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P. Juan

5 min

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TAN PEQUEÑA SEMILLITA

Jesús nos transmite en sus parábolas grandes verdades sobre el Reino de los Cielos.

EN LO SENCILLO

Hoy nos hablas Señor de nuevo en parábolas, de modo que nos explicas las cosas que estaban, como dice al final del evangelio de hoy, ocultas desde la creación del mundo y de esta manera cuando las queres revelar, o sea que hay como una gran sabiduría escondida en cosas que parecen sencillas o nos las presentas Señor como sencillas, pero que finalmente pueden ser muy determinantes.

Y en la primera parábola nos hablas de ese grano de mostaza, pequeño que un hombre lo siembra en el campo y lo entierra, desaparece y que siendo tan pequeño llega a dar con el paso del tiempo, un árbol tan grande que pueden venir a anidar en él los pájaros y a eso se parece del Reino de los Cielos.

VIDA DE SANTOS

Y a mí me hace pensar Señor, en primer lugar, en vidas de santos, que quizá el pasar por esta Tierra no fueron personas así tan reconocidas, pero después de su obra, de sus escritos, de su experiencia, de su espiritualidad, incluso de su intercesión todavía muchos pájaros pudieron venir a anidar.

Pienso en San Josemaría, en los comienzos de la misión que le encomendaste tuvo que pasar tantas dificultades, se encontró tan solo y que después de su paso por esta vida tantas personas rezan con lo que él rezó, son inspiradas con el mensaje que a través de él nos transmitiste de santidad en medio del mundo.

SU VIDA FUE CLAVE

Y cada uno seguro podemos pensar algún santo que si bien pasó momentos de dificultad, de soledad, de ir como contracorriente, después su vida fue clave para muchos otros que vinieron después, por esa idealidad y porque aunque quizá estaba solo en los comienzos y sea incomprendido, después se convirtió como en ese árbol frondoso donde otros pudieron poner su nido.

Y Seguramente Señor en alguna medida te referís a estos casos, podemos decir porque incluso Vos mismo Jesús, no fuiste siempre aclamado, sino que pasaste por esta Tierra también con contradicción y abandonado y después dejaste todo el árbol de la Iglesia y Tu presencia.

Pero también pensaba que este evangelio se puede aplicar a casos quizá no de santos reconocidos, que durante su vida tienen que la probar la  soledad, sentirse pequeños pero que después tendrán como un gran efecto en el cristianismo, en muchas personas, sino pensaba también en nuestra propia experiencia de la fe, de la respuesta al camino que tu Padre, Señor nos plantea.

COSAS PEQUEÑAS

siembra

Pensaba más en nosotros, por decir así, no que también se nos puede aplicar esto de que cosas pequeñas, cosas que no son llamativas y a cualquiera le pasan inadvertidas, pueden convertirse en el lugar de refugio para otros. 

Nuestra vida de fidelidad a Dios, nuestra vida de oración, nuestra amistad fiel, nuestro querer estar para los demás cuando nos necesitan, el sostener también la esperanza de otros cuando estamos a su lado.

El Reino de los Cielos parece pequeño, está enterrado y después sin embargo, da frutos y de esos ejemplos los hay también en la vida cotidiana y quizá nosotros nos hemos sentido también cobijados por la fidelidad, por la entrega, por la gracia en el fondo actuando en personas cercanas, que han estado ahí cuando las necesitamos, que nos han inspirado, que nos han sostenido, que nos han guiado y eso podemos hacer por los demás.

RESPUESTAS DIARIAS

Y de manera semejante, esa segunda parábola que nos decís Señor, que se parece al Reino de los Cielos a un poco de fermento, de levadura que se mezcla con toda la masa y que también en este caso es poquito, desaparece y que lo cambia todo y cambia de que se tenga ahí un engrudo o algo que pueda convertirse en un pan  después de que esa levadura que fermenta todo, después de que se unió se convierte en un buen pan.

Eso quizá más todavía podemos Señor imaginarnos nuestras respuestas diarias; respuestas a esos llamados con los ansés Vos mismo Señor, a rezar cada día, a rezar por ejemplo, llamados que nos hacés a ir al encuentro con el prójimo, a estar para los demás, llamados que nos haces para personalmente parecernos más a Vos, Jesús. 

Como esas  tres coordenadas  siempre presentes, uno mismo vivir según el evangelio, los demás que nos esperan, a quienes podemos servir y Dios, con quien nos relacionamos.

HACER EL REINO DE LOS CIELOS

LA ALEGRÍA DEL PERDÓN, agua, bajo la mirada, entrega total

Ahí también puede ser que el Reino de los Cielos no sea algo llamativo, algo que nos vayan a ir aplaudiendo, algo que nos reconozcan.

Y qué lindo, qué bueno Señor si nos regalas con esta parábola la esperanza de que un pequeño acto hecho por amor cuánto vale, como decía San Josemaría, la esperanza de que esas obras, esas respuestas, esos actos que pueden ser varios cada día y muchos inadvertidos, son hacer el Reino y tendrán una eficacia que va más allá de lo que en realidad nosotros podemos.

Porque justamente ese Reino es la acción divina, no es sólo una técnica, no es solo cosas de cálculo y eficacia, cosas de nuestros talentos, aunque también los tengamos y lo pongamos en juego, sino que es creer que Dios quiere actuar como entrelazando su acción con la nuestra.

COMO ACTÚA LA LEVADURA

Nuestra respuesta con su propia eficacia que es divina y qué cambia y bueno cambia un poco como lo que le sucede a esa harina con agua y se convierte en un pan y deja de ser como un engrudo y se convierte en algo digestible, comestible, sano.

Bueno podemos pensar en nuestra oración de hoy si encontramos ese valor, si tenemos esa fe al responder en cosas pequeñas de cada día, cuando procuramos ofrecer a Dios el trabajo, cuando procuramos estar en lo que los demás nos necesitan, cuando procuramos responder con generosidad esos pequeños llamados que nos hace el Señor y ahí estamos haciendo la Iglesia, ahí está ese Reino que cambia el mundo y hace que como decía esta carta famosa de la antigüedad: «que los cristianos son para el mundo lo que es el alma para el cuerpo».

EN LO ORDINARIO

Bueno no lo seremos porque nos la pasemos haciendo cosas muy llamativas y extraordinarias, que nadie más podría hacer, sino porque buscamos responder, tener el oído atento y responder a esos llamados que  Dios nos hace cada día.

Quizá en estos ámbitos nos puede servir, rezar por  los demás para ver establecer vínculos, para servir en nosotros mismos, para  hacernos a Vos Jesús.

Ayudarnos a con esa mirada darle importancia a las cosas pequeñas y cuando Vos quieras y como Vos quieras saber también los frutos que tienen y si no los podemos ver confiar en que Vos los darás, como ha habido tantísimo fruto en la vida de Nuestra Madre y fue tan normal y escondida, que no le llamaba la atención a sus vecinos y los de su pueblo y sin embargo era la primera que estaba haciendo el Reino de los Cielos cooperando con su Hijo.

 

 


Citas Utilizadas

Jeremías 13, 1-11

Deuteronomio 32

Mateo 13, 31-35

 

Reflexiones

Señor que ponga atención en las cosas pequeñas, porque en detalles a tu servicio está el Reino de los Cielos. 

 

Predicado por:

P. Juan

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