PERSONAS SENCILLAS
Hoy tenemos en tus palabras Jesús una alabanza a las personas de mente sencilla. Dices así:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños».
«Se las has escondido a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños».
Bueno, lo que nos estás diciendo, Señor, es que es más fácil a una persona pues sencilla entenderte, entender el mensaje que Dios Padre quiere enviar al mundo, entender tu ejemplo, tus palabras y por tanto también entender la Biblia.
La Biblia es un libro un poco difícil de leer. Si alguna vez te lo has propuesto, puedes haberte dado cuenta de que hace falta conocer bastante para ubicarse, porque si no, pueden parecer historias que no tienen nada que ver unas con otras.
Y bueno, no todos podemos estudiar una licenciatura en Sagradas Escrituras, pero sí todos podemos acercarnos a oírte, Señor, y aprender.
Volvemos a escuchar tus palabras:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños».
Los sabios y entendidos, cuando se acerquen a la Biblia, se van a, de alguna manera, enfrentar a sí mismos, a sus capacidades intelectuales, a su experiencia, a sus conocimientos, para sacar el mensaje que Tu palabra quiere transmitir, Señor.
UNA PISTA PARA ENTENDER A DIOS
Por lo tanto, sería como entender que Tú nos estás presentando un problema, como lo hace un profesor de matemática, para que sus alumnos lo resuelvan. No calza mucho la idea de que Tú, Señor, quieras poner a prueba nuestra capacidad intelectual para poder entenderte.
No suena tan coherente con la realidad de que Tú eres Padre cariñoso de todos los que estamos en la tierra, con independencia de nuestra capacidad intelectual. Por eso, cuando dices has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños, me parece que nos estás dando una pista para entenderte, Jesús.
Es mirar cómo los niños miran al mundo, a la realidad, a sus papás, a sus juguetes. Es mirar con asombro. Y es mirar dando por descontado que no vamos a entender todo, pero lo que captamos es ya divertido, es asombroso, es bonito, es interesante.
Por eso, los niñitos se quedan con la boca abierta ante lo que tienen delante. Y puede ser una planta chiquitita, puede ser una mancha, puede ser un hilo, puede ser, no sé, algo que a otras personas quizás les parece irrelevante. Ellos se dejan asombrar.
Y yo creo que lo que nos estás diciendo, Jesús, es que si nosotros nos acercamos a la Biblia y especialmente al Nuevo Testamento como un niño, pues no iremos buscando desentrañar, descifrar un mensaje que estaría encriptado. Sino más bien estaremos asombrados de poderte ver en lo que ahí se nos cuenta de Ti, poderte oír, poder de alguna manera sentirte.

TE DOY GRACIAS
Vuelvo a estas palabras: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra».
Te imagino como alguien muy contento, alegre y muy agradecido. Te doy gracias, Padre.
Cuántas veces a nosotros nos pasa también que nos salta del corazón este agradecimiento porque eres tan bueno, Señor, porque hay tantas cosas tan bonitas. Hay tantas personas a las que queremos y que nos quieren.
Qué bueno que seamos agradecidos con Dios y que seamos agradecidos con los demás. Tantas personas que hacen posible que hoy mismo hayamos encontrado que hay luz eléctrica, que hay agua para lavarnos, que hay ropa que ponernos. Todo esto te lo agradecemos. Aprendemos de ti, Señor, a ser agradecidos.
Qué bueno fue ese consejo que leí alguna vez: “Lleva un diario de agradecimiento”. Qué bonito poder decir ahora que te puedo agradecer, Señor, en lo que va de este día, en lo que va de esta semana, en lo que va del mes o del año.
Y con el mismo asombro podemos seguir leyendo las palabras del Evangelio
«porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños».
Entonces, aunque no entienda del todo tus palabras, Señor, quiero escucharte con admiración y confío en que el Espíritu Santo va a enseñarme qué es lo que Tú me quieres decir. Me va a guiar.
UN CAMINO A SEGUIR
A mí me querrás decir quizás algo distinto, que le quieras decir a un estudioso de las Sagradas Escrituras y que domina varios idiomas. Y yo, que no soy así, probablemente me quieres decir algo distinto, que no por eso es menos importante.
Y entonces, qué fácil hacer oración leyendo el Evangelio, porque te imagino, Señor, ahí actuando y mirando con verdadera ilusión.
Pues que yo fomente ese asombro, esa capacidad de no acostumbrarme a Ti: a tu venida al mundo, a que me has dejado un ejemplo que seguir. Eres mi modelo a imitar. Me has orientado para tener una brújula, un Waze para mi vida.
Vamos, por lo tanto, a ser personas que se acercan al Señor como los niños, que miran y contemplan con asombro, no se han acostumbrado y por lo tanto no ha envejecido su manera de mirar, de oír.
Así te quiero ver, Señor, y para eso le pido ayuda a la Virgencita.



Deja una respuesta