Estuviste presente cuando Pilato se lavaba las manos, cuando dejaba en manos del Sanedrín la vida de tu hijo amado, mi corazón quiere acompañarte, mi alma acongojada quiere consuelo, yo pidiendo consuelo y tu traspasada por una espada de dolor.
Y vas camino al Gólgota, Jesús con el madero y tu en cada paso acompañas a tu siervo doliente, Aquel pequeño a quien enseñaste a caminar, caía no una, no dos, tres veces por el peso de la Cruz. Tu compañía no faltó, tu corazón quería parar tal barbarie, pero el amor, nuevamente el amor, hacía que en medio del dolor halles paz, que paz trae al alma cuando aun sin entender hacemos la voluntad de Dios.
Parece que Jesús no puede más, y tu María, tú que eres música de Dios, tú que eres melodía pura de amor, lo acompañas, y lo increpan, y lo agreden, y lo golpean, y lo injuria, pero El sigue. Misterio de misterio, milagro de amor tan inmenso, todo un Dios, sufriendo por amor.
Madre enséñame a orar, enséñame a unir mi dolor como tú uniste tu dolor al corazón de Jesús, enséñame que el consuelo más pleno para el alma es poder consolar al que sufre, el mejor consuelo es morir a mí mismo, a mi querer y pensar en el que necesita consuelo.
Hecha un mar de lágrima Madre, ves la hora que se acerca, la redención ya llega, la promesa de la liberación está por consumarse. Oh, Madre el cordero va llegando a su lugar de degüello, tu dolor es grande, en palabras de San Alfonso María de Ligorio, tú sufrías en tu corazón lo que Jesús sufría en su cuerpo. Madre de dolores, Reina traspasada por una espada, Madre amable, como sufres, Madre admirable como amas.
La hora Sexta
La hora sexta ha llegado, y el cielo se ennegrece, ya Jesús está en el lugar donde el árbol de la cruz se clavará, la humanidad contempla, yo a tú lado madre abrazarte y consolarte quiero, oremos juntos Madre porque tu dolor debe ser mi dolor, madre porque quiero desde hoy orar y reparar, quiero junto a ti descubrir la grandeza y la bondad del amor de un Dios que nos ha amado sin medida, de un Dios cuyo extremo amor tiene forma Cruz.
La tarde se pone, el mundo observa, la cruz es escuela de amor, la cruz es escuela de fe, y tu corazón es cátedra de silencio, cátedra de paz, cátedra de recogimiento.
Cuanto tengo que aprende de ti María, cuanto debo aprender a depositar mis dolores en tu corazón. Cuanto debo aprender a confiar en el divino precepto como tu lo hiciste. Enséñame, María, a poder amar como tú amas, y a abrazar ardientemente le voluntad de Nuestro Señor.
Jesús clavado, oh feliz culpa que me mereció tan grande Redentor, y tú María contemplas, revélame, Madre tu corazón en este momento, quiero sentir lo que tu sientes, quiero aprender a amar con intensidad, quiero poder amar lo que Dios quiere para mí, así como tú amaste cada instante la voluntad de Dios Padre. Quiero orar junto a ti, quiero a la luz de tu corazón Inmaculado poder ser grato a milagro de amor tan grande.
Enséñame, María!

