ESCUCHA LA MEDITACIÓN

A DIOS LE IMPORTA TU ORACIÓN

Hoy Jesucristo saca el látigo. Pero lo hace para quitar todo lo que nos estorba en la vida de oración, que es un lugar privilegiado para asegurar nuestra relación con Dios

LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN

Hoy estamos en el último viernes de mayo, este mes en el que nos hemos dedicado especialmente a decirle a la Virgen María cuánto la queremos.
La liturgia para este viernes ha querido presentarnos un pasaje que es muy fuerte, muy exigente del Evangelio de san Marcos.
Hoy escuchamos, que el Señor al llegar a Jerusalén, va directamente al templo y allí con muchísimo detenimiento, con atención observa todo y con calma.
Porque al día siguiente, en cambio, actúa con, vamos a decir así, una santa indignación.
Expulsa a los vendedores del templo, vuelca las mesas y declara,

“¿No está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos? ¡Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones!”
(Mc 11, 17)

Pasaje conocidísimo, porque claro, nosotros que hemos hablado tantas veces de la infinita paciencia de Dios, de la misericordia de Dios.
Este pasaje nos da una medida justa de hasta dónde llega esa misericordia y qué significa verdaderamente esa misericordia de Dios.
El Señor, si lo hizo, es porque era necesario, pero no por capricho, no por rabia, no por ira, porque no es compatible con Dios, pero sí, porque era necesario para nuestra edificación.
Vamos a traernos este pasaje a nuestros tiempos en el pleno 2026, si lo traemos a nuestro tiempo, probablemente se nos venga a la mente algún ejemplo concreto en el que nos sería fácil imaginarnos al Señor repitiendo este gesto.

APUNTAR CON EL DEDO

Probablemente si Jesús viniera a mi parroquia o si viniera a esta diócesis o si viniera a mi comunidad, pues seguramente haría exactamente lo mismo.
Bueno, antes de apuntar el dedo contra los demás, incluso en el supuesto remoto caso de que tuviésemos toda la razón, vamos a aplicarnos este pasaje del Evangelio primero a nosotros mismos.

NO JUZGUES Y NO SERÁS JUZGADO, tu oracion
La pregunta sigue siendo, ¿por qué la furia de Jesús? ¿Por qué decimos que era necesario este gesto que contemplamos en el Evangelio de hoy?
La respuesta es evidente porque el Señor la dice, no toleró que la casa de su padre se convierta en un mercado, en una cueva de ladrones.
Es decir, que se le roba a Dios esa gloria que es debida. Aquí Jesús, ¿por qué limpia? Bueno, ¡limpia porque ama!

Todas las veces que vemos a Dios que interviene con fuerza, incluso con violencia podemos decir, es porque está movido por el amor.
Él desea quitar lo que estorba, lo que opaca, lo que sobra, lo que entorpece la felicidad de aquellos a los que ama, por eso este gesto tiene que interpelarnos también a ti y a mí el día de hoy.
Porque antes de pensar en una parroquia o una diócesis o una comunidad donde el Señor tendría que venir con el látigo, bueno, la pregunta para mí sigue siendo: ¿está mi corazón, que es templo del Espíritu Santo, verdaderamente limpio?

EN LA ORACION SE AVANZA

O capaz, el Señor también -me da vergüenza decirlo-, pero tendría que decir que yo he convertido mi corazón en una cueva de ladrones.
Hay en él, en el corazón propio, hay comercios, negocios, intereses, rencores, superficialidades que impiden que mi corazón sea verdaderamente una casa de oración.
Recordemos que, en el sermón de la montaña, en el capítulo 5 de san Mateo, empieza allí, entonces Jesús dice,

«Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios».
(Mt 5, 8)

El primer sentido, es que quien tiene el corazón limpio, llega al Cielo y verá a Dios, es decir, es una promesa de contemplar el rostro divino en la meta final en el Cielo.
Pero, esta bienaventuranza es también un consejo para esta vida. Es que con el corazón limpio es más fácil ver a Dios en cada persona, en cada circunstancia, en cada momento.
Entonces ahora esta bienaventuranza a mí me puede servir de examen, de termómetro.
Porque también visto de modo negativo esta bienaventuranza tiene todo el sentido.
¿Por qué a veces me cuesta ver a un hijo de Dios en ciertas personas concretas?

OMNIA IN BONUM

Es decir, en cierto modo, yo tengo que tener tanta vida interior, como para ver un hijo de Dios, incluso en Hitler.
O, por ejemplo, ¿por qué tantas veces me he visto yo solo, o sea, solo de soledad, e incluso le he podido reclamar a Dios porque se ha distanciado de mí? Porque no lo veo.
O por qué tanto en vivir ese “Omnia in bonum”. Omnia in bonum, es una jaculatoria que le gustaba mucho a san Josemaría, tomado de la carta a los romanos, que significa: “todo opera para bien”.
Es decir, ¿por qué tanto tardo tanto en vivir ese Omnia in bonum, en decirlo, en vivirlo, cuando hay circunstancias que son adversas?
Bueno, probablemente porque tengo que estar dispuesto a que Jesús entre en mi casa con fuerza y arroje todo lo que estorba, todo lo que opaca, lo que sobra.
Si a mí lo que me interesa es que Jesús pueda decir también de mi alma que es una casa de oración, bueno, vamos a empezar en este rato de oración aprovechando para pedirle a Dios que haga desastre.
Y si eso es lo que Él ve más conveniente, porque bueno, Él sabe más.
En el evangelio de hoy, antes y después de la purificación del templo, hay un episodio que es el de la “higuera” que parece que está metido allí como con calzador, pero resulta que tiene mucho sentido.

ORACIÓN, EL FRUTO POR EXCELENCIA

La higuera tiene hojas vistosas, pero no tiene fruto. El Señor se acerca con una ilusión de recoger frutos y resulta que no la hay. Y entonces Jesús la maldice y al día siguiente se ha secado desde la raíz, para sorpresa de los discípulos.
Esta higuera es una imagen de la religiosidad vacía. Por afuera mucha apariencia, pero por dentro poca vida interior, pocos frutos de vida interior.
Ahora, justo ahora en este mes de María que ya termina, esta imagen duele y da consuelo también al mismo tiempo, porque María es todo lo contrario.
En su Sí, ella fue digna de dar mucho fruto, digna de fecundidad, no solo tenía hojas externas de devoción, sino que dio el fruto por excelencia, que es Jesucristo.
Su vida fue totalmente disponible a la voluntad de Dios, porque Dios pudo hacer morada en su alma.
La Virgen nos enseña que la verdadera fe no se mide solamente por apariencia, sino por esa capacidad de dar fruto en el momento oportuno cuando Dios nos lo pide, incluso cuando humanamente hablando parece que no es tiempo de higos.

HIGUERA, tu oracion
Y aquí retomamos, vuelve a aparecer esa idea del Omnia in bonum.
Porque para quien tiene vida interior, para quien se esfuerza por tener el corazón limpio, dispuesto, disponible, preparado para recibir a Dios.
Para quien tiene diálogo o al menos intenta que sea un hábito, el hábito de la oración, del diálogo con Dios, todo puede dar fruto, todo es oportunidad, incluso lo que otros ven como un fracaso.

RESPETA NUESTRA LIBERTAD

Y aquí está el núcleo del Evangelio de hoy. Es que, a Jesús, el amor es lo que lo lleva a hacer de todo, incluso limpiar con violencia nuestra vida, nuestra alma, para que nuestras almas sean casas de oración.
Allí, en ese corazón nuestro, quiere habitar el Espíritu Santo, que es el que nos sugiere lo que tenemos que decir en la oración.
La oración es poderosa porque nos lleva a confiar en esa omnipotencia de Dios. Él puede actuar incluso en las circunstancias imposibles. Él puede exigir fruto de nosotros, pero respetando nuestra libertad.
Y así en la oración nos damos cuenta de que, si Dios me está exigiendo y tal vez me parezca demasiado, es en la oración donde yo aprendo a confiar en esa amabilísima providencia divina.
Por eso, vamos a hacer examen especialmente en este día para que la Virgen María nos ayude a purificar nuestro templo interior, que estemos dispuestos a dejar todo lo que impide que Jesús reine en nosotros.
Vamos a pedirle también a la Virgen que nos dé una fe fecunda, y que esa fe pueda crecer.
Pero bueno, hay que echarle una mano, hay que quitar lo que sobra, para abrir espacio a la fe, una fe como la suya, que produzca frutos de santidad en la vida cotidiana.
Y también tenemos que aprender de nuestra madre a rezar, a orar con fe y perdonar siempre, porque el rencor es una de las cosas que más ocupan espacio en el corazón nuestro.

INTERCEDE POR NOSOTROS

Bueno, para que así, haya espacio para Dios y para que nuestra oración no sea estéril.
Que la Virgen María, que es madre de la Iglesia, así la hemos celebrado al inicio de esta semana, interceda por nosotros.
María, reina de la paz, María, madre de misericordia. Ella es modelo perfecto de esta oración que Dios quiere para nosotros.
Ella intercede por nosotros los hombres, en las bodas de Caná de Galilea, ella intercede por nosotros al pie de la cruz.
En su corazón no hay espacio para el resentimiento y por eso su alma plena de gracia es el templo predilecto de Dios.
Ella quiere que seamos también así, que la santísima Virgen María, que guardaba todo lo que le sucedía en el corazón, lo meditaba, tal vez no lo entendía inmediatamente, pero sí dejaba espacio a que Dios la sorprendiera.
Meditaba todo lo que le sucedía y que ella nos enseñe a vivir este Evangelio con profundidad, que nos ayude a ser como ella, casa de oración y fruto bendito para el mundo.


Citas Utilizadas

1 Pe 4, 7-13;

Sal 95

Mc 11, 11-26

 

 

Reflexiones

¡Señor, gracias por enseñarnos, ayúdanos a siempre tener confianza en Ti! 

Predicado por:

P. Rafael

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?