Este 9 de julio, en el marco de su aniversario 107 como Reina y Patrona de Colombia, los jardines de la Ciudad del Vaticano se vestirán de fiesta para la solemne ceremonia de Entronización de la Imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. Un hito que lleva la fe de un pueblo entero al corazón de la Iglesia universal. Pero, ¿cómo empezó esta historia de amor y devoción que ha cruzado fronteras?
Los orígenes: un lienzo humilde de 20 pesos
La tradición nos cuenta que entre los primeros conquistadores del Nuevo Reino de Granada se encontraba Antonio de Santana, encomendero de los pueblos de Suta y Chiquinquirá, quien guardaba una profunda devoción por la Virgen del Rosario. Para su pequeña capilla en Suta, Santana deseaba una imagen de la Madre de Dios.
- El encargo: El fraile dominico Andrés Jadraque viajó a Tunja y le encomendó la tarea al pintor Alonso de Narváez.
- La obra: Narváez pintó la imagen en un lienzo de algodón de $1,26 \times 1,13 \text{ cm}$, tejido por manos indígenas. Utilizó una mezcla de tierra de colores y zumo de hierbas y flores.
- Los acompañantes: Como en el lienzo sobraba espacio a los lados, Alonso pintó a la derecha a San Antonio de Padua (por el encomendero) y a la izquierda a San Andrés Apóstol (por el fraile).
Por este humilde lienzo, el encomendero pagó 20 pesos. La imagen se expuso en el altar de una modesta capilla pajiza. Sin embargo, tras la muerte de Santana, su viuda se trasladó a Chiquinquirá entre 1577 y 1578. El lienzo viajó con ella, pero el tiempo no perdonó: la pintura se deterioró tanto que terminó arrumbada y olvidada en un cuarto que antes servía como oratorio.

Un nuevo comienzo: el milagro de la luz
Al comenzar el año 1586, una piadosa mujer sevillana llamada María Ramos llegó a Chiquinquirá. Al ver el viejo oratorio, decidió repararlo y, con profundo respeto, colgó en el mejor lugar de la capilla aquella deteriorada y borrosa pintura de la Virgen.
El 26 de diciembre de 1586 ocurrió lo impensable. María salía de la capilla cuando Isabel, una mujer indígena, junto a su pequeño hijo, gritó con asombro: “¡Mire, mire, Señora!”.
Al girar la mirada, el calvario del lienzo se había transformado. La imagen aparecía rodeada de resplandores vivos. Sin explicación humana, los colores y el brillo original reaparecieron con una viveza celestial; los rasguños, remiendos y agujeros de la tela habían desaparecido por completo.
Con este asombroso prodigio nació una devoción inquebrantable. El Papa Pío VII la proclamó Patrona de Colombia en 1829, y en 1919 recibió la coronación canónica gracias al decreto del Papa Pío X.

Testigos de su gracia: Los Papas al pie de la Virgen
A lo largo de los años, el Santuario custodiado por los dominicos ha sido el epicentro de la fe colombiana, recibiendo visitas ilustres que han dejado su oración a los pies de la Madre:
- El Beato Álvaro del Portillo (1983): Cumpliendo un deseo entrañable de San Josemaría Escrivá, visitó el Santuario, rezó el Rosario y, mirando fijamente el cuadro, consagró en voz alta a todos los miembros del Opus Dei en el mundo. Antes de irse, encendió cuatro velas por sus intenciones más íntimas.
- San Juan Pablo II (1986): Visitó la Basílica y consagró a Colombia entera a la Virgen, pidiendo con unción por “el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios y la reconciliación”.
- El Papa Francisco (2017): El lienzo fue trasladado de forma extraordinaria a la Catedral Primada de Bogotá para presidir el encuentro de oración durante la visita apostólica del Santo Padre.

Un milagro en primera persona: El susurro de una madre
La historia de la Virgen de Chiquinquirá no se quedó atrapada en el siglo XVI, ni pertenece solo a los grandes acontecimientos históricos. Ella sigue manifestando su amor en los momentos más oscuros de nuestras vidas.
Cuando mi hija tenía apenas dos años y medio, se enfrentó a una neumonía severa tan devastadora que le perforó el pulmón izquierdo. El diagnóstico médico fue una sentencia demoledora: las probabilidades de vida eran casi nulas. La ciencia había bajado los brazos, pero la fe de mi familia —en especial la de mi madre— se mantuvo en pie.
Con el corazón en la mano, mi mamá le entregó la niña a la Virgen de Chiquinquirá, suplicándole una sanación total. Veinticinco días después, el milagro se hizo luz. Los mismos médicos que nos habían dicho que no sobreviviría, tuvieron que aceptar, con asombro, que lo que tenían al frente era un auténtico milagro.
Hoy, esa pequeña tiene 30 años, goza de plena salud y lleva en el alma un amor profundo por la Virgen María. Como manda la hermosa tradición de gratitud en nuestra Colombia, en cuanto se recuperó del todo, la llevamos a su Santuario en Chiquinquirá para darle las gracias. Ella nos devolvió la vida, y desde entonces, nuestra gratitud es eterna.
Oración a Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá
Ruega por nosotros ahora. Concédenos el don inestimable de la paz, la superación de todos los odios, rencores y la reconciliación de todos los hermanos.
Que cese la violencia, que progrese y se consolide el diálogo y se inaugure una convivencia pacífica.
Que se abran nuevos caminos de justicia y de prosperidad.
Te lo pedimos a ti, a quien invocamos como Reina de la Paz.
Sé para nosotros puerta del cielo, vida, dulzura y esperanza, para que juntos podamos glorificar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Amén.
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