En México tenemos una expresión: “No te hagas pato”. ¿Qué significa? No te hagas pato es una expresión coloquial que significa dejar de fingir ignorancia; no hacerse el desentendido; no actuar como tonto o dejar de evadir una responsabilidad.
Se utiliza para recriminar a alguien que intenta evitar un deber o compromiso, simulando que no entiende o no sabe lo que ocurre. «No te hagas pato», a veces, se dice con palabras más fuertes.
Me acordaba de esta expresión porque, en el evangelio de hoy, Tú, Señor, asumes una responsabilidad, no te haces pato. Porque ibas con tus apóstoles en la barca, en busca de un lugar apartado y tranquilo para descansar y la gente los ve irse y los reconoció.
Entonces,
“de todos los poblados fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les adelantaron. Cuando Jesús desembarco vio una numerosa multitud que lo estaba esperando y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles muchas cosas.”
(cfr. Mc 6, 33-34).
Buscaban un lugar apartado y tranquilo porque iban a descansar. Justo antes leímos:
“Eran tantos los que iban y venían que no les dejaban tiempo ni para comer”
(cfr. Mc 6, 31).
Los apóstoles vuelven de una misión, Tú los enviaste, Señor, a anunciar el Reino de Dios, vuelven muy contentos, te platican y Tú les dices:
“— Venga, vamos a un lugar apartado y tranquilo para descansar”
(cfr. Mc 6, 31).
Para que comentemos lo que pasó, para seguirlos formando, para que pueda haber un poco de silencio, se puedan sentar, estar un poco más en soledad… Muchas veces necesitamos esa soledad, porque nos engentamos.
ESTAR DISPONIBLES PARA LOS DEMÁS

Bueno, pues ya van a buscar ese lugar y al desembarcar, Tú, Señor, ves esa numerosa multitud. Los ves y no te haces como que no los ves; los ves y te compadeces de ellos, porque andan como ovejas sin pastor…
Te das cuenta, Señor, de nuestra indigencia, ignorancia, de nuestra falta de santidad, nuestra falta de amor, nuestra falta de Dios. Tú eres Dios y vienes a saciarnos, vienes a darte a nosotros, vienes a enseñarnos, Tú eres el maestro, eres la luz, eres la verdad y no te escondes: te das a nosotros.
Ves a la multitud, te compadeces y te pones a enseñarles muchas cosas con generosidad, cambiando de planes. Hay “cambio” de planes… Esa palabra, pues, muchas veces, nos puede molestar, porque ya tenemos un plan.
Y, bueno, hay que hacer algo que no estaba previsto, algo que nos cambia el plan y nos cambia nuestro orden. Tendremos que dejar para después lo que teníamos pensado hacer; tendré que hacerlo en otro momento…
Otras veces, quizá, ese cambio de planes es algo que nos gusta, porque lo que se nos propone es un descanso, un viaje, algo que estábamos esperando y que no se había podido hacer.
Bueno, pues, Tú, Señor, le cambias los planes a los apóstoles, ellos probablemente se molestaron, porque ya estaban cansados y querían estar contigo y les cambias los planes y les vas mostrando cómo hemos de ser generosos y siempre estar disponibles para los demás, para atender sus necesidades.
A veces me tocará hacer agente pasivo que me cambian los planes y yo lo que tengo que hacer es adaptarme a esa nueva circunstancia con la alegría, procurando no enojarme, procurando aprovechar la oportunidad para amar a Dios, para servir a los demás. Rectificar la intención.
SER ACTIVOS

Pero también, Señor, yo puedo ser más activo. Con Tu ayuda puedo ser más activo y aprender a ver como Tú ves a la multitud, compadecerme y darme a los demás, servir a los demás.
Hace poco me encontraba con un pasaje del libro del Éxodo, cuando le das la Ley a Moisés y le vas dando prescripciones y una de ellas es:
“Cuando encuentres el buey de tu enemigo o su asno extraviado, deberás llevárselo. Cuando veas el asno del que te aborrece caído bajo su carga, no pasarás de largo; deberás prestarle ayuda.”
(Ex 23, 4-5).
Me llamó mucho la atención leer esto. La ley antigua… ya desde de la antigüedad Tú, Señor, nos hablas del amor al enemigo. Desde la antigüedad nos hablas de asumir responsabilidad.
Te estás dando cuenta que ese animal está perdido y que pertenece a una persona que es tu enemigo, pero: muéstrale esa buena voluntad, devuélvele su propiedad, tú no se la quitaste, él la perdió por tonto; pero, tú, llévasela. Y así a lo mejor se reconcilian.
¿Prestas un servicio a los demás? Es que yo tenía otros planes y ahorita iba a hacer otra cosa… Sí, pero puedes hacer ese bien a esa persona. ¡Pero esa esa persona no me quiere! Tu haz el bien a esa persona. Eso es lo que nos pides Tú, Señor, desde siempre.
Ayúdame a tener un espíritu activo a no hacerme de la vista gorda o no hacerme pato o como dice también aquel clásico de los años sesentas: Bob Dylan, 1962. Te voy a cantar un pedacito, la vas a reconocer rápidamente:
“(…) Yes, and how many times can a man turn his head and pretend that he just doesn’t see? The answer, my friend, is blowin’ in the wind. The answer is blowin’ in the wind. Yes, and how many times must a man look up before he can see the sky? Yes, and how many ears must one man have before he can hear a people cry?”
SERVIR
Y continúa la canción, pero estos renglones me gustan mucho, porque es precisamente eso, dice: Y ¿cuántas veces un hombre puede girar la cabeza y pretender que simplemente no ve? Y al final, ¿cuántos oídos debe tener un hombre antes de que pueda escuchar llorar a la gente? O sea, muchas veces es evidente que podemos hacer algo bueno por los demás, pero, nos evadimos.
Señor, ayúdame a no evadirme, a ayudar a los demás en todos los aspectos: en el aspecto material, por supuesto, pero también en el aspecto espiritual, que es el más importante, a fin de cuentas.
La peor pobreza que tiene el hombre es no tener a Dios, es desconocerlo. Y yo, Señor, que te conozco, que tengo esperanza, que sé que mi vida tiene un gran valor, porque Tú me amas, Señor, y me llamas al cielo… pues ese sentimiento lo puedo comunicar a los demás con mi amistad y también con mi palabra.
Dice san Josemaría en el número uno de Surco:
“Son muchos los cristianos persuadidos de que la Redención se realizará en todos los ambientes del mundo, y de que debe haber algunas almas —no saben quiénes— que con Cristo contribuyen a realizarla. Pero la ven a un plazo de siglos, de muchos siglos… serían una eternidad, si se llevará a cabo al paso de su entrega. Así pensabas tú, hasta que vinieron a “despertarte”.”
(Surco 1).
Yo estoy seguro de que el Reino de Dios llegará, que Dios triunfará, pero alguien lo hará, algunas personas que Dios llama. Yo por lo pronto soy un espectador.
Bueno, pues Tú, Señor, quieres que seamos protagonistas también y nos das, nos llamas, nos hablas sutilmente el corazón. Ayúdanos a escuchar tu voz. Ayúdanos a ser activos, a ser generosos y confiar mucho en tu gracia, porque es lo que necesitamos también para imitarte, para hacer como tú, en este pasaje que acabamos de leer.
Acudimos a Nuestra Madre, la Virgen, para que nos ayude a poner en práctica estos propósitos.



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