ESCUCHA LA MEDITACIÓN

JUEVES DE CUARESMA

Haré una oración delante del crucifijo pidiéndole a Cristo que me ayude a vivir bien la cuaresma; pediré perdón por mis faltas asistiendo con sincero dolor al sacramento de la Penitencia. Trataré de meditar la Pasión de Cristo en este tiempo litúrgico, consciente de que en ella obtengo toda la fuerza para mi sufrimiento diario.

En este jueves después de ceniza, que estamos inaugurando nuestro tiempo de Cuaresma, que es un tiempo de penitencia, el evangelio que nos propone la Iglesia es un texto de san Lucas. Es cuando Jesús les dice a sus discípulos:

«El Hijo del hombre debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar el tercer día».

Jesús dice con claridad eso que estaba recogido en los profetas: que debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, por los sumos sacerdotes, por los escribas, los grupos que le estaban supuestamente esperando al Mesías y, lo más terrible, ser condenado a muerte. ¿Para qué? Para resucitar al tercer día. 

Sigue san Lucas diciendo:

«Después dijo a todos: “El que quiera venir detrás de Mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su Cruz cada día y que me siga”».

Después dice esta frase que es muy típica de Jesús, de plantear las cosas en contra -por así decir- de hacer radicales estas frases que nos han servido tanto para darle vueltas, para ver cómo es la doctrina de Cristo de profunda. Porque:

«el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por Mí, la salvará».

Y luego deja esa frase que nos sigue dando vueltas:

«¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde y arruina su vida?»

(Lc 9, 22-25)

Señor, estas palabras que nos hacen ver qué es lo que quieres para cada uno de nosotros. Tú que seguramente buscas que reaccionemos y que estemos dispuestos a perder la vida aquí para ganarla en el Cielo, que llevar aquí la Cruz vale la pena para ganarnos ese espacio en tu Reino, que ver los problemas no como algo desgraciado sino como una oportunidad de estar más cerca de Ti, porque

«el que quiera venir detrás de Mí, que cargue su Cruz de cada día y me siga». 

BIENAVENTURADOS…

Hablaba esta semana con una señora que me decía: ¡Qué desgraciada es mi vida! La veo como algo terrible que no puedo hacer más. No puedo concentrarme en las cosas que me darían felicidad, sino que todo me hace sufrir. 

Yo veía que es una cosa muy fuerte, su vida está llena de cosas difíciles y yo le decía: “oye y ¿te acuerdas que cuando una persona se gana una lotería uno enseguida dice “qué suerte que tienes”? Jesucristo no dice “qué suerte que tienes”, pero sí le dice bienaventurado o dichosos. 

Y ¿a quién les dice bienaventurados o dichosos? Pues a los que sufren, a los que hacen de su vida aquí en la tierra algo difícil: a los que les persigue la justicia, a los que lloran, a los que claman, a los que son pobres… 

Ahí el Señor tiene misericordia y eso les dice: dichosos, como si te hubieras ganado la lotería. ¿Por qué? Porque eso te lleva a ganarte espacio en el Cielo. 

No porque sea un Dios malo, sino que cuando uno oferta esas cosas a Dios como sacrificios, como estar dispuesto a pasar hasta por los tragos más amargos por amarle y por demostrar ese amor, entonces todas las cosas tienen un sentido distinto, tienen esa profundidad. 

El Señor ha escogido ese camino, que es el camino de los que se dan cuenta que la tierra no es el espacio para rehacer todo, sino para ganarnos todo. 

RASGA TU CORAZÓN DE CORAZÓN

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Dice el profeta Joel:

«Dice Yahveh: “vuelvan a mí, con todo corazón, con todo ayuno, con llantos y con lamentos”. (…)

Rasga tu corazón y no tus vestidos y vuelve a Yahveh tu Dios, porque Él es bondadoso y compasivo. Le cuesta enojarse y grande es su misericordia. Envía la desgracia, pero luego perdona»

(Jl 2, 12-13). 

Esto es lo que tenemos que ir revisando en nuestras vidas. Rasga tu corazón de corazón. Perdón Señor, porque tantas veces me alejo de Ti, porque tantas veces me rebelo ante las cosas que Tú me das como opciones para purificarme, como cosas para tenerte más cercano, para acordarme que existes en mi vida Señor y a veces es difícil.

«Bienaventurados los que lloran…» 

(Mt 5, 5).

Pero es duro llorar, es duro tener el corazón así y a lo que Tú nos invitas, Señor, es a tomar tu Cruz, es a seguirte realmente, es a darnos cuenta de que eso malo que nos pasa, que supuestamente es malo, Tú sacarás algo que realmente es bueno. 

Por eso san Máximo, el confesor, dice:

“nada hay tan grato y querido por Dios, como el hecho de que los hombres se conviertan a Él con sincero arrepentimiento”.

Señor, queremos volver a Ti con sincero arrepentimiento, queremos hacer las cosas realmente con esa pureza de intención que Tú tanto agradeces en nuestras vidas. Que no nos sentemos como las personas que huyen del dolor, como que son alérgicas, sino que, al contrario, te encontremos también en el dolor. 

AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

Porque ¿cómo se puede hacer que un amor sea realmente comprobado? ¿Cómo podemos vivir ese:

«Amarás a Dios sobre todas las cosas»?

(Mt 22, 37)

Yo creo que el amar a Dios sobre todas las cosas está, como en todos los amores, marcados por esa moneda que en la parte superior es amor y en la parte de atrás es el dolor; la cruz y raya digamos. 

O sea, por un lado, el amor marca que en el dolor se demuestra el amor, eso Señor queremos hacerlo siempre contigo y eso lo hacemos cuando tomamos la Cruz de cada día y te seguimos, cuando renunciamos a que nos vaya bien. 

Porque en realidad nos da igual el resultado. Si nosotros ponemos todas las energías y todos nuestros esfuerzos para que funcionen las cosas, aunque al final no terminen funcionando, Tú, Señor, has sido glorificado por nuestro trabajo, un trabajo que no busca el éxito completo, sino lo que busca es darte a Ti esas alegrías del trabajo bien hecho de la santificación de las cosas que hacemos.

Por eso, cuando te sientas un poco mal, coge un crucifijo y pídele a Cristo que te ayude a vivir bien la cuaresma, que es justamente tiempo de conversión. 

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ACERCARNOS AL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA

Pídele perdón por tus faltas, que asistas con sincero dolor al sacramento de la Penitencia, de la confesión.

Intenta meditar estos días la Pasión de Cristo y que este tiempo litúrgico de cuaresma nos ayude a tener esa triple función: de la oración, del ayuno y de las limosnas; que tengamos más a flor de piel esta necesidad, porque de ahí sacaremos la fuerza para superar el sufrimiento diario. 

Señor Jesús, ayúdanos a ser buenos cristianos renunciando a lo que sabemos que te ofende: al pecado, a la soberbia, al orgullo y metiéndonos a recibir a nuestros hermanos con delicadeza, con caridad, intentando hacer que las interacciones humanas que tengamos sean siempre amables.

Y sacando de nuestra vida lo que nos distancia de Ti: el pecado y de los demás, el trato arrogante o despiadado a veces incluso. 

Señor, que sepamos purificarnos también, tomar la Cruz de cada instante para purificarnos y para seguirte a Ti. 

Estos días de cuaresma, Señor, que sean para nosotros momentos de acercamiento a Ti por el sacramento de la Penitencia, la confesión. Y también por esas ganas de purificar nuestro corazón hasta el final. 

Ponemos estas intenciones en manos de nuestra Madre, la Virgen María. Ella nos ayudará a purificarnos también, a saber tomar la Cruz, a morir cada día un poquito para vivir para la vida eterna. Así sea. 


Citas Utilizadas

Deut 30, 15-20

Sal 1

Lc 9, 22-25

Jl

Mt

 

Reflexiones

Perdón Señor, porque tantas veces me alejo de Ti, porque tantas veces me rebelo ante las cosas que Tú me das como opciones para purificarme, como cosas para tenerte más cercano, para acordarme que existes en mi vida.

Predicado por:

P. Juan Carlos

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