ESCUCHA LA MEDITACIÓN

QUIÉN NADA DEBE, NADA TEME

La verdad, con el tiempo, se acaba descubriendo. Di “¡Jesús!” Y déjate iluminar. No te escondas. En todo caso, vete a confesar. Así estarás libre de temores. Porque quien nada debe, nada teme.

“Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Pues Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no es juzgado; pero quien no cree ya está juzgado, porque no cree en el nombre del Hijo Unigénito de Dios. 

Éste es el juicio: que vino la luz al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia la luz y no viene a la luz, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a la luz, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios” 

(Jn 3, 16-21).

Con la luz, salen a la luz (valga la redundancia), las cosas ocultas.En este caso la luz es alguien, es la Luz con mayúscula: es Jesús.Por eso hay que sustituir la palabra luz por Jesús. Te lo leo: vino Jesús al mundo y los hombres amaron más las tinieblas que a Jesús, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra mal odia a Jesús y no viene a Jesús, para que sus obras no le acusen. Pero el que obra según la verdad viene a Jesús, para que sus obras se pongan de manifiesto, porque han sido hechas según Dios.

ENFOCADOS POR LA LUZ,  QUIEN NADA BEBE NADA TEME 

O sea, como dice el dicho: “quien nada debe, nada teme”. Quien anda en el bien se acerca a Jesús, quien anda mal no quiere que salgan a la luz sus errores y se esconde. Pensamos que el mal nadie lo descubrirá. Hasta que en la oscuridad, entre la multitud, te enfoca la “kiss cam” de Coldplay. Entonces al verse enfocados por la luz reaccionan con pánico y se esconden… Si por ellos fuera, no vendrían a la luz, para que sus obras no les acusen… Aunque, por mucho que se escondan, la verdad terminará saliendo a la luz. Porque Tú, Jesús, eres el Camino, la Verdad y la Vida (Jn 14,6). Y, como tú mismo dijiste: yo he vencido al mundo (Jn 16,33).

No sé si alguna vez has visto una escultura de Gian Lorenzo Bernini que se llama “La Verdad descubierta por el Tiempo”. Está en Roma, en la Galería Borghese. Es una escultura de mármol que representa a una mujer joven que se quita una tela que la cubre, quedando desnuda sentada sobre una roca. Ella representa la verdad. Y mientras se quita la tela sostiene un sol radiante que simboliza el tiempo. Dejando claro el mensaje: la verdad, con el tiempo, siempre se acaba descubriendo.

LA VERDAD DESCUBIERTA POR EL TIEMPO

Ya que todos los domingos celebramos la Resurrección, no es raro que la Iglesia nos invite a rezar en la Liturgia de las horas el siguiente himno: 

“Creador eterno del Universo, que rigiendo el día y la noche, señalas a los tiempos su tiempo, con el fin de aliviar el cansancio. 

Suena ya el canto temprano del gallo, centinela fiel de la noche: ya despierta la luz para los caminantes, distinguiendo entre sí cada vigilia.

Despertado por él, un astro matutino despeja la niebla del cielo; por él, la cuadrilla de vagabundos abandona la calle donde obran el mal.

Por él, el marino recobra sus fuerzas, y el mar suaviza sus olas; con este canto, incluso Pedro, Piedra de la Iglesia, repara, llorando, su culpa.

Míranos, Señor, vacilantes, y que tu mirar nos conforte: pues a tu vista se evitan los pecados, y se borran con lágrimas las culpas. 

Brille, Señor, tu Luz sobre nosotros, para que se desvanezca nuestro sueño interior, y, conforme a lo que Te prometimos, resuenen ya, para Ti, nuestras voces de Alabanza”

(Liturgia de las horas, Himno Laudes, Domingo).

Quien nada debe nada teme alma

PEDIR LUZ ES DECIR JESÚS

O sea, no escondas tus miserias. Es mejor acercarlas a Jesús, no esconderlas. Dejarlas al descubierto ante Él. Porque así vamos a recobrar nuestras fuerzas y tu mirada, Señor,  nos va a reconfortar. Es más, pedir luz es simplemente decir “¡Jesús!”

San Bernardino de Siena comenta que 

“el gran fundamento de la fe es el nombre de Jesús, que hace hijos de Dios. En efecto, la fe de la religión católica consiste en el conocimiento y la luz de Jesucristo, que es la luz del alma, la puerta de la vida, el fundamento de la salvación eterna. 

Si alguien carece de ella o la ha abandonado, camina sin luz por las tinieblas de la noche, y avanza raudo por los peligros con los ojos cerrados y, por mucho que brille la excelencia de la razón, sigue a un guía ciego mientras siga a su propio intelecto para comprender los misterios celestes, o intenta construir una casa olvidándose de los cimientos, o quiere entrar por el tejado dejando de lado la puerta. 

Por tanto, Jesús es ese fundamento, luz y puerta, que, habiendo de mostrar el camino a los que andaban perdidos, se manifestó a todos como la luz de la fe, por la que el Dios desconocido puede ser deseado y, suplicado, puede ser creído y, creído, puede ser encontrado.

LUCE, ALIMENTA Y UNGE

Este fundamento sustenta la Iglesia, que se edifica en el nombre de Jesús. El nombre de Jesús es esplendor de los predicadores, porque con un luminoso esplendor hace anunciar y oír su palabra. (Entonces se pregunta san Bernardino) ¿Cómo piensas que la luz de la fe se extendió por todo el orbe tanto, tan rápida y encendidamente, a no ser porque Jesús es predicado? 

¿No nos llamó Dios a su luz admirable por la luz y sabor de ese nombre? Porque hemos sido iluminados y hemos visto la Luz en esa luz, dice Pablo con razón: «en otro tiempo eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor: caminen como hijos de la luz» (Gal 4, 8).” (San Bernardino de Siena, Sermón 49, sobre el glorioso nombre de Jesucristo, cap. 1).

Se llega al punto de comparar el nombre de Jesús con el óleo ¿Por qué? San Bernardo, otro gran santo, explica que el aceite tiene tres cualidades que se aplican al nombre de Jesús: “Luce, alimenta y unge. Fomenta el fuego, nutre la carne, alivia el dolor. Es luz [cuando es aceite de lámparas], comida [porque el aceite se usa en las comidas] y medicina [porque antiguamente el aceite también se usaba para curar heridas]. 

Veamos cómo todo esto conviene cumplidamente al nombre del Esposo. Este dulcísimo nombre brilla cuando es predicado, alimenta cuando es comido, unge y mitiga los males cuando es invocado” (San Bernardo, Sermón 15 sobre el Cantar de los cantares, II, n. 5).

Quien nada debe nada teme TU FE

DÉJATE ILUMINAR

Jesús es la Luz que brilla en medio de las tinieblas, Luz que Dios mismo nos manda. Su deseo es que nos dejemos iluminar y seamos, a la vez, como luminarias encendidas en la noche de este mundo (Cfr. Flp 2, 15-16). Ahora, para recibir el resplandor de Cristo, hay que abrir los ojos del alma, limpiarlos con el colirio de los sacramentos, sobre todo con la confesión. Que con nuestra mirada limpia hagamos limpias las vidas de muchos otros.

Sabemos que no solo es el nombre, sino el mismo Jesús. Decir luz es decir Jesús. Lo que pasa es que antes los nombres tenían un peso especial. “También para ti, Jesús, que le pusiste Pedro a Simón, Mateo a Leví, etc.”

Jesús es luz. Di “¡Jesús!”. Déjate iluminar. No temas. O, si temes, vete a la confesión y queda libre de tus deudas (como dice alguna versión del Padrenuestro: 

perdona nuestras deudas, así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores). Entonces recibirás su luz sin temor alguno. “Porque quien nada debe, nada teme”.


Citas Utilizadas

Hch 5, 17-26

Sal 33

Jn 3, 16-21

Liturgia de las horas, Himno Laudes, Domingo

San Bernardino de Siena, Sermón 49, sobre el glorioso nombre de Jesucristo, cap. 1

San Bernardo, Sermón 15 sobre el Cantar de los cantares, II, n. 5

Reflexiones

¡Jesús! Ilumina mi vida. Que sea como luminaria encendida en la noche de este mundo. Ayúdame a abrir los ojos del alma y limpiarlos con los sacramentos, sobre todo con la confesión. Que con nuestra mirada limpia hagamos limpias las vidas de muchos otros.

Predicado por:

P. Federico

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