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SÉ SANTO

En la Primera Lectura encontramos una invitación de Dios para que seamos santos, eso implica vivir la caridad, a veces heroicamente. Le pedimos a Dios su gracia para conseguirlo.

BENDICIÓN DE MADRE

Mis papás, cuando los veo, me bendicen, a mí y a todos sus hijos, incluso a los nietos si están por ahí, con una fórmula que según recuerdo también usaba mi abuelita: “Que Dios te bendiga y te haga santo”, mientras trazan el signo de la cruz en la frente, el pecho y los hombros.

Que Dios te bendiga y te haga santo.

Es una bendición y ese gesto aquí en México es común verlo, que los padres lo hacen sobre los hijos. Y es una tradición muy bonita: ‘like’. 

Porque es un sacramental, nos da gracia si lo hacemos con fervor, si lo hacemos con fe. Y es una tradición incluso conmovedora, porque se hace en momentos de separación, en momentos cuando el hijo está emprendiendo una nueva misión.

Pues los papás dicen: ¡caray, ya se me va este polluelo, pues que Dios lo bendiga, mi hijo, mi hija, que Dios te bendiga!

Por ejemplo, cuando el papá entrega a la novia ya frente al altar, está el novio ahí esperando, feliz, y el papá entra, suena la marcha nupcial, todo el mundo se emociona… Ven a la novia entrar radiante de la mano del papá, se acerca el novio y le dice algunas cositas, y bendice a la novia.

Le dice algo al novio: ahí te la encargo. O cuando la mamá lleva al niño a la escuela por primera vez, al kinder, o cuando se cambia de escuela. Pues ahí el niño que va un poco con miedo, la mamá lo bendice.

Cuando va de viaje uno, ya se va de viaje acabando la preparatoria, acabando la universidad y los papás lo llevan al aeropuerto.

Al despedirse también se usa: ‘Que Dios te bendiga, mi hijo, cuídese bien, que Dios te cuide, que Dios te bendiga’. 

…Y TE HAGA SANTO

Pero bueno, me acordaba de esta bendición, porque por la segunda parte, que dice, ‘y te hace santo’.

¿Santo? ¡Santo, sí, santo de verdad! (Solo dos veces, porque Santo, Santo, Santo, eso solo se aplica a Dios, el tres veces santo).

Pero nosotros hemos de ser santos de verdad. Y con esa bendición, se está deseando eso, que Dios te haga santo. 

¿No es acaso esta una aspiración demasiado alta? (…)

Ahora que están los Juegos Olímpicos de invierno en Milán, Italia, pues es emocionante ver a los atletas totalmente metidos en su rol, entregados al deporte que están practicando, hay deportes que yo nunca había imaginado que existían.

Ahí están entregadísimos, se ve que le han dedicado años a prepararse, concentrados. Y cuando ganan la medalla, es una gran felicidad, algunos se quedan bien cerca y lo dieron todo, pero no alcanzaron, no pudieron dar más.

Estaban concentrados, preparadisimos, pero otro fue mejor. O quizás se distrajeron un poquito y perdieron unas milésimas de segundo, o un poquito la forma del ejercicio que estaban haciendo, y perdieron puntos, y otro ganó. 

¡Gana una medalla, hijo! Pues es una aspiración grande. ¡Sé santo! pues todavía es mayor, y es realmente para nosotros imposible, pero para Dios todo es posible, y Dios lo quiere, por lo tanto, si tú, Señor, quieres que seamos santos, es posible, y lo vamos a conseguir, si no, ¿para qué estamos haciendo este ratito de oración? Si no, ¿para qué vinimos a este mundo? 

Sería lamentable no ser santo al morir, que nos vayamos de este mundo y no seamos santos, porque la alternativa es terrible. 

santos

ALTA MORAL

Bueno, vamos a hablar de la alternativa cuando comentamos el Evangelio en unos minutos, pero antes te leo algunos párrafos de la Primera Lectura de la misa de hoy, que es del libro Levítico. 

Donde precisamente el Señor dice a Moisés:

«Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles, sean santos, porque yo el Señor soy santo». 

Ahí está, Dios nos está invitando a ser santos, es más, nos está bendiciendo, “sean santos”, que Dios te bendiga, —que yo los bendiga—, diría Dios, porque es Él que está hablando, y “sean santos”.

Luego le da a Moisés una serie de indicaciones,

«no mientan, no engañen, no sean injustos, no odies a tu hermano, ni en lo secreto de tu corazón» (cf).

Qué moral más alta desde la antigüedad, Dios nos está invitando a vivir. Dios nos invita a vivir así, pero no podemos… 

Señor, somos débiles, somos unos miserables pecadores. Pero nos prometes un Salvador, nos prometes un Mesías. Alguien que nos va a dar una ayuda, que eres Tú, Señor, Jesús: Dios hecho, hombre, que hacerte hombre encarnas  la Santidad.

Y nos dices: —Mira, ser santo significa así: ser un bebé, ser obediente a tus padres como Tú, Jesús que obedeciste a José y a María. Trabajar tantos años de vida oculta, eso es ser santo

Parezcanse a mí, que soy manso y humilde de corazón. Y procurar hacer siempre la voluntad de Dios, hacer la voluntad del Padre como Tú, Jesús, constantemente nos enseñas. 

Sean santos. Hagan el bien a los demás, no mientan, no sean injustos. No odien a sus hermanos ni lo secreto de su corazón. Ayuden a los demás.

UNOS A LA IZQUIERDA Y OTROS A LA DERECHA

En el Evangelio, precisamente Jesús, nos habla del fin del mundo.

«Cuando venga el Hijo del Hombre rodeado de su Gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de Gloria y va a separar a unos de los otros. Como el pastor separa a las ovejas de los cabritos. 

Pondrá unos a la derecha y otros a la izquierda. A los de su derecha les dirá: —Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Entren al Cielo. Ustedes ya son santos. 

Y a los de la izquierda les dirá: —Apártense de mí malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles». 

Eso es la falta de santidad. ¿Y por qué unos van a la derecha y otro a la izquierda? 

«Los de la derecha, porque tuve hambre y me dieron de comer, sediento, y me dieron de beber». 

Las obras de caridad. Si amas al prójimo amas a Dios. No puedes amar a Dios, sin amar al prójimo. 

Pues Señor, ¡Ayúdame!, yo quiero ser santo, yo quiero ser santo y quiero amarte a Ti. Y por lo tanto amar el prójimo! 

Pero, ¿eso de vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, es literal? (…)

Pues compartir nuestros bienes, pero no solo las cosas materiales; sino darnos nosotros mismos, darnos a los demás. 

QUE BRILLE NUESTRA LUZ

Comentando el pasaje de Isaías capítulo 58, donde se habla de las obras de caridad, dice santa Teresa de Lisieux:

«Hay pobres por todas partes, almas débiles, enfermos, oprimidos. Pues bien, tomad sus cargas, dejadles libres. Es decir, cuando se habla delante de vosotras de algún defecto de vuestras hermanas, no añadáis nunca nada. Diestramente, pues a veces no es prudente contradecir. Poner sus virtudes en la balanza. 

Dejad libres a los que están oprimidos y destruir todo lo que pesa sobre los demás. Partid vuestro pan, es decir, dad de vosotras mismas. 

Haced que entren en vuestra casa. Prodigaos. Dad de vuestros bienes, vuestra tranquilidad, vuestro descanso a los que no saben a dónde ir porque son pobres. Entonces, si hacéis esto, vuestra luz brillará como la aurora». 

Es un consejo que da esta santa de cómo a veces éstas cosas materiales no podemos repartirlas, porque no las tenemos o porque no estamos en condiciones, pero si podemos dar nosotros mismos, no hablando mal de los demás, compartiendo nuestra amistad, nuestro tiempo con los demás. 

Y eso también es obras de caridad, que nos abren las puertas del Cielo, que nos hacen parecidos a Ti, Señor, porque eso es la santidad. 

Pues terminaron nuestro rato de oración pidiendo a nuestra Madre María, que nos bendiga. Que nos bendiga desde el Cielo. Que nos comunique gracias desde el Cielo para que realmente lleguemos a la santidad a la que Dios nos llama. 


Citas Utilizadas

Lev 19, 1-2. 11-18

Sal 18

Mt 25, 31-46

Reflexiones

Seamos santos.

Predicado por:

P. Juan Pablo

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