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CONFIANZA, AMBICIÓN, VALENTÍA

Santiago y Juan, los hijos del trueno, nos enseñan a ser confiados, ambiciosos y valientes, pidiendo al Señor que nos haga santos.

Hoy la liturgia nos presenta un pasaje del Evangelio de san Marcos. Están dos de los discípulos de Jesús, dos de sus más cercanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, a los que Jesús también había bautizado como los hijos del trueno, boanerges, porque eran dos hombres que tenían una gran personalidad, tenían una gran capacidad de reacción y eran un poco temperamentales pero muy fieles. 

Y siguiendo esa personalidad que tenían se atreven a acercarse a Jesús con una petición. Santiago y Juan son esos amigos cercanos del Señor que se atreven a ir donde estaba Él. 

Y le dicen: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir. Y Jesús les responde: “¿Qué quieren?” Antes de decirle si sí o si no, les dice, ¿qué quieren?. Y ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda cuando estés en tu gloria”. 

PODEMOS

Jesús, yo me imagino que un poco sorprendido ante esta petición tan potente, tan bonita, les dice: “¿No saben lo que piden?. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?” Y ellos sin dudarlo le responden: “Podemos”. con ese ímpetu que tenían por el cual eran conocidos.

Pienso que a pesar de que Jesús parece que les da una respuesta un poco cortante o difícil de entender, o sea, como ese, oye, esto no es fácil, le dice el Señor, van a tener que beber el cáliz que yo beberé. O sea, les está adelantando las dificultades que tiene sentarse a la derecha del Señor. Sentarse a la derecha y a la izquierda, sentarse junto al Señor. Pero creo que de verdad a Jesús le encanta que estos vayan a pedirle eso porque se ve que tienen una actitud muy positiva. 

Y pienso que hay tres cosas que le gustan al Señor. A ver si en este rato de oración nos sirven para conversar con Él y para tratar de parecernos un poco a estos hijos de Zebedeo. En primer lugar, le encanta esa actitud confiada. Una actitud confiada. Se acercan para pedir algo grande, sin complejo. Ya conocen a Jesús, son sus discípulos, son de esos preferidos, son de esos más cercanos, y se atreven a ir a pedirle con confianza al Señor: “Queremos que nos des lo que te vamos a pedir. Queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”. 

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¡VALE LA PENA!

Es una frescura. Es ir a decirle como si un hijo le dijera a su papá, papá dime que sí antes de que te pida lo que te voy a pedir. Y el papá le, obviamente que como Jesús, le dice, bueno, ¿qué quieres? Antes de decirte que sí o que no. Pero ellos, como saben que el Señor les tiene mucho cariño, van con esa confianza. Es la confianza también de los hijos, los hijos que van de su papá a pedirle hasta la luna, comentaba san Josemaría. Van con esa actitud confiada donde el Señor. 

Segunda actitud, actitud ambiciosa en el buen sentido de la palabra. No quieren poco, quieren mucho. Están apostando por lo mejor. Ellos nos dan ese ejemplo a nosotros también de no pedir poca cosa, no conformarnos con ser mediocres, con ser del promedio. No podemos conformarnos con poco. Aspiremos a la santidad. Aspiremos a sentarnos al lado de Dios. Eso es lo que de verdad vale la pena. Los triunfos de este mundo, las cosas quizá, no sé, nuestros sueños más altos humanamente, no le llegan ni a los talones a este deseo grande de santidad. Señor, queremos ser santos. Al final lo que le están pidiendo Santiago y Juan al Señor es decirle, “Señor queremos ir donde tú vayas, queremos llegar al cielo”. 

NO SOLAMENTE BUENOS SINO SANTOS

Quizá nosotros también decimos, ya, quiero ir al cielo. Y escuchamos esa respuesta del Señor, ¿Sabe lo que estás pidiendo? ¿Te das cuenta de esa petición? Es muy potente, es muy potente. San Josemaría una vez le decía a una enferma que estaba a punto de morir, cuando él era todavía un sacerdote joven: “Dile al Señor cuando llegues al cielo, que si yo no voy a ser un sacerdote no bueno, sino santo, que me lleve ahora mismo”. Ojalá que nosotros también tengamos esa misma ambición de ser no simplemente buenos sino santos, llegar al cielo. Pidámosle al Espíritu Santo, que hemos celebrado hace poco la fiesta de Pentecostés, entonces tenemos todavía fresca esa presencia suya, pidámosle al Espíritu Santo esa santa ambición de las cosas de Dios, de una felicidad verdadera, sin límites. 

Decíamos que la primera era una actitud confiada, la segunda una actitud ambiciosa, y en tercer lugar esa actitud valiente. Si, es muy valioso lo que estoy pidiendo, reconozco, reconocemos junto con Santiago y Juan, que tiene un valor grande sentarme a la derecha o a la izquierda del Señor, sentarme junto a Jesús. Y cuando el Señor pregunta, ¿saben lo que están pidiendo? ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré? Le responden con decisión, podemos

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¿Y TÚ, ESTÁS DISPUESTO?

No sabemos bien qué es lo que nos espera. No sabemos qué significa beber el cáliz que va a beber el Señor, recibir el bautismo que Él va a recibir. Pero estamos dispuestos a todo, podemos, podemos, estamos dispuestos. 

Y tú y yo quizá escuchamos en nuestro corazón que el Señor nos está preguntando en este rato de oración. ¿Y tú, estás dispuesto a salir de tu comodidad, a jugártela? O como decía el Papa Francisco, a no balconear la vida, a salir del sofá. ¿Estás dispuesto?. No sé qué me espera, no importa. No sé qué significa salir del sofá, no balconear la vida, sino meterse. No sé qué significa renunciar a mi comodidad, jugármela. pero estoy dispuesto porque lo que te estoy pidiendo Señor es mucho más grande, es mucho más grande, mucho más, mucho más… 

Quizá estas tres actitudes que acabamos de contemplar, esa actitud confiada, esa actitud ambiciosa y esa actitud valiente nos sirven para ver cómo está nuestra propia vida. ¿Cómo es mi actitud contigo Jesús? Es una actitud confiada, que se acerca a pedir cosas grandes. 

HAGAN LO QUE ÉL LES DIGA

Es una actitud ambiciosa, que no nos conformamos con poco, sino solo con la santidad. Es una actitud valiente, que está dispuesta a renunciar a ciertas cosas con tal de ganar lo más grande, lo más increíble que es la santidad. 

Mira a María, la Santísima Virgen. Mira a María en Caná de Galilea. Sí, Ella tiene la misma frescura de Santiago y Juan. Va donde el Señor le dice, “no tienen vino. ¿Qué me importa? Le dice Jesús. ¿Qué nos va a ti y a mí, mujer?”. Y la Virgen no se achica, sino que con esa confianza, con esa ambición, con esa valentía, va donde los servidores y le dice, “hagan lo que Él les diga”

Y Jesús, que no le dice que no a su madre, y que no le dice que no tampoco a sus amigos, Santiago y Juan, les concede lo que están pidiendo. Hace convertir el agua en vino y hace que Santiago Juan fueran, sí, esos discípulos llenos de ímpetu y que ese ímpetu lo dirijan hacia la santidad. Y son columnas de la iglesia, son columnas y están muy alto en el cielo. 

Señor, queremos que nos concedas también a nosotros lo que te pedimos, que nos hagas santos, que nos des esa confianza, esa ambición y esa valentía. 


Citas Utilizadas

1 Pe 1, 18-25

Sal 147

Mc 10, 32-45

Reflexiones

Señor, queremos que nos concedas también a nosotros lo que te pedimos, que nos hagas santos, que nos des esa confianza, esa ambición y esa valentía.

Predicado por:

P. Felipe

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