DEJAR A UN LADO LA TRISTEZA
Hoy escuchamos en la Santa Misa el Evangelio de san Juan que dice:
“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: ahora me voy al que me envió y ninguno de vosotros me pregunta ¿a dónde vas? Sino que por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón”
(Jn 16, 5-6).
Como hacemos cada día cuando queremos hacer oración contigo Jesús a propósito del Evangelio, hemos aprendido a representarnos la escena en la imaginación y a meternos ahí nosotros, entre las personas que te están escuchando.
“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos…”
pues ahí estábamos nosotros.
Y viene esta descripción que es una despedida. Nos vamos acercando para la solemnidad de la Ascensión del Señor, tu partida en cuerpo y alma al cielo, que efectivamente deja un vacío como toda partida, pero en tu caso pues súper llamativo. Dices
“sino que por haberos dicho esto la tristeza os ha llenado el corazón”,
o sea nos imaginamos que como toda despedida eso fue doloroso y efectivamente nos parece natural que los apóstoles se hayan puesto tristes, visiblemente tristes, ante ese anuncio de tu partida.
Pero sigues tú diciendo Jesús:
“Sin embargo os digo la verdad: os conviene que yo me vaya, porque si no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito”
(Jn 16, 7).
Entonces haces aquí una afirmación que es más difícil de entender así a primera vista, porque que Tú, Jesús, digas: “les conviene que yo me vaya”, nos suena a primera vista raro, porque podríamos pensar que lo que nos conviene es que Tú no te vayas, o sea que estés siempre con nosotros. Y efectivamente en vez de tener que imaginarnos cómo eres, cómo es tu voz, cómo es tu mirada… pues podríamos estar hablando contigo. Entonces es un poco difícil entender estas palabras tuyas Señor,
“os conviene que yo me vaya”.
UNA PARTIDA SIN DEJARNOS SOLOS
Claro que nos consuela el saber que Tú has pensado todo muy bien Jesús, porque es una partida sin dejarnos solos. O sea, Tú puedes hacer cosas que nosotros no podemos hacer: si yo me voy de viaje, ahí donde vivo pues ya no voy a estar por el tiempo que dure el viaje; pero Tú Señor sí que puedes irte y quedarte. Entonces esto es lo que has hecho y creo que es ocasión para que nosotros podamos efectivamente considerar esta verdad y agradecerte.
Si Tú no te hubieras ido y estuvieras ahora en un lugar físico en el mundo, pues podemos imaginarnos también cómo sería esa realidad. De hecho, ha sido en la semana pasada que uno de mis alumnos en la universidad me preguntó -si bien por escrito- que por qué no te quedaste. Porque estábamos hablando de la Resurrección y ya hablando de eso, por qué una vez resucitado no se quedó. Y es razonable la pregunta, pero como dije, nos podemos imaginar también cómo sería si Tú, Señor, hubieras estado aquí en la tierra.
Me parecía que podríamos hacerlo imaginándonos nuestra relación con el Papa, a quien vemos por internet, oímos también -al menos yo lo hago- por YouTube y entonces sí sé cómo es su cara, sé cómo es su voz, pero cuando a mí me preguntan si he conocido al Papa (aunque el actual Papa ha vivido en el Perú) pues yo no he tenido la suerte de coincidir con él.
Así me imagino que muchos millones no hemos tenido la suerte de coincidir son él y los que sí hayan tenido la suerte, pues habrá sido eso, un rato, pero tampoco tanto. No se puede estar con una persona importante mucho tiempo y muchas veces, eso es casi imposible en esta vida.
JESÚS ESTÁ ACÁ A TRAVÉS DEL ESPÍRITU
Entonces el que Tú te hayas ido Señor, pues tiene la parte negativa de que efectivamente tu presencia física la extrañamos, nuestros sentidos se quedan impotentes ante Ti porque no te pueden ver, no te pueden oír, no te pueden tocar. Pero Tú Jesús, como decía hace un rato, has pensado en cómo poderte quedar a través del Espíritu Santo. Y ya no es en un lugar del mundo al que habría que viajar, pagando unos pasajes, separando unos días que no tengamos trabajo o clases… ¡No! Te has quedado de esta manera, en el Espíritu Santo, que inhabita, vive en nuestra alma cuando está en gracia de Dios.
Por eso, la Ascensión de Jesús al cielo da paso a Pentecostés, que es la venida del Espíritu Santo a la tierra. Entonces donde los sentidos se quedan sin poderte percibir Señor, el alma alcanza una relación contigo más estrecha, más permanente, más profunda, más íntima, que la que podríamos alcanzar si Tú te hubieras quedado aquí. Por lo tanto, es una maravilla el que te hayas ido…
«os conviene que yo me vaya».
Entonces nos duele, pero nos conviene, y lo que tenemos que hacer es valorar esa nueva manera de estar Tú presente en el mundo, Señor, que es el vivir en gracia de Dios.
Por supuesto el poderte descubrir en el sacramento de la Eucaristía y en todos los sacramentos. Y eso gracias al Espíritu Santo.
Seamos por lo tanto no personas que añoran vivir como si hubiéramos estado hace dos mil años, sino vivamos en el presente, donde Dios está. Pero de esa manera que no se nos impone: respeta nuestra libertad, pero si nosotros le damos el asentimiento de fe, lo percibimos. Por eso lo que dije al comienzo: “creo Jesús firmemente que estás aquí”.
Y esto te lo puedo decir aquí ahora haciendo oración, más temprano cuando me cambiaba, me aseaba. Y después cuando trabaje y cuando esté por la calle…
Siempre puedo decirlo, y es esa maravilla que sí estás, por lo tanto nos conviene.
Que la Virgen María nos ayude a darnos cuenta de que estamos conviviendo contigo.

