SEMBRADORES
“Al entrar en una casa, salúdenla invocando la paz sobre ella” (Mt 10, 12) les dice el Señor hoy en el evangelio que nos propone la Iglesia, este día 11 de junio.día 11 de junio.
Hoy se inaugura el Mundial de Fútbol y durante las próximas semanas millones de personas estarán pendientes de los resultados, de los goles, de las sorpresas, de las grandes historias que nacen en estos torneos.
Aparecerán seguramente las anécdotas increíbles que tanto nos gustan,futbolistas desconocidos que se convertirán en héroes de un país entero, o jugadores como Tim Payne de Nueva Zelanda que protagonizan historias impensadas de pasar a ser influencerspartiendo de cero; o jóvenes promesas como Olisecuya serenidad llama tanto la atención porque parece no alterarse por nada en el equipo de Francia; habrá figuras consagradas que ya no vuelvan a jugar – Messi, Cristiano-, otros que nadie conoce pero que dentro de unos días estarán en la portada de todos los medios…
Mientras el mundo mira una cancha, en muchos países de Latinoamérica la vida parece detenerse y las conversaciones girarán alrededor de un balón y las emociones se dispararán cuando juegue la selección de cada país. Y las alegrías se multiplicarán, pero también las discusiones, porque el fútbol saca lo mejor de nosotros, pero a veces también lo peor.
Justamente en este contexto la iglesia nos propone escuchar la palabra de Jesús diciendo a sus discípulos: “Al entrar en una casa, salúdenla invocando la paz sobre ella”. Y esto tiene mucho que ver con nuestra vida porque es la misión que nos confía Jesús.
¿LLEVO PAZ O TENSIÓN A DONDE VOY?
En el evangelio de hoy Jesús envía a sus discípulos y no les pide primero vayan y construyan templos, no les pide vayan y organicen grandes eventos. Es más, no les dice vayan y ganendiscusiones, les pide que lleven la paz. Porque la paz es uno de los primeros regalos del cristiano. Cuando un discípulo llega a un lugar debería dejar un ambiente mejor del que encontró.
Se dice que los primeros cristianos se saludaban así: Pax. “La paz sea contigo”. Por eso el cristiano no puede ser un fabricante de conflictos; no puede ser alguien que alimenta divisiones; no puede ser alguien que disfruta viendo pelear a otros. ¡No!

La pregunta para nosotros es muy concreta. Cuando llego a un grupo, a mi familia, a una sala de clases, a una conversación de Whatsapp, a una discusión de redes sociales ¿llevo paz o llevo tensión? Porque todos sembramos algo: algunos siembran miedo, otros siembran enojo, otros ¡asómbrate!siembran rumores. Pero el Señor es súper claro, nos manda a sembrar paz y eso es lo que tenemos que dar en nuestras vidas.
JESÚS NOS MANDA A SER SEMBRADORES DE PAZ
Hace unos días con los alumnos del colegio donde trabajo comenzamos el concurso de “Bible Bee”. Es un concurso simpático similar al “Spelling Bee”donde uno se tiene que aprender palabras de memoria y deletrearlas. Este, en cambio, es de saberse versículos de la Biblia.
Fue hermoso verlas estudiar – en este caso estudiaron los primeros capítulos de san Mateo del 1 al 8 y las preguntas iban subiendo en complejidad. Una de las preguntas que apareció al final es sobre el capítulo 5 de san Mateo donde aparecen Las Bienaventuranzas y pregunté:
¿Qué promete el Señor en Las Bienaventuranzas a los mansos? Y para mí realmente era sorprendente porque pensé que no iban a saber, pero algunas de las chicas atinaron a la respuesta: heredarán la tierra.
¿Quiénes son los mansos? Pues son los que no se irritan con facilidad, son los que no están discutiendo por todas las cosas, son los que prefieren sufrir una injusticia a cometerla, cuando no están completamente seguros pues lo dejan pasar, no se enfrentan con los demás…
Siembran en definitiva paz.
Por eso hay otra bienaventuranza que es todavía más grande que ésta y resuena con especial fuerza:
“Bienaventurados los que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9).
Los mansos heredan la tierra, sin embargo, los que trabajan por la paz ya no son simplemente los que se aguantan, sino los que siembran paz, los que intentan construir puentes, los que se esfuerzan por ser estos hijos de Dios. “Bienaventurados los que los que siembran”. Fíjate y no dice bienaventurados los que hablan de paz o bienaventurados los que desean la paz, dice “bienaventurados los que trabajan por la paz”.
¿Por qué? Porque es lógico: la paz exige trabajo, la paz exige paciencia, la paz exige escuchar, la paz exige perdonar, exige renunciar a tener siempre la última palabra, aunque es tan sabrosa la última palabra, pero es renunciar a tener esa última palabra.
SEMBRADORES, UN MUNDO CON PAZ
Por eso Jesús identifica a quienes construye la paz con los hijos de Dios, porque hacen lo mismo que hace Dios Padre, que es siempre tener misericordia, ser gente de paz. Dios siempre está reconciliando, siempre está uniendo, siempre está acercando.
Señor sabemos que eso quieres de nosotros, que eso es lo que te lleva a decir parte de las bienaventuranzas para que nosotros pensemos cómo vivimos estas cosas, cómo podemos traer a nuestra vida constante ser mansos y ser esos sembradores de paz, trabajadores de la paz.
Quizás ninguno de nosotros jugará una final mundialista –bueno no sé si alguno de los seleccionados reciba Hablar con Jesús, si alguien sabe de alguno que lo recibe agradezco ese dato. Pero quizás ninguno de nosotros efectivamente esté en las canchas o probablemente nuestros nombres no aparecerán en las noticias como Tim Payne, pero todos los días tenemos oportunidades reales de cambiar el mundo.
Sí, aunque sean muy pequeñas, porque cuando evitamos una burla, cuando incluimos a alguien que está solo y que lo está pasando mal, cuando no respondemos con agresividad, cuando pedimos perdón, cuando eliges no pitar en el tráfico o cuando eliges no gritar por poner nerviosas a otras personas, cuando defendemos a quien está siendo tratado injustamente, cuando elegimos la cordialidad en lugar del desprecio… pues mira, ahí estamos construyendo el reino de Dios.
SIEMBRA Y COSECHARÁS
Y quizás nadie lo vea, pero seguro que Jesús sí lo ve, seguro que tu ángel de la guarda lleva de eso un apunte súper claro. Cada acto de paz recuerda que es una semilla, porque las semillas son pequeñas y sin embargo terminan transformando campos enteros.
Hoy mientras el mundo se prepara para celebrar el fútbol, pidamos al Señor algo más importante que una victoria deportiva.
Pidámosle que nos convierta en sembradores de paz, que donde haya discusiones llevemos diálogo, que donde haya rivalidad llevemos respeto, que donde haya indiferencia llevemos cercanía y que al final de nuestra vida podamos escuchar que hemos vivido como verdaderos hijos de Dios porque trabajamos por la
Señora ayúdanos a ser instrumentos y sembradores de paz. Madre mía, que cada palabra, cada gesto y cada encuentro deje una huella de cordialidad y de esperanza como Tú seguramente lo hacías.



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