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UNIDAD EN EL AMOR

En el sexto día del decenario al Espíritu Santo, oímos a Jesús pidiendo por nuestra unidad con Dios y entre nosotros.

IMAGEN DE DIOS

Antiguamente uno de los modos de representar a Dios era con una esfera. La esfera perfecta, una esfera totalmente lisa, sin ningún tipo de partes, porque precisamente, uno de los atributos más conocidos de Dios es la unidad y la unidad es tan perfecta que no tiene partes distinguibles.

Además la esfera también representa esa imagen, esa idea de que Dios no tiene ni principio ni fin. Uno no sabe dónde empieza la esfera y dónde termina. Resulta que por eso en algunas algunas iglesias hay cúpulas que intentan, en la medida de lo posible imitar esas esferas, unas medias esferas, como imagen de Dios.

Aprovechamos esta imagen para considerar el día de hoy un mensaje importantísimo de Nuestro Señor Jesucristo, porque vamos a recordar que Jesucristo antes de irse de este mundo no está pensando en hacer grandes milagros, porque eso ya los hizo. 

Tampoco está allí lanzando líneas estratégicas de evangelización, porque confía por supuesto en la fuerza del Espíritu Santo. No. 

Cuando Jesús está a punto de irse de este mundo está sumido en oración y en una oración muy íntima. Y en esa oración, de la cual tenemos vestigio por el Evangelio de San Juan tantas veces, por ejemplo en la misa del día de hoy, resulta que nos damos cuenta de que lo que más le preocupa somos nosotros. 

Dice,

«No sólo ruego por éstos»,

es decir, por los discípulos que tiene delante de sí, pero

«también por todos nosotros»,

por toda la humanidad.

«No sólo ruego por éstos, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos». 

POR TI Y POR MI

Caray, qué asombroso de nuevo. Si tú y yo estuviésemos ya con una sentencia de muerte, si tú y yo supiéramos que ya nos quedan pocas horas de vida, claro, ¿cómo sería nuestra oración para Dios? ¿Qué sería lo que más nos preocuparía? ¿Cuál sería el asunto más urgente que quisiéramos conversar con Dios? (…)

Y ahí está el Señor a punto de ser entregado a los judíos y resulta que Jesús lo que está orando es por ti y por mí, por esta generación. ¿Y qué es lo que pide? No pide que le quiten el suplicio, ya sabemos la oración de Jesús en el Huerto de los Olivos. No pide que tú y yo seamos más influyentes, más famosos, ni que tengamos miles de seguidores, ni que tengamos libertad absoluta de problemas económicos. Lo que pide para ti y para mí es unidad

«Que todos sean uno»,

dice Jesús en el Evangelio de hoy,

«como tú, Padre, en mí y yo en ti»

Es decir, que nosotros llamados a ser cristianos en medio del mundo, nosotros que tenemos que ser seguidores de Cristo, imitar a Cristo y seguir sus huellas, hoy nos está pidiendo que le sigamos especialmente en esto, en la unidad. Por supuesto, en la unidad con Dios, en la unión con Él, unión que sea cada vez más perfecta por el efecto de la gracia, pero también la unión entre nosotros. 

unidad en el amor

CONEXIÓN Y DESCONEXIÓN

Claro, este evangelio nos golpea con mucha fuerza, especialmente en estos tiempos como los actuales, porque vivimos en una época de conexión total y entonces pareciera que es buenísimo, porque si hay conexiones resulta que todo el mundo está muy conectado, pero también la tecnología ha avanzado tanto que esa conexión resulta que produce desconexión. 

Y el espectáculo es muy triste muchas veces, de una familia y están todos sentados a la mesa, cuando sucede, muy de vez en cuando, y la gente lo que está es mirando su teléfono. O no te digo de las fiestas… 

A mí me ha tocado a veces escuchar, que en las fiestas la gente a veces ni siquiera baila, que pueden estar mucha gente en una fiesta y la gente está conectada al teléfono totalmente. Y resulta que lo que debería unir termina desuniendo. 

Además, otro elemento más de los tiempos actuales es lo que sabemos de la toxicidad en las redes sociales, que hay como una especie ya de obsesión con llevar la contraria. 

Si alguien sube algo positivo o algo que es personal, entonces aparecen las famosas cadenas de trolls y la idea de la cancelación. Hay que cancelar a alguien. Vemos también que hay mucha división también por la política, familias divididas también por las redes sociales, incluso dentro de la Iglesia. 

GENERAR DIVISIÓN

Hay que encomendar y rezar muchísimo por la unidad dentro de la iglesia. Porque hay personas que se consideran mucho más tradicionalistas, personas que se consideran mucho más de vanguardia, o grupos que les gusta más este tipo de música litúrgica, y a otros que les gusta más bien la otra. Gente que le gusta más este estilo de misa que este otro, etcétera, etcétera. 

Existe cantidad de cosas que crean más bien división. El mundo está roto, pero el Señor nos enseña con esta oración del día de hoy que la solución no es que todos pensemos exactamente igual. La solución que nos presenta el Señor en el Evangelio de hoy es que todos seamos uno, como la Santísima Trinidad son tres personas diferentes entre sí, tres personas distintas, pero unidos de modo tal que la unidad es perfecta como la de una esfera. 

Claro, el Señor no está pidiendo entonces que tú y yo seamos precisamente como Dios, que seamos alguien que, lejos de añadir más ruido a las peleas, tenemos que ser principios de unidad. Por ejemplo, el Señor está rezando para que tú y yo seamos principio de unidad en nuestro grupo de amigos, que seamos quien intente siempre reconciliarnos en lugar de ver quién tiene la razón para tomar partido y entonces crear bandos dentro de un grupo que debería estar unido. 

El Señor está rezando para que tú y yo seamos uno, para que tengamos unidad en la familia, para que sepamos escuchar a pesar de que en la convivencia diaria pueden haber cosas que creen cierta distancia porque hay diferencia de criterio, diferencia de pensamiento, diferencia de modos de actuar o modos de decir las cosas. 

SER UNO

El Señor espera que tú y yo seamos principios de unidad también en la parroquia, que construyamos puentes, que unamos distintos estilos, distintas generaciones. El Señor está esperando que tú y yo seamos principios de unidad en la universidad, en el trabajo, en el colegio, que esto implica por supuesto defender la verdad. No podemos con afán de ser conciliadores renunciar a la verdad porque estudia en contra de Dios, pero al defender la verdad, defenderla con la caridad, sin agresividad y tampoco sin miedo. 

Además, el Señor en el Evangelio de hoy nos dice que esa unidad de la que está hablando, por la que está pidiendo en su oración el día de hoy, tiene un objetivo evangelizador que es espectacular, porque dice

«para que el mundo crea que Tú me has enviado»,

porque una de las cosas que más atrae es ver un grupo que está unido y al revés, una de las cosas que más repele es encontrarse con un grupo que más bien está dividido. 

En el Evangelio pues también escuchamos aquello de que,

«toda casa dividida entre sí e internamente quedará desolada».

Bueno el Señor nos está pidiendo que vivamos también esa unidad, que seamos fuentes de unidad precisamente para tener mayor eficacia apostólica. 

Cuando un grupo se ama de verdad a pesar de sus diferencias, porque es inevitable que aparezcan, el mundo pareciera que se detiene y dice “caray esto no es normal, esto no es tan común, no es lo habitual, aquí hay algo especial”. Obviamente tú y yo sabemos que eso especial tiene que ser Dios. El secreto es el amor. 

HACER UN EXAMEN DE CONCIENCIA

Jesús no nos está pidiendo con esta oración que tengamos una fuerza de voluntad heroica, que seamos súper tolerantes, lo que nos está pidiendo es que imitemos sobre todo ese amor. El amor que es el fundamento de la Santísima Trinidad y el amor a Dios que nos hace decir: “Señor yo voy a crear más unidad en mi trabajo, en mi familia, en mi parroquia, donde sea”. 

Vamos a llevarnos preguntas para hacer examen: ¿habitualmente yo soy causa de división o de unidad en los ambientes en los que estoy? ¿Cuándo fue la última vez que busqué reconciliarme con alguien en lugar de tener yo siempre la razón? ¿Yo dejo habitualmente que ese amor de Dios fluya en mí o me dejo llevar más bien con una facilidad tremenda por la ira, por la falta de paciencia, por el juicio crítico a los demás, porque me di cuenta de los defectos de las cosas que no amo? (…).

Vamos a pedirle especialmente al Espíritu Santo que es el que el que une, une a la Iglesia, une a los cristianos. Es el amor entre el Padre y el Hijo que también nos ayuda a tener ese amor nosotros, para hacer donde quiera que estemos, los principios de unidad. 

Ahora que estamos ya en el sexto día del tradicional decenario al Espíritu Santo, pues con mayor razón, pedir al Espíritu Santo que tengamos al menos en estos días de preparación a Pentecostés, esa ilusión por imitar el amor de Dios especialmente en la unidad.


Citas Utilizadas

Hch 22, 30; 23, 6-11

Jn 17, 20-26

Predicado por:

P. Rafael

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