Vamos a comenzar este rato de oración con un párrafo de una obra literaria que no importa el contexto, porque solo el párrafo ya dice mucho y nos va a ayudar a hablar con Dios:
«Después no es que la vida vaya como tú te la imaginas. Sigue su camino. Y tú el tuyo. Y no son el mismo camino. Es así… No es que yo quisiera ser feliz, eso no. Quería… salvarme, eso es, salvarme. Pero comprendí tarde por qué lado había que ir: por el lado de los deseos. Uno espera que sean otras cosas las que salven a la gente: el deber, la honestidad, ser buenos, ser justos. No, los deseos son los que nos salvan. Son lo único Verdadero. Si estás con ellos, te salvarás. Pero lo comprenderás demasiado tarde. (Alessandro Baricco)
Es un texto que me gusta muchísimo. La primera vez que lo escuché me dejó pensando.
Tiene melancolía, tiene algo muy humano, algo que deseamos que sea verdadero. Nuestros deseos más profundos son los que nos deben dirigir, los que nos deben llevar por la vida y rescatar de alguna manera.
TÚ ERES LO MÁS AMABLE QUE HAY
Bueno, pues es que obviamente el que nos salva es Dios, pero el deseo más profundo que tenemos en nuestro corazón pues es de Dios.
Tú, Señor, eres la plenitud de ser. Tú eres la verdad. Tú eres el bien, Tú eres la belleza, Tú eres lo más amable que hay, Tú eres lo más disfrutable que hay, lo más verdadero, lo que más se puede conocer.
Porque es la plenitud del ser y eres nuestro Padre, te has hecho hombre, estar con nosotros, el Espíritu Santo que habita en nuestro interior, eres realmente nuestro fin y estás con nosotros.
Pero hemos de desearte, buscarte porque en esta tierra no te poseeremos definitivamente te poseeremos definitivamente en el Cielo.
Y aquí te tenemos, pero no te vemos. Y está bien así, porque Tú quieres que a través de este camino vayamos creciendo en más deseo, hasta que Tú nos colmes en el Cielo.
Bueno, pues me acordaba de este texto porque hoy celebramos a un santo que se llama san Justino, que era un gran buscador, una persona que deseaba, deseaba conocer la verdad.
BUSCAR LA VERDAD
Él es muy antiguo, nació alrededor del año 100 y comenta Benedicto XVI, en una de sus catequesis:
Durante mucho tiempo buscó la verdad, peregrinando por las diferentes escuelas de la tradición filosófica griega. Por último, como él mismo cuenta en los primeros capítulos de su Diálogo con Trifón, un misterioso personaje, un anciano con el que se encontró en la playa del mar, primero lo confundió, demostrándole la incapacidad del hombre para satisfacer únicamente con sus fuerzas la aspiración a lo divino. Después, le explicó que tenía que acudir a los antiguos profetas para encontrar el camino de Dios y la «verdadera filosofía».
Al despedirse, el anciano lo exhortó a la oración, para que se le abrieran las puertas de la luz.
Este relato constituye el episodio crucial de la vida de san Justino. Al final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad llegó a la fe cristiana.
Y así Justino empieza a satisfacer ese gran deseo de verdad. Empieza a satisfacerlo, pero no lo satisface totalmente porque esa verdad todavía no la contemplaba cara a cara.
Eso será hasta que muera mártir, morirá mártir varios años después, por ser cristiano.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Porque había persecución contra los cristianos y él con la gracia de Dios pues tiene la fortaleza para entregar su vida sin miedo y dar ese gran testimonio.
¿Cuál es tu deseo más profundo? ¿Cuál es mi deseo más profundo? Todos queremos salvarnos.
Como leíamos en este en este primer texto: ¡Deseamos la salvación! ¿Y esa salvación en qué está pues en nuestra época?
A veces pensamos erróneamente que la salvación nos la da la técnica, la tecnología, la inteligencia artificial, ahora.
El Papa escribió recientemente una encíclica: “Magnífica humanitas”, la que trata de dar alguna orientación sobre la maravilla, pero también el peligro que hay detrás de poner todas nuestras esperanzas en la tecnología.
En esta encíclica, el Papa habla de del trans-humanismo y el post-humanismo. como corrientes filosóficas que hay detrás o posturas ante la tecnología a través del de la cual el hombre pretende superar sus límites.
Dice el Papa:
Hoy nuestra relación con la vida parece estar en crisis. Todo lo que representa un “límite” — incapacidad, enfermedad, ancianidad, sufrimiento, vulnerabilidad— tiende a ser leído principalmente como un defecto que hay que corregir, más que como un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación. En cambio, debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite.
NEGANDO LA HUMANIDAD
Pues efectivamente el trans-humanismo, el post-humanismo trata de cambiar al hombre a través de la tecnología.
Ayudarlo a superar todos sus límites, incluso negando ya su humanidad, convirtiendo al hombre en máquina o uniéndose con la máquina o de alguna manera como maquinizándose para superar sus límites.
Como si ahí estuviera la salvación, como si ahí estuviera lo máximo a lo cual podemos aspirar.
Un poco más adelante el Papa habla de eso grande a lo cual podemos aspirar y dice:
«Un auténtico más que humano, ¿dónde se encuentra?»
La fe cristiana responde indicando una plenitud que no deriva de una divinización tecnológica, sino de aquella que produce la gracia de Dios recibida en Cristo.
A través de la gracia que Tú nos das, Señor, que Tú nos has ganado en la cruz, la vida de la gracia que se nos da en los sacramentos, que es la vida divina en nosotros.
Es realmente un superar todo límite, porque nos das la vida eterna, nos das la vida eterna ya en semilla y ya estamos unidos a Ti.
MADURAR EN LA FE
Es cosa que maduremos en nuestra fe, en nuestro amor a Ti, en nuestra esperanza para para poder recibir un premio grande en el Cielo.
Nos hablas últimamente en el Evangelio, del premio, en el Evangelio de hoy que se lee la parábola de los viñadores.
Pones a estos hombres a trabajar en la viña y de repente hay un fruto, hay un fruto que ellos se quieren apoderar y no quieren dárselo a Dios y ahí es donde empieza el problema.
Pero Tú, Señor, nos quieres dar ese fruto, quieres compartirlo con nosotros, el fruto de la vida, de la gracia, de la santidad.
Y no es a través de esos límites quitándolos, sino aceptándolos, y abrazando la cruz.
Nos decías el domingo pasado en el Evangelio:
“El que no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí”. (Mt 10,38)
Pues Justino supo abrazar también esa cruz, la cruz del martirio, del sufrimiento, en las actas de los mártires.

CONTEMPLAR A DIOS EN EL CIELO
En el diálogo que tienen con el procurador Rústico, este le dice a Justino y sus compañeros mártires:
«Si no hacen lo que les mandamos, serán torturados sin misericordia.» -Justino contestó: «Es nuestro deseo más ardiente sufrir por amor de nuestro Señor Jesucristo para ser salvados. Este sufrimiento nos dará la salvación y la confianza ante el tribunal de nuestro Señor y Salvador, que será universal y más terrible que este. Igualmente, los otros mártires dijeron: «Haz lo que quieras, somos cristianos y no nos sacrificaremos a los ídolos.»
A través de ese límite del sufrimiento, Justino se une, nos muestra como todos los santos, cómo hemos de abrazar la cruz que Tú, Señor, permites en nuestras vidas.
Esos límites que a veces queremos rechazar, pues aceptarlos con obediencia, con amor, que nos unan a Ti.
Que nos llenen también de un deseo grande, una esperanza grande, sabiendo que Tú, Señor, nos pagarás, nos pagarás generosamente en el Cielo.
Le pedimos a nuestra madre, esperanza nuestra, que ella nos mira desde el Cielo, que nos anime, que nos ayude a confiar mucho en las promesas que Jesús nos hace
Que nos ayude a crecer en el deseo de tener, de conocer y de contemplar a Dios.



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