ESCUCHA LA MEDITACIÓN

BIENAVENTURANZAS: LA AUTOBIOGRAFÍA DE JESÚS

Las Bienaventuranzas son mucho más que un programa de vida cristiana: son el retrato de Jesús. Antes de invitarnos a vivirlas, Él las encarnó en su propia vida. Contemplando a Cristo pobre, manso, misericordioso y fiel hasta la Cruz, descubrimos que la verdadera felicidad consiste en seguir sus pasos y parecernos cada vez más a Él.

Hay algo que siempre me ha llamado la atención cuando leo las Bienaventuranzas.
Jesús no comienza por los premios. No dice: bienaventurados los que poseen el Reino de los cielos.
Bienaventurados los consolados. Bienaventurados los que ven a Dios. Bienaventurados los que son saciados. ¡No!
Comienza por otro lado, habla de pobreza, de mansedumbre, de lágrimas, de hambre y sed, de misericordia y de persecución.
Y uno podría preguntarse: ¿qué habría pasado si hubiera empezado al revés?

YO QUIERO SER FELIZ

Si hubiera comenzado anunciando las recompensas, los premios, quizá todos habríamos levantado inmediatamente la mano.
¡Yo quiero el Reino, yo quiero ser consolado, yo quiero ver a Dios, yo quiero ser feliz! ¡Jesús, yo quiero!
Pero Jesús empieza por el camino, porque sabe que muchas veces queremos la meta sin recorrer la senda que conduce a ella.

Amor radical, Amor, LA AUTORIDAD , autobiografia, QUE TIENE LA VERDAD
Quizá por eso, antes de preguntarme si yo soy pobre de espíritu, manso o misericordioso, vale la pena detenerme en una pregunta más importante.
Porque a veces, cuando hacemos un ratico de oración empezamos pensando en nosotros, ¿en qué puedo hacer yo? ¿en qué voy a hacer yo? ¡No! Hay que poner la mirada en Jesús.
Jesús, ¿Tú viviste realmente lo que predicaste? ¿Cuándo predicaste las Bienaventuranza ya habías vivido eso? O era simplemente una campaña.
Y es que las Bienaventuranzas no son una teoría, ni un programa ético, ni un conjunto de ideales imposibles; son, antes que nada, el retrato de una persona. Son tu retrato de Jesús.
El Retrato de Cristo en cada Bienaventuranza
Al proclamar «Bienaventurados los pobres de espíritu», enseguida aparece Belén: un establo, un pesebre y un niño envuelto en pañales.
Es el Rey del universo naciendo sin comodidades, sin privilegios y sin seguridades humanas.

SER Y ESTAR CON EL PADRE

Después, tras años de una vida sencilla en Nazaret, cuando empezaste tu vida pública dijiste: el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
Tú no predicaste la pobreza desde lejos, Jesús la vive, la abraza, la hace fecunda, ¿Por qué? Porque su riqueza es: ser y estar con el Padre.
Al decir «Bienaventurados los mansos», pienso en cuántas veces tuviste motivos para imponerte, para aplastar a tus enemigos o para responder con dureza.
Sin embargo, entras en Jerusalén montado en un borrico, te acercas con paciencia a los pecadores, escuchas, comprendes y perdonas.
Incluso cuando llega la Pasión, soportas insultos, burlas e injusticias sin devolver jamás los agravios. ¡Perdóname Señor!
La mansedumbre de Jesús no es debilidad; es la fuerza inmensa de quien sabe amar. ¡Es lo que vive!
Del mismo modo, en las palabras «Bienaventurados los que lloran» también aquí encuentro tu rostro.
Lloras ante la tumba de Lázaro y lloras sobre Jerusalén, demostrando que tu corazón no es indiferente, no se endurece ni se protege detrás de una máscara.
Jesús sabe llorar porque sabe amar, y solo ama de verdad quien es capaz de sufrir con el sufrimiento de los demás.

EXPRESIÓN DE AMOR

Aunque a veces pensemos que las lágrimas son una derrota, en Cristo descubrimos que pueden ser una expresión profunda del amor.
Cuando escuchamos «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia», vemos a Jesús consumido por el deseo de cumplir la voluntad del Padre.
Recordando aquello de:

«Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado». (Jn 4, 34)

Su hambre no es de éxito, de prestigio ni de reconocimiento; su hambre es que el mundo conozca el amor de Dios y su sed es la salvación de las almas.
Por eso, en la Cruz escuchamos aquella palabra misteriosa:

«Tengo sed». (Jn 19, 28)

Una sed física, sí, pero también una sed de nosotros, de nuestra correspondencia, de salvación y de nuestra santidad.
Al evocar a los «Bienaventurados los misericordiosos», el Evangelio entero parece desfilar delante de nosotros.
Porque hay muchos momentos de misericordia: la mujer adúltera, Zaqueo, Mateo, la samaritana, el buen ladrón y Pedro después de negarlo.

LO QUE DICE Y LO QUE VIVE

Todos encuentran en Jesús una mirada que levanta, que cura y que invita a volver a empezar. ¡Qué locura de amor!
Jesús nunca reduce a una persona a su pecado, sino que ve siempre algo más profundo: ve a un hijo de Dios.
Quizá eso es, precisamente, la misericordia: mirar a los demás con los mismos ojos con que Cristo los mira.
Por otra parte, toda la vida de Jesús es transparencia al decir «Bienaventurados los limpios de corazón».
En Él no hay doblez, la vida de Jesús fue eso: “transparencia”, no hay apariencia, ni existe distancia entre lo que dice y lo que vive.
Todo en Él apunta al Padre, todo en Él es verdad y todo en Él es amor, por lo cual puede afirmar con plena certeza:

«Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre». (Jn 14, 9)

Asimismo, al pensar en los «Bienaventurados los que trabajan por la paz», recordamos cuántas veces Jesús reconcilia, une, acerca, perdona, construye comunión, es lo que le pide al Padre:

“Que todos sean uno como tú y yo somos uno.” (Jn 17, 21)

Finalmente, desde la Cruz, cuando parecería imposible hablar de paz, sigue sembrándola al exclamar:

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». (Lc 23,34)

La paz de Cristo no depende de las circunstancias, sino que nace de un corazón íntimamente unido a Dios. ¡Unidad! ¿Qué es paz?: Unidad.

mártires, autobiografia
Por último, al proclamar «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia», aparece el Calvario con su condena injusta, sus falsos testimonios, la traición, el abandono y la cruz.

TRANSFORMACIÓN DESDE DENTRO

Jesús conoce desde dentro, no solo lo predico: lo vivió. Lo que significa ser rechazado por hacer el bien.
Sabe lo que significa permanecer fiel cuando cuesta y sabe lo que significa amar cuando no se recibe amor.
Es entonces cuando comienzo a comprender algo: ¡las Bienaventuranzas son tu autobiografía, Señor!
Antes de ser una invitación para mí, fueron una realidad en tu vida; tú recorriste primero ese camino, conoces cada una de esas experiencias y las transformaste desde dentro.
Y ahora sí puedo preguntarme algo; yo no soy perfecto, yo seguro no vivo las Bienaventuranza.
Pero podemos preguntarnos algo más sencillo, más concreto y más verdadero en las circunstancias que hoy me toca vivir.
Estas pueden ser las preguntas de esta meditación, lo que nos puede hacer pensar, meditar, reflexionar.
¿En las circunstancias que hoy me toca vivir, qué puedo aprender de tu pobreza? ¿Dónde puedo imitar un poco tu mansedumbre? ¿Cómo puedo unir mis lágrimas a las tuyas?
¿Tengo hambre de hacer la voluntad de Dios? ¿Sé perdonar? ¿Busco la paz? ¿Permanezco fiel cuando aparentemente ser cristiano no tiene un precio?

PERMANECER CERCA DE JESÚS

Tal vez algunas de estas cosas me parezcan lejanas o tal vez todavía no me sienta preparado, pero tampoco los discípulos lo estaban cuando escucharon por primera vez estas palabras.
Lo que cambió sus vidas fue permanecer cerca de Jesús: mirarlo, escucharlo, acompañarlo y dejarse transformar por Él.
Por eso, Señor, hoy no quiero quedarme solamente admirando las Bienaventuranzas, ¡No!
Quiero admirarte a Ti, imitarte y contemplarte viviendo cada una de ellas.
Enséñame a mirar tu vida, hazme amar lo que Tú amaste y hazme descubrir que la verdadera felicidad está en parecerme a Ti.
Para que, contemplando tus pasos, pueda aprender poco a poco a recorrer ese mismo camino, en las circunstancias concretas de mi vida.
Madre nuestra, tú que viviste de cerca la pobreza, la mansedumbre, el dolor, la misericordia y la fidelidad de tu Hijo, ayúdame a conocerlo, a amarlo y a seguirlo.
Se lo pedimos a María Santísima con mucha ilusión y con mucha esperanza.


Citas Utilizadas

1Re 17, 1-6
Sal 120
Mt 5, 1-12

Reflexiones

¡Señor, ayudanos a vivir las Bienaventuranzas como las viviste Tu, a hacerlas nuestras en cada circunstancia de nuestra vida!

Predicado por:

P. Santiago

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?