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¿VIVEN O VIVO?

Jesús te invita a vivir esta Pascua como los suyos vivieron la primera: descubriéndole vivo en la Eucaristía. Todos pensaban que había muerto, ellos descubrieron que lo tenían vivo en el pan vivo.

VIVEN

Viven” (Alive) fue el título de la película que contaba la dramática experiencia de aquel equipo uruguayo de rugby que tuvo el fatal accidente en la cordillera de los Andes y de la que pocos sobrevivieron. 

Recientemente salió a las pantallas una versión más moderna y desde otra perspectiva que se llama “La sociedad de la nieve”, tal vez esa te suena más. Pero me quedo con el título de la película anterior, porque todos los dieron por muertos, después de 9 días de búsqueda y, sin embargo, dos de ellos consiguen realizar la travesía de 12 días hasta encontrar ayuda. 

Los daban por muertos, pero ellos les hacen ver que algunos todavía viven, “Viven”…

YO SOY EL PAN VIVO

“A Ti Jesús, todos te dieron por muerto el viernes. Fue hasta el domingo que, resucitado, saliste al encuentro del grupo de tus más íntimos. Fueron ellos los que pudieron decir que no estabas muerto, sino vivo”.

Pensaba en esto mientras leía el evangelio: Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

Pan vivo, ¡vivo!

También pensaba en qué nos dirías a nosotros ahora, siglos después de aquel primer domingo. Creo que nos dirías lo mismo: “Yo estoy vivo. Yo soy el pan vivo.” 

CARTA DE JESÚS

pensé ti

 

Y resulta que me encontraba con una carta de Jesús dirigida a mí, a ti. 

Dirigida hoy, en este siglo, en este día. Te la leo:

¡Hola amigo! ¿Qué tal te va la Pascua? (…) ¿Qué es para ti la Pascua…? Me gustaría que fuera una oportunidad de encontrarnos los dos y hablar de las cosas bonitas de la vida, del alma, de la tierra, del cielo… La persona que se toma en serio la Pascua ha de vivir de otra manera, como de otra manera vivió mi pueblo desde la primera Pascua. Como también empezaron a vivir la vida nueva mis amigos primeros una vez que comprendieron de verdad en la Pascua que Yo estaba vivo, y que me podían encontrar cada día en la Eucaristía.

En este tiempo se habla de muchas cosas: alegría, esperanza, cambio, resurrección… Y todo eso es correcto. Yo quiero que estés alegre, y que tengas esperanza, y que experimentes un cambio profundo en tu alma, y que resucites de tus muertes… (…) Pero yo quiero hablarte hoy de algo que dejé a la Iglesia y al mundo entero, y que muchos todavía no se han enterado. Me refiero a la Eucaristía.

Mi presencia en el Pan consagrado, en el Sacramento del Amor, en la celebración pascual de cada día en el altar, en mi “casita” del Sagrario en donde vivo muy cerca de ustedes. El mundo busca prodigios, los creyentes reclaman milagros, y el milagro diario de la Eucaristía no les llama la atención a la gran mayoría.

En cierto modo lo comprendo, porque esa transformación tan substancial que experimenta el Pan consagrado, gracias a mis palabras que pronuncia el sacerdote, no es algo espectacular, mágico, llamativo… No lo es porque no es eso lo que Yo pretendo. No olvides que yo no soy un “mago”. Ni mis sacerdotes tampoco. No quiero que la gente se quede sorprendida por un prodigio que se impone por la evidencia a través de los sentidos.

No, la Religión no es “malabarismo”, ni juego de luces, ni fenómenos extraños, ni emociones fuertes… (…) La religión no es eso, porque todo eso se queda en el puro fenómeno psicológico, o si quieres parasicológico. Yo vine ofreciendo algo más sencillo, más profundo, más auténtico, más real, más sobrenatural, y al mismo tiempo más humano.

La Religión es la relación amorosa entre los hombres y Dios. Entre tú y Yo. Es la presencia Nuestra (de la Trinidad Santísima) en sus vidas. Es sencillamente un encuentro amoroso entre el Creador y la criatura, entre el Padre y los hijos, entre el Amigo y los suyos, entre nosotros. Por eso quise quedarme en la Eucaristía, para hacer más posible esta realidad. (…)

No lo dudes, en la Eucaristía estoy Yo vivo. De un modo real y no simbólico, como algunos piensan. Por eso este tiempo de Pascua, en el que celebramos mi Resurrección, celebramos también mi presencia junto a ustedes en la Eucaristía. En el santo sacrificio del Altar, en la comunión y en el sagrario, te espero a ti con la ilusión de pasar juntos un buen rato, y ofrecerte mi ayuda.

Los que reciben Mi Cuerpo en las debidas condiciones de aprovechamiento espiritual, tendrán Vida Eterna, vivirán para siempre. Todo esto no es fácil de comprender.

Cuando yo anuncié que me iba a dar en comida oí que algunos decían “duras son estas palabras”, y muchos se marcharon porque me tomaron por loco. Pero Yo no podía decir lo contrario a la Verdad. Y le dije a los míos: “¿Ustedes también quieren marcharse?”. Mi amigo querido Pedro dijo con toda su alma: “Señor, ¿A dónde vamos a ir? ¡Sólo Tú tienes palabras de vida eterna!”.

Yo te invito a esta fiesta de Pascua que es la Eucaristía. Y a que comas mi Cuerpo con hambre y amor. Y a que pasemos ratos de conversación junto al Sagrario. Y a celebrar con gozo la Acción de Gracias en torno al altar. No me falles. Díselo a los tuyos. No quisiera que perdieran la ocasión de vivir intensamente Mi presencia, y me dejaran a Mí solo, sin la alegre compañía de mis amigos.

Te doy Mi Bendición y mi abrazo de Paz.

Tu amigo, Jesús” (cfr. Cartas de Jesús a ti, Juan García Inza).

ESTÁ VIVO Y TE ESPERA

Señor mío, Hola Jesus

¡Vaya carta! Piénsalo. Está vivo. Y te espera. Para darte vida. Para que no mueras…

Jesús, nos lo vive diciendo. Lo mismo que hace siglos: “Yo estoy vivo. Yo soy el pan vivo.” 

Lo sigue diciendo porque parece que lo olvidamos con facilidad… Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.

Teniendo en mente la carta, ésta que te acabo de leer y sabiendo que “la Religión no es “malabarismo”, ni juego de luces, ni fenómenos extraños”, te cuento lo que en alguna ocasión ha tenido que hacer Jesús…

MILAGRO DE JESÚS NIÑO EN LA EUCARISTÍA

Esto que te comparto sucedió en una ciudad al sur de Chiclayo llamada Eten, en Perú.

«la primera aparición del Divino Niño en el Santísimo Sacramento ocurrió la noche del 2 de junio de 1649, durante las vísperas y la exposición solemne por la fiesta del Corpus Christi. Al finalizar la celebración, el monje franciscano Jerónimo de Silva Manrique, al devolver la custodia al sagrario, se detuvo de inmediato. En la sagrada Hostia había aparecido el rostro brillante de un Niño, cuyos bucles castaños le caían hasta los hombros. Todos los fieles presentes tuvieron la misma visión’.

Unas semanas más tarde sucedió algo similar:

Según el testimonio del hermano Marcos López, superior del convento en Chiclayo, durante la exposición del Santísimo «el Divino Niño Jesús se apareció otra vez en la Hostia, vestido con una túnica púrpura, bajo la que llevaba una camisola hasta la mitad del pecho, según la costumbre de los indios sudamericanos». Mediante este signo, el Divino Niño quería identificarse con los mochicas que poblaban Eten, para demostrarles su amor.

En la misma aparición, que se prolongó unos quince minutos, muchos vieron también en la forma tres pequeños corazones unidos entre sí, que simbolizaban a las tres personas de la Trinidad Santísima: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Hasta hoy, la fiesta en honor del milagro del Divino Niño de Eten sigue atrayendo cada año a miles de fieles»” (León XIV, Matthew Bunson).

Por cierto, dicen que el P. Robert Prevost ha sido un defensor de la autenticidad de este milagro eucarístico.

Ahora, creas en el milagro o no creas, lo que yo sí te digo es que Jesús está vivo en la Eucaristía. Jesús es el pan vivo. Ese es el gran milagro.

No me cabe duda de que nuestra Madre santa María, se llenaba de gozo en la primera Pascua al recibir a su Jesús en la Eucaristía, porque lo recibía vivo. Solo lo había experimentado así durante los 9 meses de embarazo, y resulta que ahora lo podía tener cada vez que comulgaba.

 

 

 


Citas Utilizadas

Hechos de los apóstoles 8, 26-40 Salmo 65

Juan 6, 44-51

Cartas de Jesús a ti, Juan García Inza

León XIV, Matthew Bunson

Reflexiones

Te adoro con devoción Dios escondido

 

Predicado por:

P. Federico

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