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LIBRES PARA AYUDARLO

Dice el Evangelio : “Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más”. La vida sobria.

DE DOS EN DOS

Hoy leemos en la Santa Misa el siguiente Evangelio:

«En aquel tiempo Jesús llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos». 

Esa llamada, Señor, que Tú haces y se dirige a los doce apóstoles. Es muy bonito, que nosotros siempre recordemos que es actual. Tú, hoy 5 de febrero, estás llamando a tus apóstoles y también los estás enviando con este detalle: “de dos en dos”. 

De manera que Tú quieres que las personas que te ayudan estén siempre acompañadas, que vayan apoyándose en los demás, en otros mensajeros. ¡Esto es una maravilla!

Yo, en mi trabajo de capellán en la universidad, a veces he encontrado a gente que tiene mucha soledad. 

Y me acordaba del diario de Ana Frank. Quizás ustedes también lo han leído. Ahí ella menciona que uno se puede sentir muy solo aún cuando está rodeado de gente. Eso le pasaba a Ana. Estaba rodeada de su familia, encerradita por la persecución nazi, pero se sentía sola. 

Bueno, digo que en la vida, en el trato, en la atención de las personas, también encuentro a veces personas que se sienten solas. 

Tú, Señor, que nos conoces tan bien, has previsto que quienes te ayudamos, no estemos solos, porque Tú nos acompañas en primer lugar.

Has dicho en otra parte del Evangelio:

«Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Y esto ya es muchísimo. 

HACER EQUIPO

Pero además, como dice el Evangelio de hoy, que hemos leído,

«Los fue enviando de dos en dos». 

Esta maravillosa idea que Tú has tenido, Señor, me anima a que yo cultive la relación con los que vivimos en la misma casa. Es voluntad Tuya que yo no me aísle, que no organice planes como muy solitarios, y que en mi manera de pensar en mi horario, en mis mañanas, mis tardes, mis noches, no esté centrado en mí solamente. 

Ni siquiera solamente en Ti, Señor, que esté centrado también en las personas que Tú has enviado junto conmigo. De manera que les abra mi mente, mi horario, mi corazón y entonces hagamos equipo, vayamos acompañados. Ellos conmigo, yo con ellos

Eso es verdaderamente un detalle de tu parte, Señor, que es encantador.

Bueno, sigue el Evangelio:

«Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja. Que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto». 

Toda esta lista que acabamos de oír puede ser que justifique el conocido voto de pobreza que se vive en las órdenes religiosas, y que como virtud, ya no como un compromiso público que se llama voto en el derecho canónico, sino como virtud, se espera que vivamos las personas que nos dedicamos a ayudarte, Señor. 

sobria

CUANDO EL CORAZÓN SE NOS LLENA

En realidad, yo creo que todo cristiano debe vivir esta virtud, saber manejar sus bienes, saber mantener una distancia saludable con la plata, con las cosas, con las marcas, con las modas, para tener precisamente el corazón libre para amar, para querer. 

Todos notamos que el corazón, si lo cuidamos, efectivamente está abierto y tiene profundidad para querer a las personas que están a nuestro alrededor. El problema está cuando el corazón se nos llena.

Y es entonces, cuando Tú dices, Señor,

“les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más…”

Y empiezas a enumerar, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja, que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. En el fondo estás diciendo que es lo necesario. 

Qué bien nos viene a todos ahora en nuestra oración pensar esto: ¿yo en la vida, voy con lo necesario o me lleno de cosas? (…).

Me acuerdo muy bien que hace ya un par de meses, hablaba con un amigo al que quiero y admiro mucho, que en un momento de la conversación él me dijo que nos pasa como con los zapatos, así me dijo. 

Y él recordaba cuando era chico, tenía cuatro zapatos. Cuatro pares de zapatos: las zapatillas para hacer deporte, los zapatos más elegantes, los de uso diario y, no sé, un cuarto par que mencionó… 

Me decía, ahora en cambio, ¿cuántos zapatos tenemos? Bien, yo no le dije, pero yo sigo con ese número. Me ajusté la calza con los zapatos que tengo. 

VIVIR CON LO NECESARIO

Pero efectivamente me parece es una sana mentalidad la de fijarse cuántos pares tengo. O sea, puede ser que necesite más, esto es evidente, dependiendo de cómo sea la vida de cada uno y, en fin. Pero también es evidente que si yo no pongo una medida, pues termina ganándome el consumismo. 

Y eso ya no está tan bien. Porque hay gente que está sacándome de alguna manera que yo no controlo del todo la plata y, en ese sentido, estoy perdiendo un poco mi libertad. Esto no está bien. 

Entonces, a todos los que ayudamos al Señor de una manera más directa, más comprometida, yo creo que nos viene muy bien que hagamos, a propósito de este evangelio, un poquito de examen. 

O sea, cuántas cosas uso y, realmente, de las que uso, si todas son necesarias… Y si tengo cosas que no uso, porque también puede pasar que, efectivamente, las tenga ahí, pero no las uso.

Y, entonces, ¿qué hacer con eso? Tantas otras personas lo pueden necesitar y, entonces, vamos a hacer que les lleguen. 

HACER MUCHO BIEN

El Evangelio termina diciendo:

«Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban». 

Es decir, hacían mucho bien a su alrededor. Los apóstoles, siempre de dos en dos, hacían mucho bien. Y de esto, se nos cuenta en el propio Evangelio, en el Libro de los Hechos de los Apóstoles.

Ahora, nosotros seamos también conscientes de que el Señor quiere contar con cada uno de los que estamos ahora haciendo nuestra oración y quiere que hagamos mucho bien.

Vamos a procurar dejarnos aconsejar por las personas que Dios ha puesto cerca. Me voy a confesar, voy a pedir consejo, voy a pedir orientación, me voy a fijar en el buen ejemplo que me dan, y después, hacer mucho bien a las personas que tengo cerca también.


Citas Utilizadas

1 Re 2, 1-4. 10-12

1 Cr 29

Mc 6, 7-13;

 

Reflexiones

Señor enséñame a vivir más libre, no atar mi corazón a cosas materiales que solo me estorban y me limitan.

Predicado por:

P. Luis Andrés

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