PAN DE VIDA
El Evangelio de hoy, igual que otros de estos días, nos relata el llamado discurso del Pan de Vida, del capítulo VI de San Juan, y tenemos la suerte de que nos hayan llegado estas palabras, Señor, que pronunciaste en la sinagoga de Cafarnaún. Sobre todo la palabra que el Espíritu Santo se encargó de que nos pudieran ser transmitidas para nuestra salvación.
Y dice así al comienzo de la lectura de hoy,
«Yo soy el pan de vida, el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás».
Decís esto, Señor, al comienzo y al final del Evangelio, estas otras palabras:
«Esta es la voluntad de mi Padre, que todo el que vea al Hijo y cree en Él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
El que viene a Vos, Señor, no tendrá hambre, el que cree en Vos no tendrá sed jamás. La voluntad del Padre es que, el que te ve y cree tenga vida eterna, y lo vas a resucitar.
Y eso es más fácil, Señor, creer que nos vas a resucitar, que nos vas a encontrar para al final de los tiempos como a Lázaro, llamándonos por nuestro nombre.
HECHOS PARA EL CIELO
Decirnos que volvamos a la vida, o que recuperemos un cuerpo esta vez glorioso, y una vida no para volver a morir, sino de plenitud, de unión con el Señor, con los bienaventurados, sin sombra de mal ni de final.
Y eso es lo que nos espera, para eso fuimos hechos, para el Cielo. Gracias, Señor.
Pero quizá más difícil es comprender esto otro, de que ahora no tendrá más sed quien cree en Vos, y ahora tiene vida eterna.
Es, por ahí, más difícil, pero no deja de ser igual de real, que el que cree, ya no pasa hambre, ni sed, y ya tiene otra vida, la vida eterna.
¿Cómo es eso, Señor? El que cree, auméntanos la fe para que podamos experimentarlo y vivirlo. Y me parece que tenemos muchos ejemplos de cómo esto se verifica, sobre todo en la vida de los santos.
Estos días me comentaban de una santa que, a pesar de que recibió muchos rechazos, incluso que no la dejaban comulgar, que no la dejaban entrar en una Orden, y ella no perdía la paz, seguía adelante. Santa Gema se llama.
EJEMPLO DE SANTOS
Pensaba en ejemplos de personas que la fe y el creer les ha hecho vivir de otra manera, con esa vida eterna, con paz, distintos tipos de dificultades: la enfermedad, la pobreza, las deudas, la incertidumbre, difamación, injusticia, que son todas cosas que nos pueden hacer pasarla muy mal en este mundo.
Nos podrían hacer pensar que tu palabra, Señor, no se cumple tanto, porque sigue habiendo hambre y sed y sufrimiento…
Hoy es fácil buscar ejemplos en internet que te digan de santos. Buscaba ejemplos de gente con deudas, y me aparecía san Benito de Cottolengo, que era un santo de Turín, en Italia, que por ver que una mujer había muerto en la calle -porque no tenía plata para pagar ningún hospital-, y no la recibieron en ninguna parte, falleció.
Entonces abrió un lugar, recibió cientos de personas, pero totalmente confiado a la Divina Providencia, que parece que tenía deudas enormes, y él siempre confiaba y no dejaba de acudir a la Providencia, no perdía la paz y la alegría.
Qué bárbaro, con deudas, con gente que darle de comer, con un alquiler que pagar, o ante injusticias y difamación.
Leía a san Juan de la Cruz, como pasó encerrado en una celda de tres por dos, sin luz, por mano de su propia congregación, porque él estaba reformando la Orden Carmelita y no lo veían como algo bueno, y estuvo preso ahí. Ahí escribe algunas de sus obras, se abandona, confía.
NUNCA FUÍ MÁS FELIZ
También en la enfermedad, otro que no es santo todavía, Pedro Ballester, un chico que falleció muy joven de cáncer, y está abierto en su proceso de canonización. Le preguntaron si era feliz, después de tres años de batallar contra esa enfermedad, y decía, ‘nunca fui más feliz’. Dónde estaba, sabía transmitir la alegría, muchas veces era en el hospital.
Bueno, ¿qué cambia si uno tiene fe? ¿Acaso no sufre? Y no, sufrir se ve que se sufre igual, pero esa confianza en Vos, Señor, esa vida eterna, pienso que viene de buscar por sobre todas las cosas lo importante, tu gloria, Señor, que sea tu voluntad, la redención que se sale en las almas.
Lo importante que es, y es lo que queda, y a lo que lleva la fe, que es amar y saberse amado también en esas circunstancias tan duras.
Sin ir más lejos hoy si nos fijamos en la Primera Lectura de la misa, cuentan así, como en dos pinceladas los Hechos de los Apóstoles, después de que mataron a Esteban, el primer mártir, se desata una persecución contra la iglesia, y todos menos los apóstoles, menos los doce, huyeron a San María y a Judea.
Algunos hombres piadosos, hicieron un gran duelo por Esteban, y después cómo se empieza a difundir la palabra así donde estaban, y de algunos ejemplos, uno lo ve casi como algo alegre, ¿no?
Se difundió el Evangelio, los perseguían, pero después dice san Pablo que entraban a las casas, los arrastraban a las cárceles. Claro que en ese momento no sería algo tan alegre, sería un drama, ¿no? Tener que dejar la casa, el trabajo, e irse a otro lado, por la persecución para que no te entren en la casa y te arrastren a la cárcel…
SALIR GOZOSOS
Visto después, con el tiempo, y visto desde la fe, quizás sí, lo vivieron incluso con alegría. Como salía también estos días, cuando los metían en la cárcel, y los tajelaron, y salieron gozosos de poder sufrir, por nombre de Jesús.
Quizás algo de eso es, Señor, lo que nos dijo, que el que confía, el que cree, puede ya no tener hambre ni sed, tener ya esa vida eterna.
Y podemos ahora, Señor, en nuestra oración, hablando con Vos, pensar en, aunque por ahí yo no esté pasando por ninguna especial contradicción ni sufrimiento, pero, ¿cuáles son las situaciones mías de ahora, que si yo las afronto con más fe, tendrían otro color. Que, aunque por ahí no es que desaparezca el sufrimiento, pero no habría por ahí tanta preocupación, tristeza, angustia, incertidumbre.
BUSCAR LA VOLUNTAD DE DIOS
Si yo tuviera esa fe grande, si yo buscara ante todo, tu voluntad, amarte a Vos, Señor, querer al prójimo, ¿cómo esas mismas cosas me impactarían? Y, podrían no quitarme la alegría y la paz. Lo que por ahí ahora todavía es hambre y sed, porque no termino de abandonarme, de creer, de buscar lo que Vos buscás, Señor, de querer la voluntad del Padre.
Podemos pensar en esas cosas y pedirle a Jesús, auméntanos la fe. Ayúdanos a buscar en Vos y encontrar esa vida eterna, esa fuerza en el alimento de la Eucaristía, en escuchar Tu Palabra y creer.
Vamos a pedírselo a la Virgen, que no se le ahorró el dolor tampoco, pero no perdió la paz, no dejó de confiar ni aún en la cruz.
Y terminamos ya, y les cuento que justo hoy son cincuenta años del matrimonio de mis papás, les comparto esa alegría y les pido una oración por ellos. También vamos a pedir por todos los matrimonios.

