INTRODUCCIÓN: La responsabilidad es – tal vez – una de las virtudes más difíciles de conquistar, pues requiere un proceso que empieza desde muy tempranas edades y se mantiene durante toda la vida.
BUSCANDO HIJOS RESPONSABLES
Todos los padres quieren que sus hijos sean responsables. Es una aspiración muy lógica, pues saben que una persona responsable es capaz de gestionar sus emociones y tomar las riendas de su vida.
Sin embargo, no todos los padres están claros al momento de incorporar rutinas eficaces que permitan conseguir este objetivo. ¿Las razones? Primero, como ya se dijo, la responsabilidad es una de las virtudes más difíciles de incorporar. Requiere de mucho tiempo y paciencia. ( ¡Justo dos cosas de las que todos andamos cortos!)
Así mismo, requiere – tal vez más que ninguna otra virtud- el compromiso de educar con el ejemplo. No hay secretos ni atajos: Si usted desea hijos responsables, le toca serlo a usted también.
Finalmente, un último paradigma, el peor enemigo de este proceso educativo: siempre creemos que los chicos son demasiado pequeños para hacerse cargo de algo. Aunque ese algo sea nada más y nada menos, que su propia existencia.
A continuación, trataremos de desmitificar algunos conceptos, para ayudar a los padres en este tema.
NUNCA ES MUY TEMPRANO
Si hay un trabajo que no puede esperar, es justamente preparar el camino para que un ser humano aprenda a ser autónomo.
Este proceso debe respetar – por supuesto- las edades de los niños. Tenga por seguro que hay muchas tareas que los más pequeños de su casa, ya están listos para asumir; y, somos los adultos quienes limitamos su desarrollo, por considerar que no lo están.
Cosas simples como comer solo, recoger sus juguetes, poner la ropa sucia en su lugar, o cepillarse los dientes sin ayuda, son excelentes metas a conquistar para los más chiquitos.
Al principio, puede ser que no consiga completar la tarea solo, o que se le olvide ejecutar su encargo; por lo cual, habrá que ser paciente y ayudarlo, hasta que pueda hacerlo de forma independiente.
Una vez que haya incorporado algunos pasos a su rutina diaria, será posible encomendarle tareas adicionales. Recordemos que se trata de un proceso gradual, en el cual debemos ir respetando sus debilidades y fortalezas. Animando al pequeño ( y al grande ) para vencer la pereza; y, poner esfuerzo ( y quizá, alegría) en aquellas tareas que le tocan.
LA AUTONOMÍA Y LOS LÍMITES
En un artículo anterior, nos referimos a los límites que los padres debemos marcar para que la familia funciones con reglas claras. Ahora volvemos a esa idea, pero para decir que, una vez que ya conocen las reglas a cumplir, deben conocer también, las consecuencias de no cumplirlas.
No hablamos de castigos físicos, ni de reprimendas en alta voz. Pero sí de consecuencias generadas por sus propios actos u omisiones, que deben conocer y aprender a aceptar. Un buen ejemplo de esto podría ser, que no puede salir al parque hasta que haya terminado sus tareas escolares.
Los límites serán, entonces, el marco alrededor del cual se comienza a crear conciencia de las obligaciones, dando un poco de espacio – de acuerdo a su edad – para que construyan sus propias decisiones.
Obviamente, estos procesos deben ser supervisados, para que le permitan aprender en un entorno seguro.
APOYO Y SOBREPROTECCIÓN
Una dicotomía muy compleja es la que se presenta en cuanto al frágil equilibrio que existe entre el apoyo y acompañamiento que debemos dar a los hijos; y, la sobreprotección.
Como hemos venido comentando en artículos de esta serie, los padres han pasado de un extremo al otro en la crianza. Este extremo se asienta sobre la idea de que los intereses de los hijos están por encima de las reglas familiares.
Una especie de “hiperpaternidad”, que nos hace ver a los hijos como intocables, personas a las que hay que defender y proteger en todo en momento. Esto genera niños y jóvenes que se convertirán en adultos con muchos miedos, incapaces de resolver un problema o actuar frente a una situación frustrante.
Si usted es de esos padres que se pasan resolviendo los problemas de sus hijos, diciéndoles qué deben hacer y cómo deben actuar; o evitando que su hijo se enfrente a una situación difícil, lo invito a que repase bien sus actuaciones.
El mensaje que su conducta le da a ese hijo es: “No puedes hacerlo solo”. Y seguramente no hay nada menos alentador, que un hijo que crece pensando que nunca es capaz de hacer algo bien.
TOMAR LAS RIENDAS DE LA VIDA
¿Se imagina usted a alguien tomando las riendas de su vida, si no está dispuesto a tender su propia cama? Resulta difícil creer que quien no tuvo ningún nivel de responsabilidad de pequeño, sea capaz de asumir retos mayores en su vida adulta.
Pero si construimos un caminito largo, compuesto de pequeños pasos, llegaremos al momento en que los hijos sean capaces de tomar decisiones de otra naturaleza.
Sin duda, una y otra vez nos abordará el miedo: ¿estará listo?, ¿qué pasa si se equivoca?. Es lógico que, como padres tengamos dudas y queramos ahorrarles la frustración del error. Ante esto, el diálogo sincero y confiado, como antecedente a cualquier decisión que tomen, es la mejor herramienta.
Así, si hemos trabajado construyendo esa identidad autónoma, debemos confiar en ellos y darles el espacio necesario, para que puedan decidir con libertad; y, ejecutar con valentía.
CONCLUSIÓN:
El camino hacia educar adultos responsables empieza en casa con el ejemplo de los padres; y, su exigencia constante y amorosa, para que sean capaces de encargarse de tareas cotidianas, como entrenamiento para lograr grandes cosas en el futuro.


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