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VOLAR ALTO CON JESÚS

En el mundo muchas personas viven habitualmente con  una parálisis espiritual. Se ha acostumbrado a vivir así y les parece normal. Habría  que  hacerles ver de lo que se están perdiendo al no conocer a Dios.  No es solamente un reconocimiento sino la conquista de una vida llena de virtualidad, alegría y paz, que además está dirigida al fin que hace  felices a las personas,  que es el cielo. Nos toca sacar a  muchas personas de este “reumatismo” espiritual en que se encuentran y hacerles ver  que podrían adquirir la agilidad que les hace útiles para hacer el bien a los demás.

“En Jerusalén estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos; estaba también un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, Jesús al verlo le dice:

¿Quieres quedar sano? el enfermo le contesta, no tengo a nadie que mHe meta en la piscina, entonces Jesús le dice: toma tu camilla y echa a andar”

En el mundo viven millones de personas que padecen una enfermedad espiritual por la presencia de pecados ocultos que no han podido ser extirpados, muchos no lo saben y están atrapados por ese mal que no los deja en libertad y los limita bastante.

Hay que recordar que el pecado puede ser material o formal, el  material no es culpable y el formal si tiene una culpabilidad  porque la persona es consciente que está pecando, reconoce que se ha portado mal y que ha ofendido a Dios.

En cambio, el que ha pecado de modo material, sin conocimiento y por tanto sin culpabilidad, sufre también las consecuencias del pecado.

EL  PECADO SIEMPRE HACE DAÑO

El pecado siempre hace daño sea material o formal. 

Son miles y tal vez muchas más, las personas que tienen una ignorancia religiosa, porque nadie les enseñó el catecismo y viven como si Dios no existiera, pero para esos casos habría que advertir que también existe una ignorancia culpable cuando esa persona tuvo la oportunidad de salir de la ignorancia y no quiso, tenía los medios y no las aprovechó, es como alguien que tiene una grave enfermedad y no quiere enterarse, no quiere ir al médico, no quiere reconocer esos síntomas que van a terminar con su vida si no los corrige.

Así también hay personas que viven cerrando los ojos a la realidad de su propia vida y que no quieren ver su interioridad, tienen una aparente tranquilidad y no se dan cuenta de sus limitaciones y del peligro en que se encuentran.

El personaje del evangelio de hoy llevaba treinta y ocho años enfermo y limitado, prácticamente habría aceptado vivir así,  ya no hay remedio, yo soy así, yo tengo estas limitaciones, yo estoy así tranquilo.

Hoy hay mucha gente que acepta sus limitaciones no por humildad, sino por ignorancia, si nosotros vemos que alguien se encuentra en esa situación habría que decirle con mucho cariño: sal de esa situación, no te quedes así, tú puedes mucho más, te estás quedando y piensas que así estás bien porque no conoces que podrías estar mucho mejor.

SI CONOCIERAS EL DON DE DIOS

 En los evangelios encontramos un pasaje el de la samaritana cuando el Señor conversa con ella y se da cuenta de las grandes limitaciones que tenía por la acumulación de sus pecados y entonces el Señor suspira y le dice:

“Ay si conocieras el don de Dios”.

A muchas personas habría que decirles: no sabes lo que te estás perdiendo, si no conoces a Dios no sabes lo que te pierdes y además te puedes perder llegar al cielo, a la vida eterna de felicidad, abre los ojos  para que te des cuenta de la realidad.

Este hombre que llevaba 38 años enfermo tuvo la suerte de encontrarse con Jesucristo que cambió totalmente su vida.

VIVIR DE  ACUERDO A LA  VERDAD

Aunque uno lleve tiempo lejos de Dios, que es estar lejos de la verdad y le parezca que no tiene remedio, se equivoca, siempre tiene remedio, siempre hay remedio y vale la pena no sólo descubrir la verdad, sino vivir conforme a ella.

Y es una forma de vivir que le da armonía a la existencia, suena como una nueva música que es tremendamente agradable, grata y se enciende como una chispa que nos mueve a hacer muchas cosas maravillosas.

El Papa Juan Pablo II le decía a los jóvenes en Tor Vergata, con esas palabras de Santa Catalina de Siena: “si sois lo que debéis ser, prenderéis fuego todo el mundo” que es el fuego del amor de Dios y también San Josemaría decía: “Ese fuego que llevamos en el corazón para incendiar los caminos del mundo de la Tierra de amor de Dios”.

También nos  decía san Josemaría: “De que tú y yo nos portemos como Dios quiere, no lo olvides, dependen muchas cosas grandes”.

Si nos portamos como Dios quiere, muchas cosas grandes pueden venir y no nos podemos ni imaginar todo el cúmulo de cosas buenas que pueden venir si caminamos con Dios,  si caminamos con Jesucristo.

DIOS  NOS LLENA  DE  ALEGRÍA

quejas

Dios no nos arrastra, no nos jala como a un bulto, nos convierte en atletas para ganar las mejores competencias del mundo y llenarnos de alegría.

Este personaje del evangelio que llevaba 38 años con su parálisis rejuveneció, con Dios se rejuvenece y crece la capacidad de hacer más.

A veces trata de hacer solo un poco más, ajustar un poquito más los tornillos que están flojos, ir un poco más deprisa para llegar antes, ser un poco más generoso con las personas y tener detalles pequeños o dar un poco más de nuestro tiempo para ayudar a alguien que lo necesita. Son pequeñas cosas.

CON DIOS ADQUIRIMOS AGILIDAD QUE NOS HACE HUMILDES Y SENCILLOS

felicidad

Con Dios adquirimos una agilidad que nos hace humildes y sencillos, no es la agilidad del que busca un liderazgo de protagonismo, no son las ambiciones del vanidoso que quiere ser aplaudido por sus logros y que su nombre sea escrito en la historia.

Se trata del agilidad del que pone todos sus esfuerzos y sus recursos para ayudar, para servir a los demás, sin buscar nada para él, es la agilidad del que sabe olvidarse de sí mismo, de sus cosas, de sus ilusiones, de su cansancio, incluso haste de su salud porque tiene su cabeza y su corazón en la vida de muchas personas o de algunas personas que quiere y procura darles la mano en lo que haga falta con espíritu de sacrificio.

Siempre encontramos un prójimo necesitado, un herido en el camino, que es un reto para que nosotros pongamos amor.

Es esa misma agilidad que vemos en Jesucristo que va por delante abriendo camino, pero no va con armas de violencia, haciendo daño para conquistar algo con la fuerza.

LA FUERZA DE JESÚS ES EL AMOR

 La fuerza de Jesucristo es el amor. Por donde pasa siembra paz y alegría; las personas que siguen en Jesucristo por donde pasan siembra paz y alegría, que es conseguir que las personas se perdonen, se comprendan, se amen y se llenen de esa fuerza grande para hacer el bien y conseguir las mejores cosas para los demás.

Es ver a Cristo en las personas llenas de alegría que se dan a los demás para conseguir sembrar paz y alegría, ser buenos sembradores de paz y alegría por donde pasan.

El paralítico que amó a Jesús y que Jesús curó, no se quedó simplemente con sus piernas curadas, con el triunfo de poder caminar, sus piernas le sirvieron para caminar con Jesús y poder llegar a las metas altas, que son la salvación de muchas almas.

ES HORA DE LEVANTARSE Y LLEVAR MÁS ALMAS A CAMINAR  CON JESÚS

La Virgen María es la criatura más ágil, la que más rápido camina, la que nos hace ir más rápido, ya no podemos estar paralíticos, ya no podemos estar sentados en un sillón, es la hora de levantarse, de salir a la calle, allí nos espera el Señor para que ayudemos a muchas almas, a mucha gente a caminar más rápido y a mirar al cielo.

A vivir mirando la meta donde todos tenemos que llegar, que es el cielo y a poner los medios que Dios nos alcanza a través de la Iglesia, que el arca de salvación, hasta que llegue el día de encontrarnos con Dios cara a cara y con Nuestra Madre la Virgen María.

 

 


Citas Utilizadas

Ezequiel 47, 1-9, 12

Salmo 45

Juan 5, 1-16

San Josemaría

Reflexiones

Ayúdame Señor a mirar siempre al Cielo y a ser sembrador de paz y alegría para que muchos caminen también Contigo.

 

Predicado por:

P. Manuel Tamayo

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