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P. Rafael

7 min

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LO PRESTADO COMO PROPIO

San Pablo se pregunta: «¿qué tienes que no hayas recibido?». La liturgia de hoy nos advierte contra lo que puede pasar cuando consideramos como derecho propio de lo que Dios nos ha dado para su gloria.

Si tuviéramos que ponerle un nombre a la liturgia del día de hoy sería “El día de la viña”. Porque la viña es la imagen que aparece como un hilo que recorre toda la liturgia del día de hoy, de modo así evidente en el Salmo porque hoy escuchamos el Salmo 79. Que tiene como ritornello esta frase: La viña del Señor es la casa de Israel. 

Esa figura de la viña aparece también en la primera lectura que hoy corresponde al profeta Isaías. Donde el profeta dice que va a cantar en nombre de un amigo suyo un canto de amor a su viña; y dice: 

“Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, la descantó (descantó significa quitar los cantos, quitar las piedras), y plantó buenas cepas. Construyó en el medio una atalaya (es decir, un sitio de vigilancia), y cavó un lagar. Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones”. 

QUE  AQUELLO DÉ FRUTO

Para ser la primera idea de esta figura de la viña; que hay un propietario, el propietario de verdad hace todo lo que corresponde para que aquello dé fruto y espera, con todo el derecho del mundo, a que aquello fructifique. Y uno podría decir, tuvo mala suerte como sucede muchas veces en el campo. Se hacen las cosas de cierto modo pero pasa algún imprevisto, una plaga, una lluvia torrencial, una sequía, no sé, puede pasar alguna cosa que haga que la cosecha se pierda. 

Sin embargo, en esta imagen del viñador resulta que no parece que haya sucedido nada de eso porque al final se pregunta también el profeta usando esta imagen: 

“¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? ¿Por qué esperando que diera uvas dio agrazones?”. 

Y la reacción, un poco de frustración, un poco de pérdida de paciencia, un poco de darse cuenta de que ya le había dado demasiada oportunidad, demasiado tiempo a aquella viña, porque dice: 

“Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña: quitar su valla para que sirva de pasto; derruir la tapia para que la pisoteen. La dejaré arrasada, no la podarán ni la escaldarán, crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella”. 

Lo prestado como propio, promesas

PARALELISMO INNEGABLE

Y por si no se quedó suficientemente claro a quién se refiere el profeta Isaías dice: 

“La viña del Señor de los ejércitos es la Casa de Israel, son los hombres de Judá su plantel preferido. Esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos”. 

Claro, hemos escuchado esto y ahora cuando escuchamos el Evangelio que corresponde al día de hoy, el paralelismo es innegable. Porque el Señor se dirige ahora a los sumos sacerdotes, a los senadores del pueblo y les dice esta parábola: 

“Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda (Todo esto nos suena por supuesto al profeta Isaías). Pero llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados a los labradores para percibir los frutos que les correspondían. Pero los labradores agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y al otro lo apedrearon”. 

TANTAS OPORTUNIDADES

Falta de justicia obviamente, pero a diferencia del profeta Isaías, este propietario de la viña parece tener al menos un poco más de paciencia porque les da otra oportunidad: 

“Envió otros criados, más que la primera vez; e hicieron con ellos lo mismo, exactamente lo mismo”.

Se supone que a uno lo apalearon, a otro lo mataron, al otro lo apedrearon. 

Y dice, bueno, ya está, ¿Qué vamos a hacer? Apaga y vámonos… Pero nos sorprende el dueño de la viña con su paciencia, porque por una tercera vez dice: 

“Voy a mandarles a mi hijo. Tendrán respeto a mi hijo. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: Este es el heredero. Venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. Y entonces agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron”. 

Obviamente el Señor habla, no sabemos cuánto habrán captado los sumo sacerdotes o los que escuchaban esta parábola, pero tú y yo también estamos clarísimos de que estaba profetizando su propia muerte. Y nos asombra por supuesto la paciencia que tiene Dios con este pueblo que les ha dado tantas oportunidades para trabajar en ese terreno que Dios les ha concedido. 

Lo prestado como propio, UN PROPIETARIO QUE CONTRATA A DISTINTAS HORAS, VIÑA DEL SEÑOR

SE REPITE LA HISTORIA

Esta es una historia que se repite tantas veces en la humanidad, en la historia de la humanidad. Porque si vamos al inicio de las Sagradas Escrituras, en el Génesis, sucede más o menos lo mismo. Dios a partir de la nada crea el universo y crea las cosas con muchísimo amor, crea su viña que es el mundo; pone un orden que dura siete días y en esos siete días va separando las aguas, va creando la luz, va haciendo germinar el campo. Y cuando ve que todo es bueno crea al hombre y dice que es muy bueno y le confía su viña. Le da el trabajo de organizar aquello de dar nombres y todo para que rinda más fruto para el Señor.

Pero sucede lo que sucede, el pecado de soberbia, la desobediencia, la falta de agradecimiento por la confianza que Dios les ha dado. Y un error que me parece a mí que es el que se repite en todas estas historias, que es el de considerar lo prestado como propio, que es soberbia. 

LA HUMILDAD ES LA VERDAD

Dice a Santa Teresa la definición clásica de la humildad, dice: La humildad es la verdad. Y esto es importante porque muchas veces la humildad la entendemos como reconocer que no podemos nada, que no somos nada, que tenemos pecados, que somos muy limitados, que tenemos nuestras miserias, y eso es verdad, somos así. Pero si la humildad es la verdad, también es humildad reconocer que tenemos muchas cosas buenas. 

Falta de humildad sería no reconocerlas. porque esa auténtica humildad nos lleva a decir yo tengo cosas buenas yo sé hablar en público, yo tengo facilidad para las matemáticas, a mí me encanta y me salen muy bien las cosas de la cocina, yo soy muy inteligente o yo soy muy deportista, yo soy una persona que tiene el don de la empatía. La humildad es la verdad, tengo cosas buenas.

Pero la humildad también nos hace reconocer que todo aquello no es propio en sentido absoluto sino que es prestado. Dios nos lo presta para que le demos mayor fruto, para que rindamos más para Él. Fíjate que esto es lo que hace que aquellas personas que piensan que el agradecimiento en la vida cristiana es básicamente una bandera de la mediocridad. Agradece, agradece, agradece porque bueno, peor es nada. Y resulta que no. 

Lo prestado como propio, Orar es hablar con Dios

AGRADECIMIENTO

El agradecimiento que proviene de la humildad me hace por supuesto darle gracias a Dios por todo lo bueno que tengo, pero además me hace sacarle el mayor provecho posible para la gloria de Dios. Y por lo tanto el ser muy agradecidos es incompatible con la mediocridad porque siempre podemos dar más a lo que tenemos, con lo que tenemos para gloria de Dios. 

Es verdad que el Evangelio hoy habla de la paciencia y del amor al extremo que tiene el dueño de la viña que manda a su propio hijo, a ver si tú y yo nos conmovemos ante ese hijo que nos envía. Pero además, la parábola termina de un modo muy fuerte, porque al final el señor se vuelve a los que le están escuchando la parábola y pregunta: 

“Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?. Y le contestaron: Hará de morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que entreguen los frutos a su tiempo”. 

Es decir, que tú y yo tenemos que ser agradecidos con cada día que el Señor nos permite vivir, tenemos que ser agradecidos con lo que tenemos, pero también tenemos que sentir la urgencia de saber que no tenemos un tiempo infinito, de que la paciencia de Dios es perfectamente compatible también con su infinita justicia y que llegará el momento en el que el Señor tendrá que aplicar esa justicia a lo que nos ha dado. 

¿QUÉ TENEMOS DE BUENO?

Por lo tanto, vamos a hacer examen ya el día de hoy para terminar este rato de oración. Y vamos a vivir de este modo la virtud de la humildad. ¿Qué tenemos de bueno? Negarlo sería una falta de humildad, pero aparte de reconocer que tenemos cosas buenas, que no caigamos en la tentación de considerar que lo prestado es lo propio. Todo nos ha venido de Dios y todo ha sido delegado para que demos más fruto en lo que hacemos. 

Nos encomendamos por supuesto a Nuestra Madre, la Santísima Virgen María, para que primero nos ayude a hacer el examen con humildad y después también para que nos ayude a darnos cuenta de que cada día que amanece hay que aprovecharlo al máximo. Pero no para disfrute propio y sin tener en cuenta lo que Dios espera de nosotros, sino al revés, para sentir este privilegio de ser trabajadores en la viña del Señor, de alegrarnos porque Dios confía en nosotros. Y esa confianza se manifiesta muchas veces en el exceso de trabajo o en el exceso de cosas que hay que hacer o en la exigencia de Dios pero siempre siempre, trabajar en esta viña del Señor es un privilegio. 


Citas Utilizadas

Is 5, 1-7

Sal 79

Flp 4, 6-9

Mt 21, 33-43

Reflexiones

“Gracias Señor por todos estos dones que nos das a cada uno. Que tengamos presente que son tuyos y le saquemos el mejor provecho para gloria tuya”.

Predicado por:

P. Rafael

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