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P. Federico

6 min

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VIENE EL SOL

Comienza el Adviento: viene el Hijo del hombre, el Sol naciente. Deja que ilumine esos rincones oscuros que tienes.

ADVIENTO

“Estén también ustedes preparados, porque a la hora que menos piensen viene el Hijo del Hombre”.

(Mt 24, 44)

Jesús nos anuncia que viene, y la Iglesia grita: “¡Ven, Señor Jesús!”

Lo hemos repetido muchas veces tú y yo, en cada Misa a la que hemos asistido: “¡Ven, Señor Jesús!”

El domingo pasado celebramos la fiesta de Cristo Rey. Y ahora, este domingo, nos encontramos con esas palabras: “viene el Hijo del hombre”. Viene el prometido por los profetas, el Mesías esperado, viene a alumbrar el mundo que se encuentra en tinieblas.

Tú y yo podríamos pensar: “¿pero ya vino, no…?”

  • Si y no.
  • Ya vino y viene.
  • Porque no todo se ha dejado redimir, iluminar. No todos le han acogido. Tú mismo, yo mismo…

Hay mucha luz en tu vida: amas a Dios, te confiesas, comulgas, rezas y conoces el Amor divino. Pero hay también, dentro de ti, muchas zonas de sombra: Esa soberbia (porque piensas que siempre tienes razón), ese rencor que te impide perdonar, ese egoísmo que te hace ir «a lo tuyo», esa sensualidad que te ata a la carne… Esas heridas que no se han cerrado, esa tristeza que nunca se marcha, esa pesadez de espíritu parecida a la angustia…

Sitúate allí, donde parece que Dios no estuviera. Y, desde allí, llámalo: «¡Ven!». Y, también desde allí, escucha: «¡Viene el Señor!». Llénate de esperanza. Ha comenzado el Adviento

(cfr. Evangelio 2025, José-Fernando Rey Ballesteros).

LION KING

Lion King

Probablemente una de las películas más vistas en la casa de mis papás fue “Lion King” (El rey león).

Habíamos comprado la película y mis hermanos menores la ponían una y otra vez. Al punto que llegué a memorizar muchos de sus diálogos sin querer. Al inicio de la película Mufasa lleva a Simba a la cumbre de la colina donde viven. Desde ahí se ve la sábana iluminada por el sol recién salido. 

Mufasa aprovecha la escena y le dice: “Todo lo que toca la luz es nuestro reino”. Simba se sorprende “¡Wow!”. “Todo lo que la luz toca (…) ¿y qué pasa con aquellas sombras de allá?” le pregunta, “Eso está fuera de nuestras fronteras. Nunca debes ir ahí Simba.”

MUCHA LUZ Y MUCHAS ZONAS DE SOMBRA

Mucha luz y muchas zonas de sombra. Somos hijos del Rey. Pero hay zonas, en nuestras vidas, en nuestras almas, que no le pertenecen a su reino, por lo menos no todavía.

Este es el momento para iluminarlas. 

El Adviento trae la Luz,

el Sol naciente nos visitará desde lo alto, para iluminar a los que yacen en tinieblas y en sombra de muerte”

(Lc 1, 78-79)

O como lo dice San Juan en el prólogo de su Evangelio:

El Verbo era la luz verdadera, que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo”

(Jn 1,9). 

Más claro no puede estar: viene. Tú y yo vamos a dejarle iluminar esos rincones oscuros de nuestras vidas, de nuestras almas. Que los tenemos, ¡seguro!

¡VEN SEÑOR JESÚS, A LOS RINCONES FEOS QUE TENGO!

Niño Dios

Hace poco me acordaba de algo que la Beata Guadalupe Ortiz de Landázuri escribía a san Josemaría en una carta en la que le habría su alma:

 “En muchas cosas estoy equivocadísima, y soy tan tonta que muchas veces sin ninguna experiencia digo lo que se me ocurre con una seguridad que es hasta molesta, esto lo suelo hacer sin darme mucha cuenta y luego lo comprendo y rectifico. 

En general estoy dándome cuenta de defectos muy grandes que casi ni conocía. Tengo, por ejemplo, un espíritu de contradicción muy grande y con mis ideas un poco raras a veces (por llevar la contraria) doy ocasión a pequeñas discusiones entre nosotras. ¡Qué de rincones feos tengo! Y tengo tantas ganas de quitarlos que cuando me doy cuenta y (…) lo digo (…) me parece que ya no lo volveré a hacer, y antes de un minuto he caído” (Carta del 31-XII- 1945 Madrid en Letras a un santo, María del Rincón y María Teresa Escobar). 

Y fíjate que lo dice una mujer santa…. Nosotros, seguro, que podemos decir lo mismo: “¡Qué de rincones feos tengo!”, ¡qué de rincones oscuros!

“¡Ven, Señor Jesús!”.

QUEREMOS ESTAR PREPARADOS

Por qué te preparas en el Adviento

Queremos estar preparados para cuando el Señor venga, y no solo en el “final de los tiempos” del que hablas, Jesús, en el evangelio. Si no en esta Navidad. Porque vienes. Y nosotros te decimos: “¡Ven, Señor Jesús!”.

Ven a iluminar esos rincones oscuros que tengo. Esos que se resisten, en los que me resisto…

Es muy interesante la historia de Bucéfalo, aquel caballo que sólo Alejandro Magno era capaz de montar. Todos los que lo intentaban eran incapaces de mantenerse  más allá de unos pocos segundos. El animal caracoleaba, se encabritaba y enseguida daba en el suelo con todos sus jinetes. Alejandro supo observarlo con atención y enseguida descubrió el secreto de aquel indómito corcel. Entonces se acercó, agarró las riendas y lo puso frente al sol. Lo acarició, soltó su manto y de un salto montó sobre él y lo espoleó con energía. Controló los corcoveos, sin dejarle apartarse de la dirección del sol, hasta que el animal se calmó y siguió su marcha a paso lento y tranquilo. 

Sonaron los aplausos, y dicen los historiadores que, al verlo Filipo, su padre, vaticinó que el reino de Macedonia que él poseía se quedaría pequeño para la gloria a la que estaba llamado su hijo.

¿Cuál era aquel secreto que sólo Alejandro supo descubrir? Fue algo muy sencillo. Se dio cuenta de que aquel caballo se asustaba de su propia sombra. Bastaba con no dejarle verla, con enfilar sus ojos hacia el sol para que aquel atormentado animal se olvidase de sus miedos” (Alfonso Aguiló, Carácter y acierto en el vivir).

PONER NUESTRAS COSAS FRENTE AL SOL NACIENTE

Se trata de poner todas nuestras cosas viendo de frente a ese Sol naciente que nos visitará desde lo alto. Mostrarle esos rincones a Dios, dejarnos de miedos y decidirnos a cambiar. 

Tal vez, incluso antes de eso: reconocerlos. Reconocerlos con humildad ante Dios. Y reconocerlos con humildad ante nosotros mismos. Porque a veces nos da miedo voltear a ver esos rincones oscuros, nos parecen ingobernables… 

O, cuando hemos intentado iluminarlos por nuestra cuenta hemos fracasado; incluso puede que nos hemos frustrado y hasta molestado con nosotros mismos, con nuestros intentos fallidos…

No se puede vivir obsesionado por las sombras y asustándose de ellas. Fracasos tenemos todos, todos los días. Lo malo es cuando uno considera que el potro de su vida es imposible de dominar, cuando arroja la toalla en vez de fijarse en cuáles son las verdaderas causas de sus cansancios e inhibiciones. 

Si examinamos las cosas con cuidado, quizá concluyamos que, como Alejandro, hemos de tomar las riendas con decisión y mantener la mirada de cara hacia el ideal que alumbra nuestra vida” (Alfonso Aguiló, Carácter y acierto en el vivir), hacia ese Dios que viene a nosotros en Navidad.

Puede que aun así nos cueste, o que nos dé pena. 

Pues mira, hoy comienza la Novena a la Inmaculada Concepción. 

Tal vez el primer paso es mostrarle esos rincones oscuros a nuestra Madre, no por nada le llamamos “Estrella de la mañana”, esa que es la última que se ve antes de mirar el Sol.

Viene Jesús, pero ahora vamos a tener a su Madre, Madre Nuestra ilumina tú y prepáranos para recibir ese Sol que nos va a iluminar y nos puede ayudar a cambiar en todo lo que necesitamos.

 

 


Citas Utilizadas

Isaías 2, 1-5

Salmo 121

Rom 13 11-14

Mt 24, 37-44

cfr. Evangelio 2025, José-Fernando Rey Ballesteros

Lc 1, 78-79

Jn 1,9

Carta del 31-XII- 1945 Madrid en Letras a un santo, María del Rincón y María Teresa Escobar

Alfonso Aguiló, Carácter y acierto en el vivir

Reflexiones

Ven Señor, a iluminar esos rincones oscuros que tengo. Esos que se resisten, en los que me resisto…

 

Predicado por:

P. Federico

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