< Regresar a Meditaciones

P. Josemaría

8 min

ESCUCHA LA MEDITACIÓN

¡NO QUIERO IR!

La libertad cristiana no es en absoluto arbitrariedad; es seguimiento de Cristo en la entrega de sí hasta el sacrificio de la cruz. Puede parecer una paradoja, pero el Señor vivió el culmen de su libertad en la cruz, como cumbre del amor.

EL AMOR AL PADRE

Antes de leer el Evangelio de la misa de hoy, quisiera contarte una anécdota que me sucedió hace un par de días cuando fui a cargar gasolina. 

El despachador, un muchacho de unos veinticinco años, muy amable, tenía un tatuaje en el brazo. Mientras le ponía gasolina a mi carro le pregunté, ¿y qué significa ese tatuaje? 

Y me dijo con mucha ilusión: —Mire padre (bueno era un tatuaje en el que estaba un señor con un bebé en una playa y arriba, una mano de un adulto, un brazo, tomando la mano de un bebé) este señor joven, pues es un dibujo que me recuerda a mi papá, que murió el 26 de mayo del 2018. Yo le tenía muchísimo cariño y estaba muy cercano a él. Y tenía una foto de cuando yo era pequeño en la playa en la que él me estaba cargando, y quise que se plasmara en mi antebrazo. 

—Este otro dibujo (de una mano que sujeta una mano pequeña, una mano adulta), es la mano de mi padre que desde el Cielo me sujeta y me lleva siempre. 

Me dio mucho gusto saber el cariño que le tenía este muchacho a su papá.

Luego me comentó que estaba aquí en mi ciudad, se había venido porque a su mujer le habían dado una plaza de enfermera. Se habían juntado desde la secundaria, hacía doce años. Él tiene veinticinco y ella pues quizá uno menos. Es increíble estas historias, ya te contaré cómo progresan…

Pero te contaba una anécdota sobre la fuerza de la paternidad en nuestras vidas, como para poder calar y entender el Evangelio.

LA VOLUNTAD DEL PADRE

Y el Evangelio dice así:

«En aquel tiempo Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, ¿qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos. Fue a ver al primero y le ordenó: Hijo ve a trabajar hoy en la viña. Él le contestó: Ya voy señor, pero no fue. 

El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo, este le respondió: No quiero ir, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre? Ellos le respondieron: el segundo».

Pues Jesús les responde a los sumos sacerdotes con una parábola que se ajusta a una temática con una gran tradición en Israel, la distinta reacción de dos hermanos ante un mismo hecho.

Recuerdas tú en el Antiguo Testamento por ejemplo los, sin ir ahora, sí que yéndonos lo más lejos posible, ¿los ratos de Caín y Abel? ¿Cómo cada uno respondió de distinta manera a Dios? Y eran hermanos.

¿O de Esaú y Jacob, que le vendió su primogenitura por un plato de lentejas? Claro, los sumos sacerdotes son sensibles ante estas diferencias de dos hermanos, dos hijos de un mismo padre. Y no digamos en el Nuevo Testamento donde aparece pues esta famosísima, si no la más famosa parábola, la del hijo pródigo, que es muy similar a esta.

Porque en el fondo es lo mismo, el hijo que dice ya voy señor pero no fue, pues es como el hermano del hijo pródigo, que siempre está pero no se siente hijo.

En cambio el otro que dice no quiero ir pero se arrepintió y fue, pues es el hijo pródigo, que dice no quiero reconocerte como padre pero luego se arrepiente. 

Bien, lo primero es partir de la base del gran amor de Dios Padre por nosotros. 

QUERER IR

FILIACIÓN DIVINA

Esta semana hizo la Primera Comunión un profesor muy querido, amigo, en el lugar donde trabajo. Y antes del día previo a su Primera Comunión me decía: —Padre estoy muy contento. 

Y me saltaban las lágrimas después de haber leído aquella escena evangélica que dice:

«Que padre de vosotros si su hijo le pide pan le dará una piedra, o si le pide pescado le dará una serpiente. O si le pide un huevo le dará un escorpión. Pues ustedes siendo malos saben dar buenas dádivas a sus hijos, cuánto más vuestro Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan».

Le caía el veinte de lo que es la Filiación Divina. De manera que pongámonos en esta tesitura a ti y a mí, cada vez que hacemos oración, como en este momento, estamos en la presencia de Dios; pero no de un Dios lejano, sino de un Dios que es Padre, es nuestro Padre, somos sus hijos. 

Ser y saberse hijos de Dios, es motivo más que suficiente para no tener ningún problema nunca, para estar siempre tranquilos, para estar siempre contentos.

No sé a ti, pero a mí también esta parábola de los dos hijos del día de hoy, me recuerda muchísimo a Jesús en el Huerto de los Olivos rezando en agonía ante su Padre ante el miedo de ir a la Cruz. 

Y diciéndole con estas palabras:

«Padre, si quieres pasa de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya».

DE SU IMAGEN Y SEMEJANZA

O sea, Jesús no quiere ir a la Cruz porque no es temerario. Y nadie quiere ir a sufrir. Pero finalmente va. Porque al hacer oración descubre que sí que quiere ir porque mucho más allá de su miedo a la muerte, está su determinación y su deseo profundo, que está incluso por encima de su propia vida, de hacer la Voluntad del Padre.

“Sólo Dios basta”, decía un autor espiritual llamado André Poisson, en un librito llamado La oración del corazón.

Y decía, “es preciso aún que nuestro corazón profundo en la medida en que se identifica con la voluntad esté en silencio. Que se aplaque todo deseo que no sea el de hacer la voluntad de Dios.

Es decir que mi querer en lugar de estar en tensión hasta imponerse el resto de mi ser, sea pura disponibilidad escucha y acogida, entonces se abre la posibilidad de entrar en un auténtico silencio de todo el ser frente a Dios. Un silencio nacido de la conformidad real de mi ser profundo con el Padre del que es imagen y semejanza”.

Bien, pues éste es el auténtico milagro de la oración, que tú y yo al ponernos un ratito con Jesús en el silencio del corazón, no basta el silencio, sino que sea una disposición profunda a hacer la voluntad del Padre.

Y termina diciendo en este párrafo el autor: “El verdadero silencio sólo se establece en un corazón puro, en un corazón que se ha vuelto semejante al corazón de Dios”.

QUERER IR

ENTREGA Y SERVICIO

Me recuerda también este evangelio de los dos hijos, a la experiencia que vivió el Papa Benedicto XVI, que fue perfecta para la doctrina de la fe, cuando era el cardenal Joseph Ratzinger.

Se quería ir a descansar, bueno más que descansar, a ser profesor universitario -porque era lo que a él más le apasionaba-, dar clases en la universidad de Alemania. 

Y sin embargo, el Papa Juan Pablo II lo necesitaba a su lado. Y él tuvo esa disponibilidad de renunciar a ese sueño, para hacer la voluntad de Dios. Porque su sueño más grande era ese: hacer la voluntad de Dios. Por eso, fue un hombre muy feliz. ¡Y qué trascendencia tuvo después de ser elegido Papa!

Bueno, pues ya el Papa Benedicto XVI en un Ángelus del 1º de julio del 2007 decía: “la libertad cristiana no es en absoluto arbitrariedad, es seguimiento de Cristo en la entrega de sí hasta el sacrificio de la Cruz”.

Y aquí están las palabras, la frase que más quiero subrayar. “Puede parecer una paradoja, pero el Señor vivió el culmen de su libertad en la Cruz como cumbre del amor, cuando en el Calvario le gritaban: «Si eres Hijo de Dios baja de la cruz», demostró su libertad de Hijo, precisamente permaneciendo en aquel patíbulo para cumplir a fondo la voluntad misericordiosa del Padre”. 

Pues éste es el gran misterio de la libertad… ¡¿para qué libertad?! ¡Para amar! Libertad para hacer la voluntad de Dios, como Cristo que pone a su Padre por amor, por encima de sí mismo, hasta la entrega de la Cruz.

ACTUAR CON LIBERTAD

Y dice el Papa, pues ese hombre que lo ves clavado en una Cruz y que no puede ni quitarse una mosca de la cabeza, en ese momento está ejerciendo la libertad más plena que cualquier ser humano jamás haya podido y podrá ejercer en esta Tierra.

De manera que cuando tú y yo pensamos o sentimos, que lo que nos pide Dios es demasiado, o es muy difícil, en vez de pensar es que esto no es para mí porque me conflictúa, pues no ver ese sentimiento como algo raro o problemático.

Jesús mismo, perfecto Dios y perfecto hombre lo ha experimentado. Y en ejercicio de su perfecta libertad nos enseñó cómo encauzar nuestro corazón humano, con el corazón del Padre. 

Para que no nos sorprendamos de que aquello que implica lucha y esfuerzo vale la pena.

 Pues terminamos ya, acudiendo como siempre a la Virgen. Ella que estuvo al pie de la Cruz y que sufrió. Y si que hubo dolor y confusión en su corazón, pero no desesperación, porque había entendido desde el primer momento de su fiat, de su

«hágase en mí según tu palabra»

lo que era la auténtica libertad y la auténtica entrega.

Desde aquella chiquilla de quince años que había dicho con una auténtica personalidad que sí a Dios, que la invitaba a comprometer su libertad. Su personalidad y todo su ser en su seguimiento y hasta la Cruz. Y ahí está al pie de la Cruz sufriendo, pero llena de esperanza de la razón en la Resurrección.

Señora Madre nuestra, ayúdanos a ser capaces de decir que sí a la Cruz, pero sobre todo de entender que decir que sí a la Cruz significa, sobre todo, decir que sí al Padre. Decir que sí al amor. 

Porque me da la gana amar al Padre a Dios porque es mi Padre por encima de todo.


Citas Utilizadas

Ez 18, 25-28

Sal 24

Fil 2, 1-11

Mt 21, 28-32

Reflexiones

Madre Santísima, ayúdame a que quiera estar cerca de Dios haciendo uso de mi libertad. Que sí quiera ir en el camino correcto y que pueda ser un verdadero hijo de Dios.

Predicado por:

P. Josemaría

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?