MARÍA NUESTRA MADRE
Un alma contemplativa no lee la realidad sólo con ojos humanos, sino que también los ve con los ojos de María. Hoy celebramos la fiesta de la Virgen del Rosario, todo un mes dedicado a la Virgen del Rosario, todo un mes a cuidar esta hermosa devoción a María.
Vengo de caminar a Luján, donde caminamos con un grupo de jóvenes casi sesenta kilómetros. Salimos muy temprano y llegamos para la misa de la tarde. Era un camino lluvioso, un camino a veces casi imposible, y junto al costado había un vendedor que vendía cremas para pies, para cabeza, para dolores de espalda. Y uno de los caminantes le pregunta: –¿Y tenés alguna crema para los dolores del alma? El vendedor se quedó un poco pensativo y le dijo: -No, no, no, para eso se camina a Luján.
La verdad que una clase de Mariología es excelente, porque los cristianos veneramos a María. ¿Y qué significa esto? Que la consideramos como Madre, la consideramos también ahora en este rato de oración, para que ella esté presente en nuestras peticiones. No es una figura ideal, una súper mujer, sino al contrario: nosotros los católicos sabemos que María vive con Cristo en el cielo y desde el cielo intercede por nosotros. Es una persona que fue elegida por Dios para ser la Madre, para acompañarlo durante su vida y acompañarlo hasta su muerte y resurrección. Ella que está en el cielo como Madre de Dios, también cuida de cada uno de nosotros. Así lo decimos también con el concilio de Éfeso ya en el siglo IV, donde la maternidad de María se descubrió para todos los cristianos. ¡Más que tú, sólo Dios! decía san Josemaría(Camino, 296).
ACUDIR A MARÍA REZANDO EL ROSARIO
Y ahora pensamos también como Madre nuestra que es. Queremos también acudir a ella en este día de la fiesta del Rosario. Vamos a rezar el Rosario con mucha piedad.Es nuestra Madre, qué mejor regalo que ofrecerle un buen Rosario. Durante el camino a Luján rezamos varios Rosarios y la verdad que entre tantos ruidos que había, con música, ruidos de la calle, igualmente seguíamos rezando porque sabíamos que María nos esperaba.
Ella es la Omnipotencia Suplicante. Así la queremos también anunciar en nuestra vida: la Omnipotencia Suplicante. Y al proponernos este fragmento del Evangelio de la fiesta, donde María se la ve ahí a veces acudiendo a esas imágenes pintorescas, se la retrata a veces cuando también ella está ahí con gestos litúrgicos podríamos decir, rezando. Ella está consciente de que también se va a encontrar con ese pedido de Dios. Pero para contextualizar y situar el evento, el relato del Evangelio nos habla de un ángel que se aparece a visitar a una mujer, se aparece a visitar a María, se aparece a visitarnos a nosotros todos.
Y esta mujer, que así también acudimos a ella en cada rezo del Rosario, no es una mención indiferente, no es una mención indiferente buscar a María. Y cada Rosario también es un acudir como acudió el ángel, un acudir a buscarla, un acudir con cada Ave María para repetir su nombre como si fuese un poema.
El amor de los hijos a María es también manifestado a lo largo de tantas advocaciones. Hoy en esta advocación del Rosario, también queremos acudir a ella con esa necesidad de Madre que es; esa necesidad de hijos que también nosotros queremos tratarla, venerarla, cuidarla. Así se lo pediremos también en esta fiesta.
Nuestra vida cristiana no puede olvidar de que también en todo tiempo podemos acudir a ella como omnipotencia suplicante, como decía también san Josemaría usando el Rosario como arma poderosa (Camino, 558). “Un cristiano sin Rosario es un cristiano sin armas”, se suele decir.
LA CONVERSIÓN DE SCOTT HAHN
Efectivamente acabo de releer un libro que está escrito hace ya casi treinta años por un pastor de la iglesia presbiteriana y su mujer –también ella presbiteriana en su momento, ambos norteamericanos; tenían treinta y tantos años, cinco hijos, el mayor solo tenía diez. Y empiezan a contar el relato de su conversión al catolicismo. Él se llama Scott, quizá lo has leído, Roma dulce hogar se llama el libro. Tenía dudas, tenía cierta inquietud por conocer mejor la fe católica y comprobando que esas dudas se transformaban en realidad. No le cerraba el trato con la Virgen, no le cerraba el rezo del Rosario.
Cuenta a él, que se encerró en su oficina y empezó a rezar calladamente: “Señor, la Iglesia Católica –decía a él–ha demostrado estar en lo correcto el 99% de las veces.El único gran obstáculo que queda es María”. Pensa vos si también te lo han dicho tus amigos. Y él decía, escribiéndole a Dios, en su rato oración: “María, si eres tan solo la mitad de lo que la Iglesia Católica dice que eres, por favor presenta por mí ante el Señor esta peticiónque parece imposible –dice él. Te pido con esta oración”. –Y recé entonces mi primer Rosario. Cuenta él que lo rezó muchas veces más con esa misma intención, queriendo saber si era o si servía para algo el Rosario. Y cuenta que quedó avergonzado por su descuido e ingratitud, porque esa petición le fue concedida.
Esa petición, que parecía al menos insignificante, al descubrir ese escándalo de la encarnación, al descubrir esa humildad de María, esa Virgen campesina, cómo Dios la elevó a ese orden sobrenatural, la animaba también a rezar con muchísima más devoción.
Al mismo tiempo, a su mujer (llamada Kimberly) también le costaba creer en la Virgen y consideraba el Rosario como algo inapropiado. Ella también lo cuenta en su reacción, porque su marido le contó eso, le dijo que tenía un libro sobre el Rosario; le propuso darle un Rosario y ella lo negó, lo escondió, no quería ni usarlo ni atreverse a usarlo. Es más, le preocupaba que el Rosario fuera un ejemplo de vana repetición de orar, como rezan los fariseos.
Sin embargo, una introducción al Rosario la ayudó a ella también a tener una nueva perspectiva, la ayudó a ella también a recordar que María es Madre y así como los niños rezan: “yo te quiero mami, nunca me dejes, te busco todo el tiempo”, ese ruega por nosotros, ruega por mí, lo escuchó ella también como si fuese que María se lo pedía. Rézalo, rézalo porque el Rosario es la oración prioritaria para un cristiano. Son dos testimonios impresionantes porque también nos ayudan a esto, a tener una mayor devoción a María.
Antes, solo, no podías… -Ahora, has acudido a la Señora y, con Ella, ¡que fácil! (San Josemaría, Camino, 513).
VIRGEN DEL ROSARIO
Este día, 7 de octubre de 1571, hace ya muchos años, nos recuerda también esa pelea donde los cristianos se enfrentaron a los musulmanes de Lepanto. Tuvieron una batalla muy fuerte y al rezar el Rosario vencieron, y gracias a esa fiesta hoy también la recordamos. San Josemaría decía: El principio del camino, que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia Santa María. –¿Quieres amar a la Virgen? –Pues, ¡trátala! ¿Cómo? –Rezando bien el Rosario de nuestra Señora. (Santo Rosario, Prólogo).
Esta omnipotencia suplicante, esta arma poderosa, también fue un motivo de que también nosotros tengamos esa ilusión por tratarla como nos pidió la Virgen en Lourdes en 1858, o en Fátima en 1917 y tantas otras maneras… Acá en la Argentina con la Virgen del Rosario de san Nicolás también. No me da para ir caminando porque queda bastante lejos, pero la Señora del Santo Rosario es también una ocasión para recurrir a ella como le pidió en Fátima a los tres pastorcitos o como también le pidió ahí en Lourdes a Bernadette.
¿Te animas a rezar al Rosario con más devoción hoy en día? ¿Te animas a rezarlo con más intimidad? ¿Te animas a rezarlo con más entrañable amor? Es Santa María, nuestra Madre, la que también espera que acudamos a ella a través de los misterios gozosos, luminosos, dolorosos o gloriosos. Y podemos también descubrir que en nuestro camino habrá dificultades, habrá alegrías, habrá luces, habrá también dificultades pero si sabemos acudir a María en el Rosario será de verdad una corona de rosas… Una corona de rosas que es omnipotencia suplicante, una corona de rosas que también queremos regalarle a cada Rosario que recemos, Y en la medida que también recemos como se le apareció el ángel a María buscaremos también tener esa ilusión por saber que el Rosario es central, que el Rosario es para nosotros los cristianos una necesidad.
Terminamos acudiendo a María para honrarla en este día especialmente con el rezo del Rosario y le pedimos por cada uno de nosotros para que también con arma poderosa, con omnipotencia suplicante, sepamos también descubrir que Dios espera también de nosotros ese amor a nuestra Madre.



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