< Regresar a Meditaciones

P. Santiago

6 min

ESCUCHA LA MEDITACIÓN

VOLVER A DECIR “PADRE”

En esta cuaresma, Jesús nos enseña que la oración no consiste en multiplicar las palabras sino en volver al corazón: reconocer a Dios como Padre, confiar en su voluntad, pedir el pan de cada día con humildad y dejarnos transformar por el perdón.
El Padre Nuestro no es sólo una fórmula que repetimos, sino un camino de conversión que nos descentra nos abre a los demás y nos libra del mal empezando por el rencor y la autosuficiencia.

Jesús, hoy nos enseñas a rezar y lo primero que dices es sorprendente, porque nos adviertes:

«Cuando recéis, no uséis muchas palabras».

Poquitas palabras. Para rezar, se necesita poco. Y no es que las palabras sean malas, es que hay veces el corazón se puede esconder detrás de esas palabras. 

Hablar mucho, más bien lleva, por ejemplo, a escuchar poco. Explicar mucho… sí, quizá para buscar una justificación y en vez de eso confiar poco. Repetir fórmulas, pero no dejar que cambien las cosas en el corazón.

En esta cuaresma ya hemos hablado varias veces de escuchar, porque es que el Papa nos lo está pidiendo. Es lo que el Papa nos ha recordado en el primer punto de su mensaje de cuaresma:

“En este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la palabra a través de la escucha”

(Mensaje del santo Padre León XIV para la cuaresma de 2026. 13 febrero 2026).

Escuchar…

Aquí está el primer paso: Rezar no es convencer a Dios. Rezar es más bien dejarse mirar por Él. “Señor, Tú me miras. Yo te miro y Tú me miras.” Y hablar poco. Yo te miro y Tú me miras. Y hablar poco.

De hecho, también vas a advertir en algún momento, Señor:

«no seáis como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso».

Es pensar como si Dios necesitara información. Como si Dios no supiera lo que nos pasa… ¡El Señor ya lo sabe!

«Vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes de que lo pidáis».

También nos lo dices Tú, Señor.

PADRE NUESTRO

Siempre, cuando se comenta la oración del Padrenuestro, hay un punto importante y es comentar el: Padre. Padre, porque ahí empieza todo. La oración cristiana no empieza con una técnica; no, empieza con una relación.

Por eso no decimos: “Señor lejano, fuerza del universo”. No, decimos “Padre” y eso cambia todo.

La cuaresma no es un esfuerzo solitario por ser mejores. Es volver a la casa del Padre. Es volver a casa. Y volver a llamar Padre al Padre nuestro, que está en el Cielo. Padre nuestro.

Además, decimos: nuestro. No decimos mío, Padre mío. No, decimos Padre nuestro. La oración que nos enseñaste Tú, Jesús, también rompe el aislamiento.

La oración que Tú me enseñaste me recuerda que no camino solo. No, hay otros hijos. Todos somos hijos y por eso todos somos hermanos. Y por eso digo, siempre que rezo el Padrenuestro, eso: nuestro, nuestro. 

Si digo “nuestro”, no puedo vivir como si los demás no existieran. No puedo aislarme.

Ahí es importante también reconocer que, Señor, cuando rezo el Padrenuestro, rezo en comunidad, rezo con la Iglesia. 

QUE DIOS SEA EL CENTRO

Otro aspecto para considerar de la oración del Padrenuestro, que sale hoy en el evangelio, por eso lo estamos comentando, Señor, contigo:

«Santificado sea tu nombre».

Que Tú seas el centro, Señor. Que tu nombre sea lo primero, no el mío, no mi nombre, no mis cosas; no, tu nombre. 

Aquí se juega una batalla muy concreta, porque muchas veces lo que quiero santificar de pronto son mis cosas o mi imagen o mi propia santidad, mi prestigio, mi reconocimiento, mi piedad o mis virtudes y mis talentos. No.

Señor, Tú me enseñas a poner primero tu gloria; siempre Tú primero:

«santificado sea tu nombre».

Luego,

«venga a nosotros tu Reino».

No mi reino, sino tu Reino. No mis planes, no mis tiempos. No, Señor, lo tuyo, tu Reino. 

padre

La cuaresma es una escuela para aprender a soltar el control, a dejar que Dios reine de verdad.

Hace dos días, el domingo anterior, escuchábamos y meditábamos las tentaciones de Jesús en el desierto. Y esas tentaciones ¿cuáles son? El mío, el me apetece, el yo. Esas son las tres tentaciones.

Por eso, qué bueno también cuando rezamos el Padrenuestro en este tiempo de cuaresma, recordar esas tentaciones y decir: “No, Señor, yo quiero cambiar el me apetece por el te apetece a Ti, por el Tú quieres, por cuál es tu voluntad. Cambiar el mío por el tuyo. Cambiar el poder por, Señor, que Tú seas el centro de mi vida, de mis afanes. 

Muy bien, tu Reino.

SU VOLUNTAD

Luego rezamos:

«Hágase tu voluntad».

Esta frase, si la rezamos en serio, cambia la vida. Porque decimos: hágase tu voluntad, no la mía. Y eso no es resignación, es confianza. 

Hágase tu voluntad es decirle al Señor: Señor, confío en Ti, confío en tu voluntad, confío en que estoy en tus manos. Estoy en tus manos Jesús. Tú sabes más, Padre, Tú sabes más. Ahora que te estoy rezando a Ti, Padre, Tú sabes más, Tú ves más lejos. Quizá ahora no entienda, pero Tú sabes más. 

Aquí el ayuno cobra sentido, porque ayunar es decirle al cuerpo, “Oye, no todo lo decides tú, un momentico, ¿cómo así?” No. Rezar: hágase tu voluntad, es decirle al alma: “No todo lo decido yo”. 

Más bien, Señor, decide Tú, ¿cuál es tu voluntad? Luego decimos en el Padre Nuestro:

«Danos hoy nuestro pan de cada día».

Y decimos: hoy, no es mañana, no es dentro de un mes; decimos: hoy. 

Por eso la oración nos trae al presente, nos saca de la ansiedad, nos enseña a confiar en lo concreto, hoy. Lo importante es ya, ahora y ahora es cuando recibo la gracia de Dios.

También, Señor, con ese hoy nos recuerdas que todo es un regalo, que todo es un don. El pan no se exige, se pide.

PERDÓN

Luego te decimos:

«perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos».

Aquí la cosa se pone seria, porque hasta ahora todo era como: “Bueno, Señor, estoy dirigiéndome a Ti y tal y estamos Tú y yo hablando tan…” Pero aquí hay una condición, Jesús lo dice claro:

«Si no perdonáis, tampoco vuestro Padre os perdonará».

Y la cuaresma no puede ser sólo ayuno de comida. No, tiene que ser ayuno también de rencor, ayuno de memoria amarga, ayuno de conversaciones interiores donde vuelvo a repetir lo que me hicieron o recordarme lo que me hicieron y cómo me ofendieron.

padre

Perdonar no es decir que no dolió, “tampoco fue para tanto”. A veces las cosas duelen y duelen mucho. Más bien perdonar es decir que el mal no tiene la última palabra en mi corazón, en mi alma, en mi interior. Y eso sólo es posible si primero me sé perdonado. 

Señor, Tú me perdonas a diario. ¿Cuántas ofensas has perdonado en mi vida? ¿Cuánto me quieres y cuánto me has aguantado? A veces pienso mucho eso: Señor, ¡cuánto me quieres!

Si no me dejo abrazar por el Padre no tendré fuerzas para abrazar al que me hirió, al que me ofendió. 

LÍBRANOS DEL MAL

Luego decimos:

«no nos dejes caer en la tentación».

Sabemos que existe la tentación, lo meditamos hace dos días. Sabemos que existe el tentador, pero Dios está con nosotros y la cuaresma es tiempo de combate. No luchamos solos, yo no lucho solo. 

Por eso digo: “Padre, no me dejes. No confío en mis fuerzas, confío en tu gracia. Confío en tu bondad”.

Y finalmente:

«líbranos del mal»

(Mt 6, 7-15),

no sólo del mal en abstracto, sino del mal concreto, del que se camufla, del que parece pequeño. Jesús, líbrame del mal, que es peligrosísimo.

TAN SENCILLA PERO TAN PROFUNDA

¡Qué oración tan sencilla, pero tan profunda! ¡Padre Nuestro! Vamos a saborearla, vamos a rezarla. 

Sí, nos la sabemos de memoria, pero en esta cuaresma quizá podamos rezarla más despacito, saboreándola, deteniéndonos en alguna frase. Dejar que nos incomode también la oración del Padre Nuestro. Que no sea una repetición automática. 

Tú nos dijiste, Señor:

«no uséis muchas palabras»

y nos regalas poquitas. Cuando te pedimos que nos enseñes a rezar, nos dices, venga pues y poquitas palabras. Suficientes, eso sí, para cambiar el mundo. 

Señor, gracias. Jesús, gracias por enseñarnos esa oración del Padrenuestro. Que cada “Padre” me recuerde quién soy, que cada “nuestro” me abra a los demás, que cada “perdona” me ablande el corazón y que cada “hágase” me enseñe a confiar.


Citas Utilizadas

Is 55, 10-11

Sal 33

Mt 6, 7-15

Mensaje del santo Padre León XIV para la cuaresma de 2026. 13 febrero 2026

Reflexiones

 Señor, gracias por enseñarnos esa oración del Padrenuestro. Que cada “Padre” me recuerde quién soy, que cada “nuestro” me abra a los demás, que cada “perdona” me ablande el corazón y que cada “hágase” me enseñe a confiar.

Predicado por:

P. Santiago

¿TE GUSTARÍA RECIBIR NUESTRAS MEDITACIONES?

¡Suscríbete a nuestros canales!

¿QUÉ OPINAS SOBRE LA MEDITACIÓN?

Déjanos un comentario!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.


COMENTARIOS

Regresar al Blog
Únete
¿Quiéres Ayudar?¿Quiéres Ayudar?