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P. Federico

6 min

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Meretrices…

Los publicanos necesitan una dosis de ubicatex. Se comparan con los publicanos y la meretrices y se creen mejores. El cristianismo es una lógica completamente distinta. Mira que el Niño que va a nacer viene a buscarnos a todos.

Oración inicial

Señor mío y Dios mío,
creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes.
Te adoro con profunda reverencia.
Te pido perdón de mis pecados y gracia para ser con fruto este rato de oración.

Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercedan por mí.

La “dosis de Ubicatex” y la dificultad de ubicarse ante Dios

La primera vez que escuché a alguien decir de otro: este necesita una dosis de Ubicatex, me causó gracia. Y la verdad es que qué ingenioso llamarle a esa necesidad de ubicarse como si fuera una medicina. Pero bueno, después resulta que busqué y me di cuenta que hay gente que la promociona como una medicina real en internet.

Dicen que es una pastilla efervescente que sirve, si estás pensando algo irreal o incluso fantástico, para ubicarte en la realidad. Bueno, en la época de Jesús no existía internet y se ve que esto del Ubicatex no se había inventado, porque si no es lo que le hubiera recetado a los fariseos y publicanos, porque ellos no se ubican.

Los fariseos: creen saberlo todo, pero están equivocados

Piensan que hacen todo bien, han recibido toda la revelación de Dios. Ya ve, les ha hablado a través de los patriarcas y profetas. Según ellos comprenden perfectamente lo que Dios les ha pedido y según ellos lo viven perfectamente, y están muy equivocados.

La parábola de los dos hijos

¿Qué les parece?
Un hombre tenía dos hijos. Dirigiéndose al primero le mandó: hijo, vete hoy a trabajar en la viña.
Pero él le contestó: no quiero.

Sin embargo se arrepintió después y fue.

Se dirigió entonces al segundo y le dijo lo mismo.
Y este le respondió: voy, señor.

Pero no fue.

¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?
El primero, dijeron ellos.

Los publicanos y las meretrices delante en el Reino

Y Jesús prosiguió:

En verdad les digo que los publicanos y las meretrices van a estar por delante de ustedes en el reino de Dios. Porque vino Juan a ustedes con un camino de justicia y no le creyeron. En cambio los publicanos y las meretrices le creyeron. Pero ustedes ni siquiera viendo esto se arrepintieron después para poder creerle.

Decir “sí” y terminar haciendo lo que a uno le da la gana

Bueno, a ver, ellos son el hijo que dice sí y después no va, porque recibieron todo. Pero terminaron deformando la palabra de Dios y acabaron por hacer lo que les daba la gana.

En cambio ahora contigo, Jesús, van a ser otros, los que no necesariamente pertenecen al pueblo judío, quienes por fin van a oír hablar de Dios. Y al principio habían respondido que no, porque no formaban parte del pueblo elegido. Pero ahora irán tras aquello que tú viniste a decirnos a todos.

El peligro de compararse y creerse mejor

Pero yo pensaba todavía en algo más al escucharte, Señor. Pensaba en aquello de que el que se compara, pierde. Ellos piensan que quienes no pertenecen al pueblo judío son personas de segunda o tercera categoría.

Por no hablar de los publicanos y las meretrices o prostitutas, que serían lo peor, el desecho de la sociedad, los más pecadores de los pecadores. Y ellos se creen mejores. Ojo, nos puede pasar a ti y a mí.

¿Te crees mejor que los demás?
¿Piensas que eres mejor que una meretriz?

Un niño marcado por el juicio de los demás

Bueno, recuerdo hace años que estaba dando una catequesis de preparación para la primera comunión en un barrio marginal de la ciudad donde vivía. Y los niños, por supuesto, asistían con ilusión. Pero también pude comprobar que los niños pueden ser muy crueles.

Concretamente recuerdo a uno. Era muy bueno. Y sus compañeros de catequesis, de vez en cuando, le lanzaban algún dardo envenenado porque le recordaban que era hijo de una prostituta.

Así como lo oyes. Y el pobre, ni modo, se bajoneaba. Y la primera vez que escuché el comentario yo corté en seco aquello.

Por supuesto me pareció de mal gusto. Además pensé que era un invento, pero resultó que era cierto. Y bueno, él quería a su mamá, por supuesto, pero se avergonzaba de su situación.

no juzgar

No criticar ni juzgarnos superiores

Sin entrar en grandes sermones o en regaños, intentaba hacerle ver que no teníamos por qué andar criticando la vida de los otros, ni juzgarnos mejores que los demás.

El ejemplo del Papa Francisco y las mujeres víctimas de trata

A ver, en una de las biografías del Papa Francisco hay uno que se llama Vera, que recuerda cómo, siendo todavía el cardenal Bergoglio en Argentina, mantuvo más de 80 encuentros con mujeres víctimas del tráfico de personas.

En cada ocasión, Bergoglio le preguntaba a él qué ayuda se ofrecía a las mujeres: si tenían trabajo, lugar donde dormir. Nunca tomaba notas y se limitaba a responder: bueno.

Al principio Vera, que es quien nos cuenta, no sabía qué quería decir con eso. Pero dos o tres días después recibía la llamada de algún líder sindical, algún empresario, alguna monja amiga del cardenal, ofreciéndole puestos de trabajo o alojamiento para aquellas mujeres.

Jorge se acordaba de cada caso, de cada nombre, de cada historia, y quería que Vera le informara de cómo les iba.

Según él, las mujeres salían de esas reuniones con el cardenal en estado de paz total, diciendo que nadie las había escuchado con tanta atención, ni las había mirado con tanto amor.

En una ocasión le dijo a Vera: veo en ellas las llagas de Cristo.

San Josemaría: amar al pecador sin justificar el pecado

Y a ver, otro ejemplo. Una de las biografías de San Josemaría cuenta cómo él no hacía distinción de personas, ya que el valor de un ser humano y la razón de su dignidad eminente es que tienen un alma inmortal.

Por salvar a un alma, lo dijo no se sabe cuántas veces, yo voy hasta la puerta del infierno.

No aplaude el pecado, pero tampoco deja de atender al pecador, aunque esté hundido en el fango. Porque toda alma vale.

Madre Teresa de Calcuta

La caridad concreta de la Madre Teresa

Un sacerdote que atendía a la santa madre Teresa de Calcuta cuenta de una noche en París. El coche de la madre Teresa iba camino de la casa de las hermanas y en una esquina estaban unas damas de la noche.

La madre Teresa mandó parar y dijo a una de ellas: venga a nuestra casa.

Al día siguiente la mujer se presentó, y hoy esa mujer es monja católica.

Todos necesitamos convertir nuestro “no” en un “sí”

Bueno, yo creo que con estos ejemplos nos queda más claro. No somos mejores que nadie. Todos hemos respondido muchas veces que no. Lo importante es que a partir de hoy respondamos que sí y que ayudemos a los demás a responder que sí.

El juicio no nos ayuda. La comprensión y la caridad sí.

Navidad: tiempo de ubicarnos ante el Niño

Ahora que se acerca la Navidad, tómate una dosis de Ubicatex. Date cuenta que ese niño que va a nacer viene a buscarnos a todos, a ti y a mí, a las meretrices y a los publicanos.

Todos lo necesitamos. Déjate de comparaciones y de juicios torpes. Siembra en el mundo esa caridad que trae el Niño.

Oración final

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación.
Te pido ayuda para ponerlos por obra.

Madre mía Inmaculada, San José, mi Padre y Señor, Ángel de mi Guarda, intercedan por mí.


Citas Utilizadas

Lectura de la profecía de Sofonías 3,1-2.9-13
Salmo 33,2-3.6-7.17-18.19.23
Mateo 21,28-32

Reflexiones

El cristianismo es una lógica completamente distinta. Mira que el Niño que va a nacer viene a buscarnos a todos.

Predicado por:

P. Federico

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