VALOR DE LAS MONEDAS
Bueno visto el evangelio de hoy me entró una especie de curiosidad, porque claro, me fui a internet a revisar cuánto cuesta producir cada moneda.
Es decir, cuál es el valor material de las monedas y entonces claro lo que hice fue reducir la búsqueda solamente a las monedas así como más famosas, el dólar norteamericano, el dólar estadounidense y el euro.
Y entonces los datos son interesantes, porque lo que conseguí es que no hay una proporcionalidad, por ejemplo, en la moneda de un centavo norteamericano americano resulta que hay pérdida, porque para producir un centavo hace falta 3,69 centavos de de material y de costos de producción. Pero después hay otras que sí producen ganancias, porque cuesta 5 centavos construir una moneda de 10 centavos y algo parecido sucede con el euro.
Hay por ejemplo, monedas como la de un céntimo, que sale más caro producirla que el valor real de la moneda, pero después hay otras monedas como la de 2 euros que es al revés, es decir cuesta 5 céntimos producir una moneda de 2 euros, muy productivo, la verdad.
Claro, ¿por qué contaba todo? Esto es bueno porque nos habla del valor relativo de las monedas que es en parte lo que el Señor quiere comentar en el evangelio de hoy.
Está Nuestro Señor Jesucristo allí con los fariseos, que por supuesto se dan cuenta de que el Señor está comiendo con publicanos y pecadores que se reúnen con Él a escucharlo y los fariseos se indignan y murmuraban diciendo:
“este recibe a los pecadores y come con ellos”.
(Lc 15, 2)
LA OVEJA EXTRAVIADA
Y entonces Jesús aprovecha para decirles esta parábola, y la parábola tiene dos imágenes; una muy conocida que es la del pastor que tiene cien ovejas, se le pierde una y entonces va y busca esa que se le perdió, dejando las otras noventa y nueve en el desierto.
Y el mensaje final es clarísimo: la alegría del pastor cuando llega a casa, reúne a sus amigos y a los vecinos y les dice:
“alégrense conmigo, he encontrado la oveja que se me había perdido”.
(Lc 15, 5)
MONEDA PERDIDA
Y después hay una segunda parábola, que refuerza el mensaje de la primera, porque dice:
“así también les digo: Qué mujer tiene diez monedas y si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado hasta que la encuentra y cuando la encuentra reúne las amigas y a las vecinas y les dice: alégrense conmigo he encontrado la moneda que se me había perdido, pues les digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.
(Lc 15, 8 – 10)
AL SEÑOR LE INTERESAN TODAS LAS ALMAS
Vamos, el mensaje está carísimo, al Señor le interesan todas las almas y va a ser de todo lo que se pueda para que no se pierda ni una sola alma.
Aquí no es tanto una imagen de ovejas o de monedas, por supuesto, que el Señor se está refiriendo a su corazón misericordioso, que no quiere que nadie se pierda, quiere que todos se salven.
Pero como imagen, es muy buena porque refleja el cuidado de Dios por cada uno de nosotros. Pero siendo una imagen es imperfecta, incompleta, porque a la moneda por ejemplo, no le salen patas y se escapa por más que uno crea que sí, a veces uno efectivamente pierde las monedas y como que van y se esconden en el bolsillo del pantalón que uno nunca usa, o en esa raja que hay allí en el en el sofá, entre los dos cojines, o en esa esquina en la que uno casi nunca barre y esa es la gran diferencia.
Aquí hay que contar también con nuestra libertad.
Pero como te decía, esta segunda imagen nos sirve para hacer este rato de oración porque además de este mensaje que es evidente, de que el Señor quiere que todos los hombres se salven, aquí una cosa interesante y es que la moneda cuando se pierde puede ser que que pierda todo su valor, es decir, que hay monedas cuyo auténtico valor lo tiene cuando alguien la tiene en sus manos y la puede intercambiar por otros bienes.
Pero con estos datos que te decía al inicio de la meditación, también puede pasar perfectamente que no hay mayor diferencia entre una moneda de 2 euros y un pedazo de chatarra, que cueste 5 céntimos, si la moneda está perdida.
LO QUE TENGO SE LO DEBO AL SEÑOR
Esto nos ayuda a darnos cuenta de que tú y yo, es verdad, que tenemos cosas muy buenas, decía santa Teresa que la humildad es la verdad.
Entonces hay que reconocer que puede que tengamos cosas que son valiosas y negarlo sería una falta de humildad, negar que a mi Dios me ha dado, no sé, el don de la de la empatía, o negar que Dios a mí me ha dado el don del orden, soy una persona naturalmente ordenada, o que Dios a mí me ha dado el don, de no sé, de la puntualidad, o el don de la inteligencia, o etcétera o no sé, yo nací en una en una cuna de oro y entonces tengo el don de contar con medios materiales sería una falta de humildad no reconocer que los tengo como dados por Dios.
MI VALOR LO TENGO CUANDO ESTOY JUNTO A DIOS
Pero aún así, todo lo valioso que nosotros tenemos no es nada, comparado con el valor que tenemos cuando estamos en las manos de Dios. Por eso, para mí, la verdad es que esta imagen de la parábola de la moneda, la mujer que busca la moneda me ayuda a recordar que mi valor sobre todo lo tengo cuando estoy junto a Dios.
Y así como cuando se pierde una moneda y resulta que no hay diferencia entre esa moneda y un cacharro entre los de valor la moneda entonces ahora vale solamente lo que costó el material.
EUCARISTÍA

Por eso el Señor nos ha regalado el sacramento de la Eucaristía, porque nunca vamos a estar tan cerca de Dios, como cuando lo tocamos, en el sacramento de la Eucaristía, en la comunión.
Entonces en esos minutos en los que recibimos el Cuerpo de Cristo, no es que nosotros asimilamos un alimento, sino que nos divinizamos, por así decir al recibir el Cuerpo de Cristo y aumenta nuestro valor. Nos divinizamos, el Señor lo sabe y por eso nos ha regalado el sacramento de la confesión, porque como la moneda a la que le salen patas y va y se esconde, como Adán y Eva que torpemente piensan que se van a esconder de Dios detrás de una mata, detrás de un arbusto, así también tú y yo perdemos nuestro valor cuando nos alejamos de Él por culpa del pecado.
LA CONFESIÓN

Claro que maravilla que en la confesión aunque haya que esforzarse por buscar un sacerdote que esté disponible para confesar, aunque haya que tomarse el tiempo para hacer bien el examen de conciencia, aunque haya que pasar un poquito de vergüenza al reconocer delante de de un sacerdote, que representa a Cristo, nuestras equivocaciones, algunas que son bastante vergonzosas.
¡Qué maravilla! Es el sacramento de la confesión con el que básicamente volvemos a las manos de Dios y por lo tanto, recuperamos nuestro valor.
Además de modo positivo no es solamente el tema de de volver a Dios, que por supuesto hay que hacerlo todas las veces que haga falta, y mientras nos podamos confesar y mientras nos podamos mientras podamos recibir el sacramento de la de la Eucaristía, la comunión, poder comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, mientras más veces es mejor, porque como te digo, aumenta nuestro valor mientras más cerca de Dios estemos.
Pero además esto ayuda muchísimo a darse cuenta de que las cosas que tenemos tienen un valor relativo, que pueden crecer muchísimo cuando nos ponemos en las manos de Dios.
Fíjate utilizando también el ejemplo de la Santa Misa, si uno se pone a sacar cuentas, la verdad es que lo que se gasta en la misa, tampoco es que sea muchísimo, cuánto ¿Cuestan esos mililitros de vino que se utilizan para consagrar en la Santa Misa?, ¿Cuánto costará una una hostia de la que consagramos los sacerdotes en la patena de la misa? es verdad, que el costo es muy pero muy poco.
Pero por la acción del Espíritu Santo cuando aquello se incorpora en el sacrificio de Cristo en la Cruz, ¿Qué valor tiene? bueno, del mismo modo cuando en el momento del ofertorio el sacerdote tiene en el ritual ese gesto de unir el agua con el vino, el vino vale más que el agua, es más noble.
Entonces así nuestras obras, que por ser nuestras son de poco valor, cuando se unen a las de Cristo se hacen de un precio inestimable.
Que detalle tan bueno para decir: Señor yo capaz no tenga mucho dinero, yo capaz no tenga la fama de un influencer importante de las redes sociales, yo capaz no tenga un estatus social muy elevado o yo capaz no tenga ni siquiera talentos así que son muy muy valiosos para la sociedad.
LO ORDINARIO ADQUIERE VALOR EXTRAORDINARIO
Pero lo que yo pueda hacer si yo lo uno al sacrificio de Cristo en la Cruz especialmente en la Santa Misa, que valor tan impresionante tiene y qué tranquilidad saber que el valor nuestro depende no tanto de lo que piensen los demás, incluso no depende tanto de lo que uno mismo piense, mi valor depende de lo que piense Dios.
Con mayor razón, vivir la oración, vivir los sacramentos, vivir una vida en la que le digamos al Señor: tu opinión es la que más me importa, que yo regrese a tus manos todas las veces que haga falta, que yo tenga suficiente amor propio para regresar a Ti Señor, todas las veces que haga falta.
Yo sé por lo que me has dicho en el evangelio de hoy, que hay una alegría impresionante en el cielo, cada vez que yo decido volver a tener valor en las manos de Dios.



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