Hoy me quedo con las primeras líneas del Evangelio que dicen:
«Aquel día salió Jesús de casa y se sentó a la orilla del mar»
(Mt 13, 1).
Es más, me quedo sólo con la primera parte: Aquel día salió Jesús de casa… de su casa…
Todos salimos de una casa, de un hogar. Eso nos define. Somos hijos de nuestros padres. José y María educaron a Jesús, le transmitieron sus tradiciones familiares y las costumbres del pueblo de Israel. Además de su propio estilo de trabajo, de diversiones, de vida en familia.
Jesús salió de su casa. Así saliste Tú Señor, nosotros también. Los santos también.
LISIEUX
Lisieux es una pequeña ciudad al oeste de París, conocida mundialmente por ser el lugar donde se desarrolló la mayor parte de la vida de santa Teresa del Niño Jesús, carmelita descalza, doctora de la Iglesia y Patrona de las misiones.
Lo que poca gente sabe es que en aquella ciudad se custodian los restos de los santos Luis Martin (1823-1894) y Celia Guerin (1831-1977), relojero y bordadora, padres de santa Teresita y primer matrimonio de la historia de la Iglesia canonizado de manera conjunta en 2015. Su fiesta se celebra el día de su boda y ese día es hoy 12 de julio.
Su santa hija los definía como unos padres sin igual, dignos del cielo. Y afirmaba:
“El Señor me ha hecho nacer en tierra santa”
(La casa de los santos, Carlos Pujol).
Bien podríamos pensar: De tal palo, tal astilla. Porque santa Teresita salió de su casa, buena hija de este santo matrimonio…
En la homilía de su beatificación, el cardenal encargado hacía esta pequeña confidencia a los asistentes:
«Mientras leía la carta apostólica del santo Padre pensaba en mi padre y en mi madre; y en este momento quisiera que también ustedes pensaran en su padre y en su madre y que juntos diéramos gracias a Dios porque nos ha creado y nos ha hecho cristianos a través del amor conyugal de nuestros padres. Recibir la vida es algo maravilloso, pero, para nosotros, es más admirable aún que nuestros padres nos hayan conducido a la Iglesia, la única capaz de hacer cristianos. Nadie puede hacerse cristiano por sí mismo»
(Homilía beatificación Tere).
Teresa era muy consciente de esto.
Ella escribe en su autobiografía:
“Dios me concedió la gracia de despertar mi inteligencia a muy temprana edad y de que los recuerdos de mi infancia se gravasen tan profundamente en mi memoria, que me parece que las cosas que voy a contar ocurrieron ayer. Seguramente que Jesús, en su amor, quería hacerme conocer a la madre incomparable que me había dado y que su mano divina tenía prisa por coronar en el Cielo…
Durante toda mi vida, Dios ha querido rodearme de amor. Mis primeros recuerdos están impregnados de las más tiernas sonrisas y caricias… Pero si Él puso mucho amor a mi lado, también lo puso en mi corazón, creándolo cariñoso y sensible. Y así, quería mucho a papá y a mamá y les demostraba de mil maneras mi cariño, pues era muy efusiva” (…)
Y agregaba:
“Con una forma de ser como la mía, si hubiera sido educada por unos padres sin virtud (…) habría salido muy mala y tal vez hasta me habría perdido… Pero Jesús velaba por su pequeña prometida y quiso que todo redundase en su bien; incluso sus defectos, que, corregidos a tiempo, le sirvieron para crecer en la perfección…”
(Historia de un alma, santa Teresa del Niño Jesús).
LOS PADRES DE SANTA TERESITA

Le inculcaron con toda naturalidad un gran amor a Dios. Un amor que pasaba por el amor que se tenían entre ellos y que le tenían a ella.
Su mamá escribía en una carta:
“Teresita me preguntaba el otro día si iría al Cielo. Yo le dije que sí, si se portaba bien y me contestó: ‘Ya y si no soy buena, iré al infierno… Pero sé muy bien lo que haré en ese caso: me echaré a volar contigo, que estarás en el Cielo ¿y cómo se las arreglará Dios para cogerme…? Tú me apretarás muy fuertemente entre tus brazos’. Y leí en sus ojos que estaba firmemente convencida de que Dios no podría hacerle nada mientras estuviese en brazos de su madre…” (Idem.)
SENCILLA Y NIÑA DELANTE DE DIOS
¡La sencillez de santa Teresa es espectacular! Siempre fue sencilla y niña delante de Dios. Aunque la vida no le ahorró golpes muy duros. Empezando por la muerte de su mamá cuando era todavía niña.
“A partir de la muerte de mamá, mi temperamento feliz cambió por completo. Yo, tan vivaracha y efusiva, me hice tímida y callada y extremadamente sensible. Bastaba una mirada para que prorrumpiese en lágrimas, sólo estaba contenta cuando nadie se ocupaba de mí, no podía soportar la compañía de personas extrañas y sólo en la intimidad del hogar volvía a encontrar mi alegría. Sin embargo, seguía rodeada de la más delicada ternura… El corazón tan tierno de papá había añadido al amor que ya tenía un amor verdaderamente maternal…” (idem.)
No por nada los dos son santos.
Teresita quería mucho a su papá también. Y eso se nota en tantos recuerdos.
“Todas las tardes me iba a dar un paseíto con papá. Hacíamos juntos una visita al Santísimo Sacramento, visitando cada día una nueva iglesia. Fue así como entré por vez primera en la capilla del Carmelo. Papá me enseñó la reja del coro, diciéndome que al otro lado había religiosas. ¡Qué lejos estaba yo de imaginarme que nueve años más tarde iba a encontrarme yo entre ellas…!
(…) ¿Cómo relatar todas las caricias que «papá» prodigaba a su reinecita? Hay cosas que siente el corazón y que ni la palabra, ni siquiera el pensamiento, pueden expresar…
¡Qué hermosos eran para mí los días en que mi rey querido me llevaba con él a pescar! ¡Me gustaban tanto el campo, las flores y los pájaros! A veces intentaba pescar con mi cañita. Pero prefería ir a sentarme sola en la hierba florida. Entonces mis pensamientos se hacían muy profundos y sin saber lo que era meditar, mi alma se abismaba en una verdadera oración… Escuchaba los ruidos lejanos… El murmullo del viento y hasta la música difusa de los soldados, cuyo sonido llegaba hasta mí, me llenaban de dulce melancolía el corazón… La tierra me parecía un lugar de destierro y soñaba con el Cielo…” (idem.)
TERESITA SOÑABA CON EL CIELO

Ella descubrió su vocación al Carmelo y su papá la aceptó con alegría.
Luego vendrían tres años de dura enfermedad que acabarían con la muerte de su querido rey que murió apuntando con un dedo al cielo (cfr. La casa de los santos, Carlos Pujol).
Pero hay un dato curioso que sucedió después:
“Un día en que las dificultades parecían insuperables, le dije a Jesús durante mi acción de gracias: «Tú sabes, Dios mío, cuánto deseo saber si papá ha ido derecho al Cielo. No te pido que me hables, sólo dame una señal.
Si sor A. de J. consiente en la entrada de Celina, (que es su hermana de sangre)o al menos no pone obstáculos para ello, será la respuesta de que papá ha ido derecho a estar contigo». (…) Esta hermana pensaba que tres éramos ya demasiadas y por consiguiente no quería admitir otra más [de hecho fueron 5 hijas las que se consagraron a la vida religiosa]”.
Pero aquí se trataba de que la tercera de ellas entrara a vivir con otras dos que estaban ya ahí.
Y sigue diciendo Teresita:
“Pero Dios, que tiene en sus manos el corazón de las criaturas y lo inclina hacia donde Él quiere, cambió los pensamientos de esa hermana: la primera persona que encontré después de la acción de gracias fue precisamente a ella, que me llamó con un semblante muy amable, me dijo que subiera a su celda y me habló de Celina con lágrimas en los ojos…”
(Historia de un alma, santa Teresa del Niño Jesús).
¡Más claro imposible! Su papá estaba en el Cielo.
Con razón, pensando en el más allá estando ya cercana a su propia muerte escribió:
“Me parece estar ya recibiendo el abrazo de Jesús… Creo ver a mi Madre del cielo salirme al encuentro con papá…, con mamá… y con los cuatro angelitos… Creo estar gozando, por fin, para siempre de la verdadera, de la única vida de familia…” (idem.)
Así la deben haber recibido Jesús y María junto con Luis Martín y Celia Guerin. Me parece que Tú Señor, al verlos juntos, se te habrá escapado: “de tal palo, tal astilla”.



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