Nos encomendamos también hoy a santa Teresa de Jesús, que es su fiesta y que era tan asidua y le da tanta importancia a la oración. ¡Que ella nos ayude, Señor, por su intercesión, a hacer este rato de oración!
Al mirar el Evangelio de hoy pensaba: «Qué palabras, Señor, tan duras para los escribas y fariseos en esta ocasión.
Porque nada menos que les decís, Señor:
“Caerá sobre ellos el peso de toda la sangre derramada, desde Abel hasta ahora.” (Lc 11, 50)
Palabras durísimas:
“Les enviaré profetas y apóstoles, y a algunos los perseguirán y matarán. Y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de los profetas, derramada desde la creación del mundo.” (Lc 11, 49-50)
Yo pensaba, bueno, ¿Qué podemos rezar, Señor? ¿Qué nos inspiran estas palabras tuyas?
La verdad es que me hizo recordar este Evangelio, algo que me impresionó de la serie “The Chosen” que, viendo un capítulo, mostraba cómo se iba armando un ambiente adverso de confrontación, cuando iba siendo Jesús más conocido.
MOVIENDOSE CON AUTORIDAD Y LIBERTAD
Cuando ya no pasaba inadvertida tu enseñanza, tampoco para aquellos que tenían más poder y que quizás se sentían como amenazados o desafiados por Tu enseñanza, porque la gente se iba detrás Tuyo, Jesús.
Y a mí me llamó la atención, porque si bien lo sabemos, qué justamente estos escribas y fariseos terminan consiguiendo tu condena, Jesús, por parte de la autoridad romana y también incitando al pueblo para que pida tu crucifixión.
Yo un poco acostumbrado ya, a conocer cómo es la historia que vas Vos, Jesús, predicando, yendo de acá para allá y moviéndote con autoridad y con libertad.
Pareciera que solo en el desenlace final te afecta esta oposición y en realidad no, en realidad, habrás debido atravesar, Señor, situaciones muy tensas que los apóstoles tendrían miedo, porque no sabían qué iba a pasar.
Como de hecho hoy el Evangelio, termina diciendo que salió Jesús, saliste de ahí, Señor, y los escribas y fariseos te acosaban y buscaban con muchas preguntas capciosas, tirarte la lengua para poder agarrarte en algo que dijeras.

EVITAR LA CONFRONTACIÓN
La situación estaba tensa, o sea, que no era tan fácil y, sin embargo, sabiendo el ambiente que eso generaría, les decís las cosas.
Les advertís que están haciendo lo que sus antepasados, no reconociendo, no solo a un profeta, sino al Mesías y lo terminarán matando.
Pienso Jesús, que sería mucho más cómodo para Vos, evitar esa confrontación, no ponerlos en evidencia y no lo haces, ¡no lo haces!
Después, no sé si alguno habrá reaccionado ante tus palabras, Señor, y se habrá dado cuenta que se equivocaba.
Pero bueno, se ve que decís la verdad y les convenía a ellos que Vos digas la verdad, no que la evites por comodidad.
Y esto me hace pensar a mí, en las veces que me da miedo hablar, hablar de ciertas cosas, que por ahí no es fácil plantear, poner delante.
Me hace recordar también, como el Papa en su encíclica nos invita a construir la civilización del amor y que para eso hay que ejercitar el diálogo y el diálogo es hablar, es decir las cosas.
Dice el Papa que es el principal instrumento de convivencia entre las personas, el diálogo y que es la alternativa al conflicto y cómo a veces más fácil es callarse.
Por ahí, quedarse uno con una crítica interior, incluso un comentario con otro, en vez de decirle al que está errado o hablar las cosas también con los que piensan distinto.
CONSTRUIR LAZOS DE FRATERNIDAD
Nos sigue diciendo en la encíclica, el Papa, que el diálogo es una dimensión ordinaria de la vida humana.
Se trata de adquirir una actitud para construir lazos de fraternidad, hechos de escucha, de miradas sinceras, de tiempo dedicado, incluso de tiempo perdido juntos.
Porque si experimentamos el encuentro auténtico con el otro, el diferente, se vuelve incluso mucho más difícil siquiera imaginar la guerra.
Bueno, esto es lo que a mí me parece, Señor, que esa es una de las cosas que en este Evangelio podríamos sacar, que hace falta quizá acudir más al diálogo, hablar más, no aislarse.
No quedarse solo con el enojo, y tratar con estas coordenadas que el Papa nos dice, que es a dedicar tiempo, una actitud de construir lazos de fraternidad.
Ya se ve que en el Evangelio que hoy escuchamos, por lo menos con muchos de los escribas y fariseos, hubo poca acogida.
INCAPACES DE ABRIR LOS OJOS
Si sabemos de algún otro que se acercó, se acercaba Nicodemo a hablar con Vos de noche, Jesús, habría otros que aceptaron tu palabra, pero bueno, vemos que Vos elegís: hablar.
El otro punto que quizá podemos sacar, es: qué triste la situación en que se han puesto quienes no te escuchan, Señor, y están como obstinados, incapaces de abrir los ojos, de darse cuenta que se equivocaban.

Y es quizá una lección para mí, que yo nunca este Señor tan cerrado, que no me puedan mostrar un punto de vista distinto, decir las cosas y que yo esté empecinado en cómo lo veo yo, porque eso también sería impedir el diálogo.
El no escuchar, no tratar de entender lo que dice el otro tantas veces, aunque hay errores en comprender su postura, ¿por qué lo dice? ¿cuál es el bien que intenta buscar?
Para ser más comprensivos y para llegar a construir esa civilización del amor, para poder construir esos lazos de fraternidad.
Bueno, Señor, te lo pido porque me parece que no siempre es fácil, que no siempre es fácil ir al encuentro, hablar, hacerse el tiempo, encontrar los modos, quizá las palabras también, por eso, ¡ayúdanos!
EVITAR LOS CONFLICTOS
Que motivador es que sea el mismo Santo Padre el que nos esté guiando por acá, por este camino de construir una civilización del amor, de que haya paz, de evitar los conflictos, las guerras.
Si bien, uno en muchas partes de la encíclica que nos ha escrito, podría decir: «Bueno, esto no me toca a mí porque toca a las naciones, toca a los que gobiernan los países”.
Pero en esto de que haya diálogo, un diálogo que llegue a la fraternidad, pienso que Sí, es algo muy aplicable y así nos lo dice también el Papa al final de la encíclica.
Vamos por eso a procurar escucharlo, secundarlo y aplicarlo, abrirnos a ese diálogo, quizá hablando primero con Vos, Jesús, las cosas.
Para después acertar en cómo compartirlas y conversar también con los demás para llegar a esa fraternidad, para evitar el conflicto y al contrario poder entendernos y que entendiéndonos nos queramos y nos ayudemos.
Lo pedimos también a la Virgen, que como le gustará a nuestra madre vernos, que procuramos hacernos cargos los unos de los otros y no estar como en oposición o en la indiferencia.



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