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P. Manuel

6 min

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BIENAVENTURADOS LOS PERSEGUIDOS

En todas las épocas hubo persecuciones contra los cristianos sólo por el hecho de ser cristianos. Los perseguidores eran grandes odiadores dispuestos a torturar y matar. El diablo se metió en sus corazones.
Los odiados eran gente buena y piadosa que amaban a Dios y al prójimo. El Señor los llama bienaventurados.
La historia de la Iglesia es rica en martirios, empezando por los santos inocentes que mató Herodes y muchos otros mártires a lo largo de la historia que dieron su vida por la fe y perdonaron a sus verdugos.
Hoy la delincuencia quiere pasar por buena y aceptable. Los enemigos de Dios buscan crear una mentalidad que critique a los buenos y tenga tolerancia con los malos. Es una mentalidad que se ha ido extendiendo por el mundo. Los que caen en ella es porque se han alejado de Dios. Cuando alguien se aleja de Dios pierde la objetividad y actúa de acuerdo a sus sentimientos como si fueran la verdad.

El evangelio de hoy nos trae unas cuantas bienaventuranzas. Quisiera detenerme en una de ellas que dice:

«Bienaventurados cuando los odien los hombres y los excluyan y los insulten y proscriban el nombre de ustedes como infame por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque la recompensa será grande en el Cielo»

(Lc 6, 22-23).

Dice:

«Bienaventurados cuando los odien».

Hay que distinguir entre los que odian y los que son odiados. El odio es un sentimiento intenso de repulso hacia alguien, es un rechazo que indica enemistad, es contrario al amor. El que odia rechaza y muchas veces quiere destruir.

Pero, ¿cuál es la causa del odio?

Muchas veces la envidia porque otros tienen y yo no tengo, porque al otro lo tratan mejor que a mí, porque el otro es mejor que yo, saca buenas notas, le va bien en el trabajo y a mí no me va bien.

Y con la envidia puede crecer el odio y puede ocurrir lo que le ocurrió a Abel cuando su hermano Caín veía que Abel hacía todo bien le empezó a odiar, tanto que lo llegó a matar… a su propio hermano.

También el odio puede surgir de una pelea cuando están disputando por algo, una propiedad, por ejemplo. 

En la historia vemos que las guerras se originan porque se pelean un territorio y cuando se arma la guerra, se fomenta el odio contra el enemigo: el enemigo es enemigo, hay que odiarlo, hay que despreciarlo, hay que matarlo. 

EL ODIO

Pero existe un odio que es mucho peor, el odio que le tuvieron a Jesucristo, que luego terminó en la Cruz condenado.

Jesucristo que era el más bueno de todos los hombres, el que traía las mejores cosas para que los hombres seamos felices, fue odiado por un sector grande de la población y es odiado ahora por un sector grande de la población.

En aquellos tiempos aquella población fue manipulada incluso por las autoridades. Es el odio de los que están más arriba cuando son crueles y tienen poder y no quieren que nadie les quite ese poder.

El odio del que no quiere perder y hace todo lo posible para eliminar a los que considera peligrosos porque le pueden quitar el poder, que a veces son los más buenos; aquellas personas que se ganan el aprecio y el cariño de mucha gente, aquellas personas que quieren corregir los desórdenes de la corrupción o que descubren faltas contra la justicia.

Aquellas personas honradas y generosas que comprenden mejor y que también saben perdonar a ese que rompe el poder de los sembradores impuros del odio, a ese se le odia. Hoy se odia también a mucha gente buena en muchos sitios.

Es como los delincuentes que son cómplices entre ellos, quieren robar o quieren cometer un asesinato y para conseguir esas fechorías motivan el odio hacia los policías, hacia las fuerzas del orden y buscan por todos los medios crear una conciencia que haga ver que ellos son buenos, buenos luchadores y que las fuerzas del orden, esos son los malos, esos hay que eliminarlos.

PERSONAS QUE NO PERDONAN

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Este tipo de mentalidad que ha crecido lamentablemente en muchos lugares del mundo se extiende también a los aspectos doctrinales. En otras palabras, a todo lo que trajo Cristo para que los seres humanos vivamos unidos en el amor a Dios y en el amor a los demás.

Las fuerzas del mal que están movidas por el diablo, que se opone a Dios y que actúa y no se toma vacaciones, buscan dividir a las personas. Muchos discursos de hoy buscan la división, crear una mentalidad sesgada que fomenta un espíritu crítico que se fundamenta no en la verdad, sino en sentimientos de amor propio, de celos, de envidias, de amarguras.

Quienes se encuentran encerrados dentro de esos microbios no pueden amar al prójimo y se convierten en personas que no perdonan, que siempre están criticando, proclives al odio y a vivir con un sentimiento de rechazo continuo. Y la causa principal de todo eso es el alejamiento de Dios. 

La persona que se aleja de Dios es vulnerable y esos microbios entran y empieza a vivir con un espíritu crítico tremendo contra el prójimo. Y esas personas pueden convertirse (como de hecho ha ocurrido) en perseguidores de los buenos. 

DURANTE TODA LA HISTORIA

La historia es muy elocuente. Las persecuciones han existido en todos los siglos y algunas bastante cruentas.

Herodes, por ejemplo, mató a los niños porque quiso matar al Niño Dios por envidia. Pensaba que el Niño Dios lo iba a destituir a él.

Más tarde la guerra civil española fue una guerra contra la religión, se mataba por el hecho de ser cristiano. Murieron muchos sacerdotes, gente piadosa y es por eso que los Papas últimos han ido canonizando a los mártires, que no necesitan todo un estudio; por el hecho de haber dado la vida por la fe ya merecen la canonización. 

Estos últimos Papas han canonizado a mártires de esa guerra civil y siguen canonizando, porque todavía hay más.

En los tiempos actuales, para poner sólo un ejemplo, el estado islámico está matando a cristianos por el hecho de ser cristianos, allí también hay muchos mártires.

LA RECOMPENSA

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En el evangelio de hoy el Señor llama bienaventurados a todos esos que son odiados y perseguidos por querer hacer el bien, por querer defender la fe, por querer erradicar el mal que perjudica a todos. ¿Cuántos de esos mártires que fueron perseguidos y torturados estarán ahora gozando de Dios en el Reino de los Cielos? 

Por eso el Señor dice:

«Alégrense y gocen porque la recompensa será grande en el Cielo»

para todas aquellas personas buenas, aquellos santos que han sido perseguidos, que han sido torturados, que han sido martirizados; y en la época actual también.

«Alégrense y gocen porque la recompensa será grande en el Cielo».

La Iglesia siempre ha ido con el signo de la contradicción. Muchos de la Iglesia, muchos cristianos han sido maltratados por el hecho de ser cristianos, no han sido bien vistos, no han sido políticamente correctos. Han sido como rechazados, incluso odiados por el hecho de ser cristianos, por querer defender la verdad.

Jesucristo pasó por los tribunales humanos y fue condenado a muerte. El mismo Jesucristo será ahora el juez de sus propios verdugos.

CRISTO, MODELO DE NUESTRA VIDA

Hoy hay muchos que temen ser juzgados por los tribunales humanos y no temen al ser juzgados por Dios. Hay un juicio divino y Dios es un justo juez que actúa de acuerdo a la verdad. 

Jesucristo nos dice a nosotros que no juzguemos. Nuestros juicios pueden estar motivados por sesgos ideológicos o por sentimientos de amor propio, que son más bien resentimientos y esos microbios no nos dejan mirar con objetividad y también impiden que amemos a todas las personas sin excepción, como hizo Jesucristo que murió por todos.

En Cristo (y en muchos santos que se identifican con Cristo) tenemos el modelo para que nuestra vida sea coherente y acertada, una vida de amor a Dios y de amor al prójimo. 

Cuando descubrimos a la Virgen María, encontramos en ella el ejemplo más maravilloso de coherencia y de amor cristiano. Ella nos comprende y nos ama con un amor incondicional que nos da fuerza, que nos fortalece y es la mejor maestra para aprender a amar a Dios y para aprender a amar al prójimo.


Citas Utilizadas

1Cor 7, 25-31

Sal 44

Lc 6, 20-26

Reflexiones

Señor, que yo no me aleje de ti.

Predicado por:

P. Manuel

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