no nos dejaste solos, sino que nos entregaste a tu propia Madre como Madre Nuestra.

Ayúdame a entender que no necesito ser un superhéroe, sino un hijo que confía. Enséñame a permanecer en Tu amor a través de las manos de María.

MARÍA, MAESTRA DE ORACIÓN

rezar con maria

En una carta inédita de Benedicto XVI publicada recientemente en el Vaticano, nos decía que: “orar es luchar contra la inercia del corazón”.

Orar es luchar contra la inercia del corazón y la inercia de nuestro corazón, a veces es el activismo, el hacer mil cosas y olvidar por qué las hacemos. María es maestra de oración, porque ella vive unificada.

En la Anunciación, ella escucha en silencio. En Caná, ella percibe la necesidad del otro y se le presenta a Jesús con delicadeza: No tienen vino.

Si tú sientes que tu oración es patética o que no sabes cómo hablar con Dios, no te desanimes. María presenta nuestra pobreza en el lenguaje del amor. Un lenguaje que solo una madre sabe expresar plenamente.

Ella habla bien de nosotros ante el Señor. Nadie va a manifestar el amor a Jesús exactamente como lo haces tú, porque eres único e irrepetible. Así que confía en esa capacidad que Dios te ha dado para querer a Jesús, como solo tú sabes hacerlo. Pero María es la que te ayuda para que esa conexión se dé y no se rompa.

Nuestra historia de hoy comenzó con la necesidad de estar unidos a la vid para no secarnos y termina con una certeza: el pasado ya no existe y el futuro es incierto. Lo único que tenemos es el ahora. Este mes de mayo es tu ahora, para dejarte injertar con más fuerza en Jesús.

No importa si sientes que has hecho las cosas mal, como aquel niño que dejó una nota arrugada a los pies de la Virgen diciendo: “Hoy lo he hecho todo mal.” Cada niño de la familia tenía que dejar una notita al final del día, en el mes de mayo a María, para decirle lo que había hecho, lo que había ofrecido.

SIEMPRE PENSAR EN NUESTRA MADRE

Pues este, no tuvo otro remedio más que ponerle a la Virgen su notita arrugada: “Hoy lo he hecho todo mal”. Jesús, seguramente, junto con María se habrá gustado de aquel recado. Bueno, María no busca sarmientos perfectos. Busca hijos que quieran volver a casa.

Como decía un médico al final de su vida: “Todos los moribundos piensan en sus madres”. Pues nosotros que estamos llenos de vida y de proyectos, no esperemos al final, empecemos a vivir hoy de la mano de nuestra verdadera Madre.

Terminamos este ratito de oración con Jesús dirigiéndonos a Nuestra Madre con esta oración que también debajo de la Virgen de Guadalupe, un día le escuché a una persona… Quizás te puedas imaginar a ti mismo, a ti misma que estás allí en la villa, debajo, rezándole esta oración:

Heme aquí, oh, Madre, ante tus pies postrado. Heme aquí, contento y confiado delante de tu altar. Pues tu nombre tan solo tanto alcanza que, al llamarte Madre, mi esperanza es grande como el mar. Yo tengo siempre la memoria fija, de que soy tu pequeñuelo, de que soy tu hijo, acuérdate también. Dirígete a mis pasos, sé mi guía y en todas mis acciones, Madre mía, llévame siempre al bien.

No digas que no puedes, Dios te ha dado su poder todo y nunca te ha negado lo que le quieras pedir. No digas que no puedes, eres Madre; y el Hijo eterno del eterno Padre me lo ha enseñado así. ¿Qué te excusará, Virgen amorosa, si me perdiera yo? Deja, pues, que te ruegue, que te pida. ¿Qué te pido? ¡Tan solo una mirada! Pues dio a tus ojos Dios, Virgen sagrada, tan alta potestad, que no puede morir eternamente aquel a quien tú mires buena, complaciente y llena de piedad. Así sea.


Citas Utilizadas

Hch 15, 1-6

Sal 121

Jn 15, 1-8

Reflexiones

Madre nuestra, ante tus pies postrados, te pedimos que nos mires, se nuestra guia en todas nuestras acciones y llévanos siempre al bien.

Predicado por:

P. JOSEMARIA

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