En el evangelio de la misa de hoy, de este quinto domingo de Pascua, se nos presenta una escena de la Última Cena.
Estaban cenando Jesús con sus discípulos cuando les da ese largo discurso sacerdotal, ese discurso en el que va dándoles su testamento espiritual. Y en ese momento, santo Tomás, apóstol, se acerca al Señor y le pregunta:
«Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo vamos a conocer el camino?»
Y Jesús le responde una frase que pienso que es como para agradecerle a Tomás que haya hecho esa pregunta, porque es de las frases centrales del Señor en la que Él se define, porque Jesús le responde:
«Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre, sino por Mí»
(Jn 14, 5-7).
Me imagino a veces que uno tiene muchas ganas de conocer mucho al Señor, conocer mucho a Jesús, hablar con Él y preguntarle: ¿quién eres Señor?
Uno se puede imaginar una entrevista que le hacen al Señor y lo primero es: ¿quién eres Tú? Seguramente el Señor nos respondería: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Es lo que más lo define. Si Dios es amor y ese amor encarnado en Jesús se transforma en camino, verdad y vida.
Camino, verdad y vida para ti. No es un camino así cualquiera, como el que uno se puede encontrar en un lugar recóndito del mundo, un sendero… No, no, un camino para ti; la verdad para ti y vida para ti.
JESÚS NOS HABLA
Quería, en este rato de oración, que escucharas, como que Dios te está hablando a ti, Jesús te está hablando a ti y te está diciendo:
«Yo soy camino, verdad y vida».
Escuchemos a Jesús: “Yo soy tu camino, mira mi vida, mira lo que Yo hice acá en la tierra, mira lo que está contenido en los evangelios. Eso que Yo viví quiero que tú también lo vivas, que recorras este mismo camino, porque Yo soy tu camino. Quiero que cuando veas a los demás, pienses en lo que haría Yo y no sólo lo pienses, sino que lo hagas.
Te animo a que vivas así, que sigas este camino, que seas como Yo, que te preocupes de verdad por los pobres, por los enfermos, por los que sufren, por esos que andan como quien no tiene pastor. Esas ovejas que están ahí desorientadas, descuidadas.
Que mires con cariño, con caridad, con amor a los demás, porque mi vida, mi amor, son el único camino para la felicidad. El camino para la felicidad para ir al Padre soy Yo, mi vida es tu camino.

Pon a Dios, ponme a Mí, nos dice Jesús, en primer lugar. Reza, pídele que esté contigo. Yo te voy a escuchar y te voy a ir marcando el camino, porque Yo soy el camino.
Te animo a contemplar mi vida, mira mi vida y vive como Yo y verás como eso te hará feliz, te hará muy feliz, porque Yo soy el camino. Yo soy la verdad. Escucha mis palabras, escucha lo que Yo te digo.
Especialmente te animo a que escuches lo que aparece en el evangelio, que es lo que el Espíritu Santo ha querido que quedara registrado”.
LEER EL EVANGELIO
En una ocasión el Papa Francisco decía: lee el evangelio pensando que el Espíritu Santo inspiró eso, sabiendo que tú hoy y ahora ibas a leer este pasaje del evangelio. Lee el evangelio así. Lee el evangelio pensando en que yo quiero que tú leas eso. Porque el evangelio no pasa nunca de moda. El Cielo, la felicidad, es -como nos dijo Jesús- para los pobres de espíritu, los que tienen hambre y sed de justicia, los que lloran, los mansos, los limpios de corazón.
“A veces escuchando todo esto quizás se te ocurre pensar que no es fácil, que exige mucho trabajo y es verdad, no es fácil, exige trabajo. Pero no te preocupes, Yo no quiero perfectos, sé que caerás muchas veces, quiero personas que aman mucho, porque ese es el camino: personas que aman mucho, que cuando se caen, se levantan y siguen adelante.
Lo que sí me daría mucha pena es ver que vives en una mentira, pensando que otras cosas te pueden dar la felicidad. No, Yo soy la única verdad. Sólo Yo te puedo decir lo que te realizará como persona. Medita lo que te transmito en el evangelio, medita mis discursos, medita mis parábolas, medita hasta esas palabras que parecen más dichas al pasar, porque todo eso es parte de esa verdad que te quiero transmitir.
Porque Yo soy la verdad, lo que Yo digo es lo que te va a llevar a esa verdadera felicidad. Y Yo soy la vida.
NECESITAMOS LOS SACRAMENTOS
Sí, el camino es difícil, la verdad cuesta, pero Yo te comparto mi propia vida. Yo no te dejo nunca solo, si tú quieres, si tú me invitas a participar de tu vida, Yo te doy la Vida con mayúscula, esa vida que te permite recorrer el camino, que te permite imitarme, esa vida que te permite vivir en la verdad, según mis palabras.
Si, Yo soy la Vida, no dejes de venir a buscar esa Vida. Esa Vida, como decíamos, con mayúscula. No te apartes de la fuente de la vida, porque la necesitas. Necesitas esa oración diaria, frecuente, esa oración en la que conversamos de tú a tú, como estamos haciendo ahora en este rato de oración. La confesión para poder limpiar tu alma y fortalecerla para la lucha.

Necesitas la Vida con mayúscula. Necesitas sobre todo la Eucaristía, porque para recorrer el camino, para vivir según la verdad, es necesario ese alimento”.
VIVIR SEGÚN LA VERDAD
Como cuenta el Antiguo Testamento, Elías estaba con mucho cansancio, con mucha desesperanza y el Señor le envía un ángel que le da pan y agua tres veces y luego él recorre todo el desierto cuarenta días caminando sólo con esa fuerza. Necesitas esa vida, la vida que te da la Eucaristía, la vida que te da la gracia.
“Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre, nadie puede ser verdaderamente feliz si no es por Mí, si no imita mi vida, si no escucha y pone en práctica mis palabras, si no se deja inundar por mi gracia, que es la Vida con mayúscula”.
Todo esto no es algo que lo digamos sólo así, sin fundamento, sino que somos testigos de que la verdadera felicidad la han alcanzado muchas personas por este camino, viviendo según esta verdad, dejándose inundar por la gracia.
La primera que nos lo muestra es la santísima Virgen, esa mujer que recorrió ese camino, que vivió según la verdad, que se dejó cubrir por el Espíritu Santo y vivió según esa vida.
Y como ella, tantos santos y santas de todos los tiempos que han ido recorriendo ese camino, que han ido conociendo esa verdad y que han dejado entrar esa vida en su propia vida.
Madre nuestra, ayúdanos a vivir así a recorrer este camino como tú lo hiciste.



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