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ADÚLTERA

Estamos en el Templo, al amanecer. Jesús, el Nuevo Moisés, está enseñando. De repente, la atmósfera de paz se rompe. Los escribas y fariseos traen a una mujer «sorprendida en el propio acto de adulterio». No traen a una persona; traen un «caso legal» para atrapar al Verbo Incarnado. Si Él dice «lapídenla», pierde su fama de misericordioso; si dice «suéltenla», contradice la Ley de Moisés (Levítico 20,10). El pecado de la mujer es real, pero el pecado de los acusadores es instrumentalizar la Ley para matar a la Misericordia.

Y este lunes la iglesia nos presenta una parte del Evangelio de san Juan que es bastante reconocible, es el capítulo octavo es la perícopa de la adúltera (perícopa es una parte de la vida de Cristo) Este texto que ocupa la primera parte del capítulo del versículo 1 al versículo 11 es un recordatorio de la Misericordia Divina. 

Sabemos que en los Evangelios nada hay accidental. Todo está ahí porque el Señor, Dios Todopoderoso, ha querido enseñarnos. En este caso nos vamos a poner en el sitio. Estamos en el templo, al amanecer y Jesús, que es el nuevo Moisés, está enseñando y de repente la atmósfera de paz se rompe. Y vemos llegar a los escribas y fariseos que traen empujando a una mujer sorprendida en el propio acto de adulterio. 

Estas personas no traen a otra persona, traen un caso legal. No se ponen a pensar en el sufrimiento de la mujer. Lo único que quieren es atrapar a Jesús porque le van a proponer qué es lo que tienen que hacer con esta mujer. Si Él dice, lapídenla, como dice el texto de Levítico, que se tiene que hacer con mujeres, entonces pierde su fama de misericordioso. Ahora, si dice suéltenla, contradice la ley de Moisés, justamente este pasaje de Levítico. 

ESCRIBE CON EL DEDO EN EL SUELO

El pecado de la mujer es real y eso nadie discute, pero el pecado de los acusadores es instrumentalizar la ley para matar a la misericordia. Y aquí hay una cosa que podríamos empezar a deslumbrar. Entramos en profundidad en el misterio. Jesús se agacha y escribe con el dedo en el suelo.

 ¿Por qué? ¿Por qué recoge este detalle el evangelista? Escribe con el dedo. Bueno, aquí hay una cierta conexión interesante con el Sinaí. Recuerdas que en el Éxodo las tablas de la Ley fueran escritas por el dedo de Dios, así se lee en el Éxodo. Aquí, el mismo Dios, en cambio, que escribió la Ley en piedra, ahora escribe en el polvo de la tierra. 

Eso no es un gesto cualquiera. Hay también una profecía del profeta Jeremías, en el capítulo 17 que dice, 

“Señor, esperanza de Israel, los que se apartan de ti serán escritos en el polvo porque abandonaron el manantial de aguas vivas”. 

Y al escribir en el suelo, Jesús está recordándoles a los acusadores que sus nombres también pertenecen al polvo. 

Todos somos barro de alguna forma. Pero fíjate qué fuerte. Señor, que nunca tengas que escribir nuestro nombre en el polvo porque hemos dejado de seguirte y nos hemos quedado con la forma y no con el fondo. Hemos despreciado la misericordia para seguir simplemente la regla. Eso a ti no te gusta, Señor,  “Misericordia quiero y no sacrificios” te oiremos clamar también en el Antiguo Testamento. 

Adultera, héroes

LA MISERABLE Y LA MISERICORDIA

Por eso, podemos acudir un poco a los Padres de la Iglesia para iluminar un poco este encuentro. San Agustín, en una de sus frases más bellas y también citadas, resume esta escena, “Quedaron solo ellos dos, la miserable y la misericordia”. Y es que esto es lo que nos pasa a todos nosotros, todos somos miserables. Aunque a veces nos dé la impresión de que somos buenitos, somos miserables. Aunque a veces alguien te diga que eres como un ángel, en realidad, todos somos miserables. 

Y hay que darse cuenta que estamos frente a la misericordia. Y la misericordia es del Señor. Señor, que nunca cambie esos ojos de saberme poca cosa. Que siempre esté claro de que mi rol es buscar Tu misericordia, Señor, porque la necesito, porque soy miserable. Porque cuando me doy en cambio unas ínfulas de que hago todo bien, a veces me puedo pasar de bando y quedarme entre los que juzgan, como los fariseos, como esos príncipes de los sacerdotes, que señalan con el dedo de mala forma al pecado, a la pecadora, pero que no están dispuestos a pensar que también son pecadores. 

RECONOCER NUESTRO PECADO

San Juan Crisóstomo, otro Padre de la Iglesia, “observa que Jesús no les da la mirada de inmediato porque les da tiempo para que sus conciencias hablen”. Porque Jesús no quiere humillar a los acusadores, quiere que reconozcan sus pecados. Y cuando finalmente se van, comenzando por los más viejos que son los que han tenido más tiempo de pecar, el juicio se transforma en un encuentro de perdón.

“Ándate mujer y no peques más, le dice”.á

Porque cuando el Señor está cerca, siempre exige que haya esa retribución, que nos esforcemos. Porque la misericordia de Jesús no es un no importa lo que hiciste, no es un sentimentalismo vacío, sino que te doy el poder para no ser más lo que fuiste. El perdón no es la cancelación de una deuda, es la restauración de una relación familiar. 

“Jesús le dice, tampoco yo te condeno”. 

adultera, si uno me niega

PARA QUE PUEDA CAMINAR LIBRE

Él es el único que no tiene pecado y que hubiera sido el único que podría haber lanzado la piedra, pero Él decide recibir el golpe del pecado de esta mujer en la cruz para que ella pueda caminar libre. Porque el Señor no se queda en lo negativo. Jesús no le da una lista de prohibiciones, le devuelve su dignidad al decirle, “no peques más”. Le está diciendo, eres demasiado valiosa para entregarte a amores que no te llenan. He recuperado tu vista para que veas el camino de la santidad. Y eso es lo que tenemos que intentar hacer nosotros en nuestra vida. 

Estuve el otro día con un sacerdote que está ya en cama, tiene un cáncer terminal, tiene pocos años, no llega a los 40, y me llamó la atención porque una vez que entré estaba molesto, estaba con dolores muy fuertes, estaba en el hospital, y me pidió que recemos, recemos las vísperas, y empecé a rezar las vísperas con él. Claro, él no tenía el texto, no podía abrir los ojos, pero repetía las frases que se sabía. Respondía con el salmo responsorial. Se quedaba con la frase que yo había dicho y la repetía. Una forma de querer dar hasta la última alabanza a Dios. 

NECESITAMOS DE TU MISERICORDIA

Y para mí fue un momento bastante fuerte porque veía hecho carne y le decía, oye, tienes que rezar para que vengan más vocaciones porque tú vales por diez, realmente era un sacerdote fuera de serie. Y él me decía, sí, estoy rezando y ofreciendo todo para que vengan diez vocaciones al sacerdocio. Reconocerse poca cosa es importantísimo. Querer rezar para quitarme las cosas malas, para quitarme ese sufrimiento o esa desesperanza. Eso es a lo que nos llama el Señor. 

El santo de lo cotidiano, que es san Josemaría, nos anima también en este sentido a no considerar que la santidad es no caer, sino es no quedarse en el lodo. Porque la misericordia de Dios es la que nos hace recomenzar siempre. Hoy, en la era digital, donde el juicio público, el linchamiento mediático, acabamos de ver eso con Timothy y Chalamet estos días, eso es como el pan de cada día. 

Jesús nos invita a dejar la piedra en el suelo. No somos jueces de nuestros hermanos, somos administradores de una gracia que nosotros mismos necesitamos a manos llenas. Si reconocemos eso que necesitamos de Él, buscaremos siempre rezar, buscaremos siempre estar unidos a Él. Señor, te pedimos que por nuestra Madre la Virgen María nos ayudes a ser también misericordiosos y a saber que necesitamos siempre de tu misericordia. 


Citas Utilizadas

Dan 13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

Sal 22

Jn 8, 1-11

Reflexiones

Señor, te pedimos que por nuestra Madre la Virgen María nos ayudes a ser también misericordiosos y a saber que necesitamos siempre de tu misericordia. 

Predicado por:

P. Juan Carlos

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