Pensando en el evangelio de hoy, me acordé de que tengo amigos a los que les molesta muchísimo que le hagan spoiler de las películas, que les cuenten el final y que le hagan spoiler de las series o que le hagan spoiler de los libros… yo creo que estoy más bien en ese grupo.
Los que preferimos disfrutar por nuestra cuenta el recorrido del guión para poder llegar a ese final que si la película, el libro o la serie es muy buena, nos sorprenderán y esperemos que sea una sorpresa grata.
Pero también tengo gente conocida que le encanta un spoiler, le encanta que la gente le diga las cosas cómo terminan.
Conozco a alguien que sufre de ansiedad, no sé si ya a nivel patológico, pero es una persona que no puede ver una película si no sabe cómo va a terminar. Entonces lo que hace es que él pone la película en su televisión, en su computadora y lo primero que hace es ver el final y después que ve el final, respira tranquilo y empieza a ver la película desde el inicio.
Claro, yo no comparto ese modo de ver, pero viva la libertad. Pero sí tiene algo de razón porque dice que el final es lo que da una perspectiva a toda la historia y el tener ya perspectiva a él, que es una persona muy racional, le da tranquilidad.
LOS PENSAMIENTOS DE DIOS
Lo contaba porque el evangelio de hoy contiene un spoiler, pero el final de la película, el final de la historia es tan inesperado. De hecho, el evangelista dice que es un final tan oscuro que quienes oyen ese final de la película quedan desconcertados, no comprenden qué es lo que se les está revelando.
Es del evangelio de san Lucas. Es un momento de especial contraste porque estamos aquí delante de una de las encrucijadas espirituales donde se nota, una vez más, eso que hemos tenido tantas veces ocasión de comprobar: que hay una distancia enorme entre los pensamientos de Dios y los pensamientos de los hombres.
Porque San Lucas nos dice que los discípulos que escuchaban al Maestro estaban admirados y maravillados por todo lo que Jesús hacía: los milagros, las curaciones, los demonios que eran expulsados, el modo en el que Jesús proclamaba esa nueva ley que venía a completar la ley de Moisés…
Había entusiasmo, había alegría, había exultación en torno a esta figura de Jesús. La gente lo veía como un profeta y veía no solamente profeta en lo que decía, sino profeta en los prodigios que hacía, alguien que se intuía que podía ser el tan esperado Mesías.
Sin embargo, la gente tiene esas expectativas, pero en medio de todo esto, que es como una especie de atmósfera, de admiración generalizada, Jesús viene y suelta una bomba. Dice algo que hace que no se dejen llevar por el triunfalismo ni por el éxito.
UN FUTURO FELIZ

El Señor no vino aquí a buscar aplausos, a buscar gloria. Tampoco pretende acomodarse a las expectativas de la humanidad, sino que les dice precisamente en el Evangelio de hoy algo como les explota el globo a esos pobres discípulos.
«Hagan que estas palabras penetren en sus oídos»
les dice,
«el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres»
(Lc 9, 44).
Palabras muy oscuras y que obviamente no están hablando de un futuro feliz, no están hablando de un final como lo esperaban ellos. ¿Qué significa esto que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres?
Obviamente habla de castigo, habla de sufrimiento y eso no es lo que esperaban quienes escuchaban y quienes veían a Jesús. El Señor aquí está, por supuesto, anunciando su Pasión.
Y tú y yo ya tenemos el spoiler de esta historia, porque tú y yo sabemos qué es lo que sucede en el Gólgota. Sabemos qué es lo que sucede en el juicio de Pilatos. Sabemos lo que significa la flagelación del Señor, la coronación de espinas; las burlas y el abandono de sus seres más queridos. Pero también sabemos que aquello tiene un final feliz.
TENEMOS EL SPOILER
Sin embargo, el Señor hoy anuncia esa Pasión por la que necesariamente quiere pasar, porque Él ha decidido libremente por amor a nosotros.
Y con esto que dice el Señor, no es que Él quiera echarle a perder la fiesta a sus discípulos, sino lo que quiere es grabar en la mente y en el corazón de esos que están cerca de Él, que los prodigios de Dios son superiores y que tantas veces son oscuros, tantas veces son difíciles de asimilar. No coinciden nuestros planes, nuestras expectativas con lo que Dios tiene preparado para nosotros.
Pero tú y yo, que ya tenemos spoiler de lo que sucederá en la Cruz, no podemos dejar de decir que los planes de Dios son superiores. Incluso cuando lo que el Señor dice el día de hoy, efectivamente, no es especialmente agradable, tú y yo, que sabemos cómo termina la historia, decimos: Dios es capaz de sacar grandes bienes, incluso a partir de los momentos más oscuros de la humanidad.
Hoy vamos a reflexionar primero sobre lo que significa el dejarnos llevar por puros criterios humanos; como decíamos, no siempre coinciden con los de Dios.
TRIUNFALISMO
En el caso de hoy, me parece que una tentación muy presente es la del triunfalismo. Si estamos con Dios, necesariamente hay que vencer en todo. Los discípulos que están aquí con el Maestro se juntan al Maestro participan de esos éxitos, de los aplausos de la gente, del agradecimiento por los grandes favores que estaba haciendo y, por lo tanto, les desconcierta tanto que el Señor, en medio de todo aquel éxito, venga a hablarles de tragedia.
Es que es difícil, es sumamente difícil. El Señor les adelanta que, para seguirle de cerca, como se dice tantas veces: el seguir al Señor de cerca no es solamente estar junto a él en el Tabor, que es el monte de la transfiguración del Señor, es lugar donde se está bien y donde san Pedro llega a decir
«qué bien se está aquí. Hagamos tres tiendas»
(Mt 17, 4)
y es verdad, tenemos momentos en nuestra vida en los que qué bien se está con el Señor, qué a gusto se está haciendo un rato de oración, qué paz trae al alma una comunión bien hecha. Qué bien se siente uno cuando finalmente visita el Templo santo del Señor y se puede hacer un rato de diálogo profundo, sincero, cercano con el Señor allí presente en la hostia sacramental.
Pero después también qué duros esos momentos en los que parece que Dios se esconde. O ante tantos reveses de la vida en los que nos preguntamos ¿y dónde está Dios?
A ESTAR CON ÉL

Cuando pareciera que estamos hilando una serie de mala suerte, cuando pedimos y nos parece que pedimos con fe, pero la respuesta no termina de llegar, insistimos, pero verdad que estamos como al límite de la fe.
Pero el Señor nos advierte hoy que el amor nos tiene que llevar a estar con Él, no solamente en el Tabor, que es el monte de la Transfiguración, sino también en el Gólgota.
Por eso hoy esta noticia del Señor sobre su Pasión nos ayuda también en nuestro día a día. El Señor efectivamente nos va a decir que vamos a tener que pasar por la Cruz, pero es una invitación a no tener miedo.
El Señor sabe que es necesario que pasemos por momentos difíciles, momentos oscuros y la actitud de los discípulos no siempre es como la más inteligente, porque el Evangelio dice que los discípulos tenían miedo de preguntar.
Y ¿por qué ese temor? No sólo era por timidez, por pena, por vergüenza, era sobre todo el temor a confirmar lo que no querían escuchar: que la Cruz del Señor es inevitable.
Nosotros podemos escarmentar en cabeza ajena y no tener miedo a la Cruz, no tener miedo a lo que la Cruz nos quiere enseñar.
DISPUESTOS A SEGUIRLE
A nosotros no nos encanta el sufrimiento, nosotros no somos un ejército de masoquistas que nos deleitamos con el dolor. Para nosotros, el dolor, en todo caso, es un medio para estar lo más cerca posible de la Cruz del Señor.
Esa es la invitación que nos da el Señor en el Evangelio de hoy, que es un Evangelio muy breve, pero qué tal si el Señor te está pidiendo a ti y a mí el día de hoy que aunque tengamos miedo humano al dolor, aunque tengamos ese deseo de evitar todo tipo de sufrimiento, si llega, que lo sepamos ver como algo también previsto por Dios para que tú y yo le demostremos cuánto le amamos, que estamos dispuestos a seguirle como los discípulos, no solamente en los momentos buenos, cuando se ven los milagros, cuando se ve la misericordia de Dios, cuando notamos claramente que Dios está a nuestro favor, sino esa invitación a no dejar solo al Señor en la cruz.
La cruz pesada, la cruz oscura, esa Cruz que parece incluso demasiado cruel, demasiado fuerte para nuestras capacidades. Pero en esa Cruz estás Tú, Señor y si estás Tú, ayúdanos a verte para no dejarte solo.
Le pedimos a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a tener ese corazón grande, generoso, como el de ella, porque en el momento malo, cuando todos sabían que estaba todo perdido, nuestra Madre, que ya también había sentido una profecía, la profecía de que una espada traspasaría su alma, es tan grande su amor que ella estuvo allí de pie fuerte junto a la Cruz.
Que ella nos enseñe también a ser no solamente valientes, porque no solamente es un tema de valentía, es sobre todo, como nos ha enseñado tantas veces ella, una prueba de amor.



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