LEÓN XIV VISITARÁ SUDAMÉRICA
El Papa León XIV podría estar en cualquier parte del mundo, sin embargo, en unos días vendrá a Sudamérica: estará primero en Uruguay, después en Argentina y luego en Perú. Viene a encontrarse con su gente, viene a encontrarse con nuestras familias, viene a encontrarse con nuestros jóvenes, con nuestros sacerdotes y religiosos. Viene a encontrarse con vos. Y si hay algo que me parece especialmente importante, es que el Papa viene a encontrarse también con una generación que necesita de Dios.
Esta visita de Papa puede ayudarnos a levantar un poco más la mirada, porque la Iglesia no está para acompañarnos solamente cuando tenemos problemas. Está para mostrarnos un horizonte grande, para recordarnos que nuestra vida tiene una misión, que somos testigos, que somos discípulos, que somos Iglesia;no somos simples espectadores.
Un pastor que viene de lejos se acerca a nuestra tierra, se acerca a este continente y su presencia tiene que ayudarnos a recordar que no estamos solos, que Él está cerca nuestro, que quiere también recibir nuestro compromiso. No alcanza con esperar un mensaje, podemos preguntarnos cómo va la vida, o en lo cotidiano, o en la fraternidad, o en el servicio… pero qué importante también encontrarnos con el pastor. Y esta visita nos encuentra con ese corazón dispuesto, capaces de tender la mano a escuchar también qué nos quiere decir, qué te quiere decir a vos.
“Señor, ayúdanos a preparar el corazón para recibir al Papa León XIV. Ayúdanos a preparar esta visita para descubrir más en nosotros esa fe, esa esperanza y esa caridad como Iglesia argentina, como Iglesia uruguaya y como Iglesia peruana”. Necesitamos también escuchar más al Papa León y así como estuvo en Madrid y como estuvo en París, también quiere venir a hablar con nosotros de cosas importantes. Quiere mostrarnos también que, en medio de las dudas, en medio de los problemas, siempre podemos acudir a Jesús.
PREPARÁNDONOS PARA EL GRAN BANQUETE
A lo largo de la predicación del Señor, lo vemos en el Evangelio de hoy, Jesús va como mostrándonos parábolas para hacernos entender el verdadero reino de Dios. Como ya estamos cerca del fin del año litúrgico, el Evangelio de la misa de hoy también nos lo recuerda con esa parábola de las vírgenes necias y las vírgenes prudentes. Muy atinado también para el tiempo que te decía de la venida del Papa. No sabemos ni el día ni la hora, somos para Dios también un momento especial y el discípulo tiene que recordar en este Evangelio que tiene que tomarse en serio la vida. Esta visita del Papa también nos ayuda a esto, a prepararnos a tomar la vida en serio.
Se han hecho un montón de preparativos acá en la Argentina, en Buenos Aires, lo mismo en Uruguay. Soy consciente también ahí en Chiclayo -estuve recientemente con un ex secretario del Papa León cuando estuvo ahí en Chiclayo y nos contó intimidades también de cómo él vivía su vida diaria ahí en Chiclayo. Y a nosotros nos toca preparar también el corazón para esta gran boda, para este gran banquete, nos toca prepararnos para este momento decisivo. Estas vírgenes necias y prudentes, algunas estaban preparadas, otras no, y la vida no se puede tomar a la ligera. Dios nos ofrece algo muy grande pero no se conquista si uno no lo desea, si uno no lo persigue, si uno no se prepara. ¿Quién es el más preparado? ¿Quién es el más prudente? Bueno el que ha preparado este tiempo del camino de oración, este tiempo de preparación material… Los que siguen a Jesús también tienen que estar preparados.
Hoy en este evangelio, en esta escena que meditamos también en este rato de oración con Hablar con Jesús, nos anima a buscar encontrarnos con el Señor, aunque estemos faltos de fe, aunque estemos faltos de esperanza, falsos testimonios a veces también en nuestra vida, porque podemos caminar a veces en tinieblas o a veces en errores y uno podría ir por la montaña lo mismo igual, a veces un poco perdidos.
Como decía C.C. Lewis en ese libro Mero Cristianismo, cuando se refiere también a que Dios no viene a cambiar la cañería de nuestra casa, sino que viene a construir un palacio. Nosotros igual queremos que esta venida del Papa nos ayude a preparar ese palacio en nuestro corazón, nos anima a recibir a Jesús con más detenimiento.
LAS VÍRGENES PRUDENTES Y LAS NECIAS
Estas vírgenes, las prudentes iglesias eran niñas menores de doce años. Eran personas que a esa edad –a partir de esa edad-, ya podían ser casadas por sus padres. Y como la novia de la parábola tendría más o menos esa edad, las vírgenes deberían ser sus amigas, primas, vecinas, conocidas –lo que quieras-, y su papel en la ceremonia era salir a recibir al novio cuando avisaban de que estaba cerca del pueblo. Quizá venía de más lejos, quizá venía de más cerca, y con frecuencia el esposo tenía que caminar bastantes kilómetros y si había algún imprevisto llegaba al atardecer, llegaba con la puesta del sol, a la hora que sea. Y las niñas tomaban sus antorchas, no las lámparas ni tampoco los encendedores porque no había, apenas existían, sino que iban con antorchas para recibirlo al novio. Así de esa manera, lo recibían gritando de alegría, con música, con flautas, con tambores, con cítaras, con lo que sea y en las calles se generaba una expectativa total.
¿Y la novia? podríamos preguntarnos. Bueno, la novia estaría esperándolo, estaría ahí seguramente en su casa con el sacerdote de la antigua alianza que quería bendecir la pareja, con los padres… Naturalmente esa alegría se transmitía y unos van a quedar fuera, cuenta el evangelio, ¿por malas y pecadoras? No, porque se entibiaron, fueron tontas podríamos decir. No se supieron preparar bien para la venida de Jesús.
Lo mismo pasa ahora con la venida del Papa. Uno dice,bueno viene el Papa León y no me estoy haciendo idea; o va a pasar el Papa León y ni siquiera me enteré… Se trata de un diálogo de Dios con vos, de Dios con tu corazón. ¿Querés recibirlo? ¿Querés ver? ¿Querés ser testigo o querés quedarte como un espectador? No yo lo voy a ver en televisión, me dicen algunos, o no yo me voy a quedar en un lugar apartado, o no yo no voy con mucha gente…
Mira el amor del Papa viene a estar con todos nosotros. La verdad que lo decía también san Josemaría, porque el peso que lleva el Papa también y los obispos, y toda la Iglesia, también es importante que sientan ese afecto cercano. Y así como viene el Papa León XIV ahora a estas tierras, le podemos decir desde ya: ¡muchas gracias! Y te pedimos Señor ese amor al Papa, como decía san Josemaría, para tenerlo en el corazón siempre y más ahora. Es el vicecristo, como le gustaba decir también a santa Catarina de Siena, o como le gustaba decir también a san Josemaría, obviamente citando a esta santa.
SER TESTIGOS Y NO SOLO ESPECTADORES
Pero bueno, ¿vos te preparas a estas actividades? ¿querés participar? No podemos olvidarnos que también para un cristiano, para un testigo de Cristo, esta mirada en estos días va a pasar especialmente por Jesús, va a pasar especialmente por la figura del Papa, por la figura del vicecristo de la tierra, por la figura del sucesor de san Pedro que también quiere estar en esta tierra. Y así como san Josemaría animaba siempre a rezar mucho por el Papa, también animate vos a rezar por él, a tenerlo más presente, a darte cuenta de que no pueden pasar sin más estos días.
El Papa efectivamente va a animarnos a vivir esa vida cristiana que pasa mucho por ese construir ese castillo como te decía, o también por ser testigos de verdad y no espectadores. Y en la medida que también nos animemos a vivir con esa ilusión descubriremos que necesitamos más visión sobrenatural, más confianza en la Iglesia. La Iglesia está fundada en Cristo. La Iglesia cumple la voluntad de Dios. La Iglesia también, como misma madre que es, cuida de sus hijos y tiene este pastor que va a venir por acá. Todos unidos al papa. Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam decía san Josemaría: “todos con Pedro a Jesús por María”.
Animémonos también nosotros a vivir con esa ilusión, a dar gracias por esta venida desde ya para estar muy unidos a Pedro, muy unidos a la Iglesia, muy unidos entre los cristianos. Y consideremos también cómo podemos nosotros sentir esa responsabilidad en nuestro apostolado en nuestra vida familiar, en nuestro trabajo, cómo somos cuerpo místico también de la Iglesia. Participaremos con ese testimonio, nos daremos cuenta de que la Iglesia necesita de vos, de que la Iglesia también está esperándote. Vamos a dar ese testimonio de fe, ese testimonio de alegría, ese testimonio de descubrir también que todos podemos seguir preparándonos para, a pesar de nuestros errores, a pesar de nuestros pecados, querer ser santos en la Iglesia.
“La Iglesia es una Madre fuerte, decía san Josemaría,hermosísima y sin mancha ni arruga, aunque en estos tiempos algunos se empeñen en afearla tanto y llega a parecer vieja y sin fuerzas. Hemos de amarla particularmente, más que nunca, y amar también al Romano Pontífice, al sucesor de Pedro, al vicario de Cristo en la Tierra”.
Vamos a pedirle a la Virgen, muy unidos a Pedro, que también sepamos rezar, especialmente en estos días que viene acá a Sudamérica, para también ser testigos de fe, ser testigos que quieren también no quedarse en simples espectadores de tribunas sino que también quieren unirse a María, ella que fue la mujer más sabia que existió, para que también sepamos buscar ese camino que conduce a Cristo. Asi sea.



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