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P. Juan

7 min

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UN DESEO SANTO

En el año 1818 un sacerdote de la diócesis de Lyon es destinado a una pequeña aldea llamada Ars. El sacerdote es Juan María Bautista Vianney, pero ha pasado a la historia como el Santo Cura de Ars.
El sacerdocio “es algo tan maravilloso que el sacerdote sólo lo comprenderá totalmente en el Cielo. Si lo entendiera en la tierra moriría, no de miedo, sino de alegría” (San Juan Bautista María Vianney).

Hoy quiero hablarte de un santo que para llegar al sacerdocio tuvo que pelearse con su padre porque quería que se quedase trabajando en el campo. Un sacerdote que le costaba el latín, un sacerdote que tuvo que evitar el servicio militar porque lo estaban persiguiendo. Un sacerdote que fue echado del seminario de Lyon porque tenía dificultades en los estudios. 

Sin embargo, un sacerdote que siempre confiaba en su director espiritual. Un sacerdote que llegó a la ordenación a los 29 años. Y esa alegría en ese momento, llegó a afirmarlo él, decía:

“Es tan maravillosa, que el sacerdote sólo la comprenderá totalmente en el Cielo. Si él lo entendiera en la tierra, moriría no de miedo, sino de alegría.”

Este santo sacerdote es el cura de Ars, san Juan Bautista María Vianney. Quizá lo conocés un montón, porque fue un santo muy mortificado, un santo que el demonio lo zarandeaba de noche y no lo dejaba dormir. Un sacerdote que confesaba grandes pecadores en ese pequeño pueblo. 

Ese santo sacerdote que tenía un único deseo santo: ayudar a la gente a llegar a Dios. Cuentan, cuando llegó por primera vez a ese pequeño pueblo, que se encontró con un pequeño y le indicó dónde estaba el pueblo. El sacerdote le dijo:

“Mirá, vos me mostraste el pueblo, yo te voy a mostrar cómo llegar al Cielo”.

De esa misma manera también ayudó a muchísima gente a llegar al Cielo. Desde su dirección espiritual, desde las confesiones, desde ese pequeño pueblo cambió la Europa de su momento.

JUAN MARÍA VIANNEY

Juan María Vianney, nació a medianoche el 8 de mayo de 1786 y fue bautizado el mismo día de su nacimiento en la parroquia de Dardidli, una pequeña aldea cerquita de Lyon. 

Fue educado por sus padres en ese pequeño pueblo y decía él: “si yo fuera sacerdote querría ganar para Cristo muchas almas”. Así lo hizo durante toda su vida. Ya en 1812 ingresó en el seminario menor. Y más tarde pasó al seminario de Lyon. 

Fue un seminarista que, la verdad, le costó montones de estudios. Tuvo grandes sufrimientos para alcanzar la lengua latina, para entender grandes temas de la antología, que, como cualquier otro seminarista, le costaba, pero a él le costaba especialmente. 

Le preguntaron en un momento al vicario si era piadoso, si sabía rezar el rosario, si tenía devoción a la santísima Virgen y el vicario dijo: “Es un modelo de piedad”, esa fue su respuesta y porque eso lo dijo, lo ordenaron.

“La gracia divina hará el resto”,

decía. Y efectivamente, con 29 años de edad, Juan María Vianney fue ordenado sacerdote de Cristo de manos de Monseñor Simón. 

Era quizá un poco jugado porque no era un sacerdote teólogo, no era un sacerdote que tenía grandes dotes de teología. Pero sí que era un santo pastor. De hecho, cuando fue ordenado sacerdote y lo mandan a este pequeño pueblo, él decía:

“No hay mucho amor de Dios en esta parroquia, pero voy a procurar introducirlo”.

SANTO SACERDOTE

Santo sacerdote

El santo sacerdote de Ars, que fue también conocido como el santo sacerdote y patrono de los párrocos y de todos los sacerdotes del mundo, nos enseña que él tenía esa predicación directa para ayudar a la gente a llegar al Cielo. 

Él tenía ese santo deseo de ayudar a la gente porque le importaba la gente porque le importaba Cristo. 

Sabía que Cristo era el camino y por eso también ayudaba a que la gente prefiriera a Dios. Que no se quedaran con los placeres del mundo, sino que de verdad tuviera esa pasión de que su alma fuera a Dios, de que su alma tuviera ese lugar prioritario del Señor en su alma.

Desarrolló una intensa labor apostólica en ese lugar, en ese pequeño pueblo, ayudando con el sacramento de la penitencia, comenzando la gente también con la catequesis. 

Convirtió a muchísima gente que se acercaba y también la gente lo decía porque era sin duda incansable ese sacerdocio y ese sacramento de la penitencia que daba todos los días, incluso a veces sin dormir, sin comer. 

Su acción pastoral fue inmensa: bautismos, entierros, visitas a casas, casa por casa. Después tenía también esa dedicación a los enfermos, preparaba minuciosamente también las ceremonias litúrgicas, la predicación, la catequesis, el rezo del rosario, visitaba a los feligreses. 

ARS YA NO ES ARS

Tenía también ese extremo amor que también decía él:

“Ars ya no es Ars, se ha cambiado”.

Efectivamente, no era el pueblo que recibió, supo llevar esas almas a Dios, supo llevar esas almas a través del confesionario, a alcanzar la gloria acá en la tierra. De buscar a Dios también en lo que hacían, en su trabajo, en medio del campo, en medio de la ciudad, en medio también de sus labores ordinarias.

Era un hombre enamorado de Dios, un hombre de oración que tenía mucha confianza. De hecho, amaba tanto a Dios que le llegó a decir eso:

“Te amo Dios mío y mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida. Te amo Dios mío infinitamente amable y prefiero morir amándote a vivir sin amarte. Te amo Señor y la única gracia que te pido es amarte eternamente. 

Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro. Te amo Señor”. 

Esas mismas palabras del cura de Ars, de este santo sacerdote que hoy queremos celebrar, que hoy queremos recordar, nos ayuden también a pensar en cómo ese grano de trigo da esos buenos frutos. A ver cómo Dios también nos ha dado esos talentos para que los pongamos en práctica. Que no nos quedemos pensando, ¿qué será de mí o qué puedo hacer yo? 

RECEMOS POR LOS SACERDOTES

Santo sacerdote

Este santo sacerdote supo ser Cristo, quiso también vivir como Cristo quería y no era uno cualquiera, sino que también quería llevar a Dios a todas las almas.

La Iglesia necesita santos sacerdotes, por eso hoy es un día especial para rezar por los sacerdotes. La sociedad está muy difícil a veces y la dignidad del sacerdote también hoy está bastante desganada, desilusionada, para muchos que piensan que no pueden llegar a serlo. 

Mirá este santo sacerdote, con apenas 29 años de edad, supo amar a Dios también en lo que hacía. No era mucho al principio pensar que iba a ir a un pueblo perdido o esa misión de sacerdote que quizás otros tenían, él supo ofrecerle a Dios en medio de la realidad que le tocaba.

En esta ocasión, pensemos ahora, ¿qué vemos nosotros de este cura? Vemos un santo que fue un hombre de Dios, un hombre de Dios que también supo entender que Dios tenía algo grande para él, algo que también quizá la figura de los sacerdotes a veces se piensa que tendrían que hacer esto, esto otro o uno se queja de que el cura hizo tal o que dijo cual…

Este hombre, con mucha humildad, con mucha altura y con mucha piedad, supo convertir un pueblo.

¿REZAS?

Quizá estamos rezando un poco por la Iglesia, quizá estamos rezando un poco por los sacerdotes. ¿Rezás por el seminario? No sé, quizás podrías rezar más o podrías colaborar más o podrías ayudar a que haya otros curas de Ars en tu ciudad, en tu lugar, en tu país…

¿Rezás por los sacerdotes, por aquellos que también van a celebrarte la misa del domingo? ¿Rezás por tu confesor? Reza por los sacerdotes. Es un oficio que requiere muy buenos pastores. Es un oficio muy delicado y que también requiere mucho amor y mucha paciencia, valentía, competencia y mansedumbre. 

Hoy está muy cualificado el sacerdote y, además de las redes sociales, además de la situación que tiene en la sociedad, necesita también ser un muy buen pastor, porque hay muchas ovejas que están perdidas. Primero dando amor, llevando a Dios, ayudando también con buena doctrina, siendo vigilantes. Y, por último, con una gran santidad de vida, el sacerdote tiene que ser otro Cristo, igual que este santo cura que tenía este santo deseo de ser sacerdote de Cristo, también nos toca a nosotros pensar cómo rezamos y cómo ayudamos también a los sacerdotes que están quizá un poquito más solos. 

Hoy, pensando en la Eucaristía que vas a participar la próxima, agradecé a ese sacerdote para que también pueda seguir siendo sacerdote de Jesucristo. Sacerdote que, en persona de Cristo, también celebra el sacramento de la Eucaristía.

Vamos a pedirle a nuestra Madre santa María, Reina de los sacerdotes, Reina también de todos los santos, que igual que el cura de Ars, sepamos nosotros mostrar a Cristo con nuestra vida, vivir ese sacerdocio ministerial de Cristo, los sacerdotes y ese sacerdocio común de todos los fieles. 

Que sea, María santísima, la que también nos acompañe, al igual que el cura de Ars en nuestro camino por la tierra, en nuestra vocación cristiana.


Citas Utilizadas

Jer 30, 1-2. 12-15. 18-22

Sal 101

Mt 14, 22-36

Reflexiones

Señor Jesús, suscita en el corazón de muchos jóvenes la llamada sublime del sacerdocio. Infunde en ellos la fuerza necesaria para servir fielmente a tu Iglesia.

Predicado por:

P. Juan

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