«Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi padre y señor, ángel de mi guarda, interceded por mí.»
El origen de la palabra «mediocre»
Bueno, aquí cada quien tiene sus gustos y sus hobbies, y me da un poco de vergüenza decirlo, pero a mí una cosa que me entretiene un montón es descifrar las palabras. Lo que la gente llamaría etimología. Cuando se me aparece una palabra —puede ser la más común de todas— hay una parte en el cerebro que se me activa y tengo curiosidad por saber de dónde viene: del francés, del italiano, del latín, del griego… Por fortuna ya tengo unos diccionarios que me ayudan a descifrarlo.
Me sucedió en estos días con una palabra supercomún: mediocre. Fui a buscar en el diccionario y hay una teoría que dice que viene del latín mediocris. Esta palabra, a su vez, está dividida en dos partes:
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Medius: que es casi igual que en español (medio, intermedio, algo que es central).
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Ocris: un término arcaico que significa montaña o peñasco escarpado.
Total, la palabra mediocris en latín significaría algo que se ha quedado a mitad de montaña, es decir, a media altura.
De ahí se entiende que en español signifique algo insuficiente, que no destaca o que tiene poco mérito; algo pobre. El sentido profundo es este: algo que pudo haber sido pero no fue; se quedó a medio camino. Por eso pasa a ser un adjetivo peyorativo tan fuerte y desagradable. Imagínate que el Señor, el día del juicio, te diga: «Oye, tu vida ha sido una vida mediocre».
El Evangelio y la «generación perversa»
Hoy, en el Evangelio de San Lucas, el Señor no utiliza la palabra mediocre, pero sí lanza un reproche bastante fuerte. Al aumentar la multitud alrededor del maestro, Jesús comenzó a decir: «Esta generación es una generación perversa porque pide una señal».
¿Qué problema tiene que pida una señal? El Señor lo explica: «No se le dará otra que la señal de Jonás» (haciendo referencia a los tres días en la barriga de la ballena). Inmediatamente sabemos que se refiere a la señal de la cruz. Jesucristo pone dos ejemplos del Antiguo Testamento para ilustrar esto:
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La reina del sur: Ella vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y el Señor la alaba porque fue capaz de reconocer la grandeza, a diferencia de esta generación que sigue pidiendo más señales teniendo a alguien más grande que Salomón frente a ellos.
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Los ninivitas: Ellos se arrepintieron ante la predicación de Jonás y cambiaron de vida al reconocer que su mensaje venía de Dios. Esta generación, en cambio, ve a alguien más grande que Jonás y sigue pidiendo otra señal.
La mediocridad como ceguera ante la grandeza
Aunque el Señor usa la expresión «generación perversa», esto se conecta directamente con la mediocridad. Como dice una definición clásica de Chesterton: «La mediocridad posiblemente consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta». Ese es exactamente el reproche del Señor.
¿Cuál es la razón de esta mediocridad? Principalmente, el acostumbramiento. El acostumbramiento hace que ante lo espectacular o lo extraordinario, si lo vemos repetidas veces, lo valoremos poco. Es como si tuviéramos tanto dinero para comer el caviar más fino todos los días; llegaría un momento en que le echaríamos kétchup para que sepa a algo.
A esta gente le pasó igual: tenían delante al Hijo de Dios encarnado hablándoles directamente. Fueron testigos de curaciones y milagros, pero el acostumbramiento los volvió insensibles ante lo extraordinario, perdiendo la capacidad de asombro y buscando siempre un espectáculo nuevo.
¿Cómo se manifiesta en nuestra vida?
El reproche del Señor también se dirige a nosotros. Él podría decirnos: «Tienes una vida mediocre porque eres testigo de la grandeza de Dios y parece que no hace nada en tu vida». Somos mediocres, por ejemplo, cuando:
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Vamos a la Santa Misa: Y por el acostumbramiento de ir cada domingo (o a diario) perdemos el agradecimiento ante la maravilla que contemplan nuestros ojos.
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Comulgamos: Y nuestras comuniones no son piadosas porque la fe se ha enfriado, impidiéndonos reconocer la grandeza de Dios en esa apariencia de pan.
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Hacemos oración: Y nos acostumbramos a este inmenso privilegio de que Dios se «despache» con nosotros todos los días, donde nosotros ponemos la hora, la duración y la agenda, perdiendo de vista esa grandeza.
Petición y Oración final
Vamos a pedirle al Señor que no nos acostumbremos, que no tengamos la soberbia de exigirle cada vez más signos de su presencia y de su amor; ¿qué mayor signo que la cruz?
Y le pedimos a nuestra Madre del cielo —que como buena madre no quiere que sus hijos se queden a «media montaña»— que nos conceda por su intercesión:
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Una fe y un amor cada vez más intensos.
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La capacidad de descubrir la grandeza de Dios en los sucesos de cada día (en los éxitos y fracasos).
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Reconocer a Dios en todas partes: en la calle, en la oficina, en la universidad, en casa y en las personas que nos rodean.
Que nuestra Madre nos ayude a que el corazón no se acostumbre, porque no queremos ser mediocres ni quedarnos a mitad de camino.
«Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José mi padre y señor, Ángel de mi guarda, interceded por mí.»





Apreciado Padre Rafael, buen día.
Altamente agradecidos por cada una de sus relevantes meditaciones en @HablarConJesús.
Presento respetuosamente a usted una solicitud; así: ¿es posible que la persona que transcribe su meditación, lo transcriba textualmente como usted bien lo habla en el audio o en el podcast?
¿Porqué? Porque normalmente, las otras meditaciones en @Hablar con Jesús se transcriben textualmente, y el ejercicio de leer y escuchar… —y tomar nota a la vez— es muy importante para nuestra reflexión, y para compartir algunas notas en redes –como apostolado–.
Agradezco su amable atención.
Encomendamos muy especialmente su vida sacerdotal, su vocación y apostolado en @Hablar con Jesús.
Cordial saludo.
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¿Porqué? Porque normalmente, las otras meditaciones en @Hablar con Jesús se transcriben textualmente, y el ejercicio de leer y escuchar… —y tomar nota a la vez— es muy importante para nuestra reflexión, y para compartir algunas notas en redes –como apostolado–.
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