El 6 de diciembre pasado falleció uno de los hermanos de mi esposo.
Antes de la Nochebuena, uno de sus nietos dijo:
¡Que fecha más linda en la que mi abuelo se fue al Cielo: podrá presenciar desde cerquita el nacimiento del Niño Jesús!
Las palabras sabias de un niño
Este niño de solo 8 años logró ver la muerte de su abuelo con sentido sobrenatural, como debería ser para todos los cristianos. Ha sido algo que ha enternecido y a la vez impactado a quienes pudieron escucharlo.
En mi caso, pensé en mi papá que tiene 37 años de estar cerquita de Dios. También en mis abuelos, en fin, tantos familiares y amigos que confío gozan ahora de la vida celestial. Pero mi sobrino nieto había logrado que los imaginara en forma vívida en el Cielo.
Cada amigo que parte, cada familiar que se nos adelanta, nos produce un dolor. Ese es el común denominador: el dolor, la tristeza por la ausencia física que experimentamos.
No deja tampoco de ser importante el modo como enfrentamos el duelo: si con sentido sobrenatural o aferrados a un pasado que ya no volverá, sin aceptar que lo normal es morir. Es lo único seguro en esta vida terrenal: la muerte. Lo que no sabemos es cuándo pasará.

Vivir con la certeza de que vamos a morir
Si viviéramos con la certeza de saber que vamos a morir todo sería diferente: no habría disgustos, peleas, guerras.
Haríamos todo lo posible por ganarnos el Cielo, con lo cual buscaríamos estar libres de pecado, lo que significa vivir en paz, sin odios, perdonando, amando.
Y si todos viéramos la muerte como lo hizo mi sobrino nieto, tendríamos la certeza de que estamos aquí de paso. Nuestra meta debe ser llegar al Cielo donde estaremos cerquita de Dios.
Estoy segura de que nuestros seres queridos siguen velando por nosotros desde el Cielo, ahora con mayor intensidad.
Mi sobrino nieto lo siente así, siente presente a su abuelo en su vida. Para mencionar otro ejemplo, para fin de año, mientras practicaba un juego acuático en el mar, gritó mirando al cielo: Abuelo, cuídame. Además, ha tenido sueños vívidos con él y dice que su abuelo ha resucitado. Que lo ve en el bohío de la playa conversando, él bañándose en la piscina y su mamá cogiendo sol.
Ante Dios, el corazón confiado de un niño
No puedo dejar de hacer referencia en este artículo a Santa Teresita del Niño Jesús, con quien tengo un apego muy especial. Mi nombre de pila es María Teresa. Mi mamá me lo puso en honor a esta santa, cuya fiesta se celebra el primero de octubre. Yo nací un 2 de octubre.
En Historia de un alma, Santa Teresita insiste una y otra vez en que ante Dios debemos tener el corazón confiado y un alma de niño. Decía que se llegaba a Dios con pequeños detalles y que para poder confiar en Él debíamos tener un alma infantil.
Se refería a ella misma como la Florecita de Jesús. Y con qué sinceridad cuenta su vida, sus rabietas, sus sorpresas. Hablaba con diminutivos. Decía que se llegaba a Dios con pequeños detalles.
Una frase de Teresita que me caló hondo al leer Historia de un alma es: A pesar de mi pequeñez puedo aspirar a la santidad. Dios no puede aspirar deseos irrealizables.
Desde que conocí la historia de mi santa hablo de su Caminito muy corto y muy recto para llegar al Cielo, un caminito totalmente nuevo. Pero para andar en ese caminito no podemos desanimarnos ante las propias faltas, debemos ser como los niños que se caen y por allí mismo se levantan. Como son pequeños no se lastiman.
Además, no piensan sino en que sus padres los perdonen, los abracen para seguir en sus juegos. En cambio, el adulto, al caer, al cometer una falta, pierde a veces tiempo buscando excusas o recriminándose, cuando lo que tiene que hacer es buscar el perdón de Dios y seguir en el camino de la santidad en la tierra, en el caminito muy recto y muy corto al Cielo, como decía Teresita.

Tú que lees este artículo, cierra en estos momentos los ojos y piensa: Soy un niño ante Dios.
Convencido de eso, así como mi sobrino nieto, imagina a tus seres queridos en el Cielo y pídeles que te cuiden.
Convencido, piensa en qué faltas has cometido por las que tienes que pedirle pronto perdón a tu padre Dios. De esa forma te mantendrás en el camino muy corto y muy recto para llegar al Cielo, un camino sin complicaciones porque rápidamente irás limpiando tu alma.
Si pensamos así viviremos con sentido sobrenatural. Veremos la muerte no como el fin sino como el principio de nuestra vida eterna junto a Dios.
Los insto a que tengamos siempre presentes las palabras de este niño de 8 años, que puedan ser de consuelo para otros… que sean la luz que los lleve a vivir la muerte con sentido sobrenatural.



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