NO MIEDO
“No tengan miedo a los hombres porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. […] No tengan miedo a los que matan el cuerpo, teman más bien al que puede destruir el alma y el cuerpo”. (Mt 10, 26-28)
No tengan miedo. Cuántas veces hemos oído decir al Papa Juan Pablo II “¡no tengan miedo!”.
Se tiene miedo cuando uno no sabe lo que va a pasar. Se tiene miedo a lo desconocido. Se tiene miedo a la oscuridad o andar por calles peligrosas, el miedo al asalto, el miedo al robo… Tienen miedo los países que están en guerra, o aquellos otros que son amenazados por ideologías de violencia.
También tenemos miedo cuando puede venir un examen difícil que hay que dar; o cuando vamos a jugar fútbol con un equipo que es mejor que el nuestro, tenemos miedo de que nos ganen. Hay gente que tiene miedo de subirse a un avión, o de meterse al mar cuando las olas están un poco crecidas…
El miedo está presente en los seres humanos y en muchos momentos de la vida. Hay miedo de contagiarse de una enfermedad grave, hay miedo de morir… Y ¿por qué el Señor nos dice: “no tengan miedo”?
DIOS SIEMPRE ESTÁ CON NOSOTROS
Hay además una frase de la Escritura que le gustaba mucho repetir a san Josemaría: “el que tiene miedo no sabe querer” (Forja, 260). O sea que si tenemos miedo es porque nos falta amor. Si nos diéramos cuenta que Dios está a nuestro lado, y está a nuestro lado siempre, que nunca nos abandona, que Él es todopoderoso, y que nos protege y nos cuida, ya no tendríamos miedo. Es cuestión de fe.
¿Recuerdan cuando los discípulos de Jesús estaban en la barca y empezó una tempestad tremenda, y todos muertos de miedo llamaban a Jesús que se hunde la barca? Y Jesús dice: “¿por qué tienen miedo si yo estoy?” (Mc 4, 40).
En efecto Dios paró esa tempestad y vino la calma.En la vida es normal que vengan tormentas, tempestades, pero no hay que olvidar que está Dios y que siempre interviene para protegernos. Nunca nos deja solos.
No olvidemos la advertencia y el consejo que nos da este Evangelio que acabamos de leer. Dice: “no tengan miedo a los que matan el cuerpo, teman más bien al que puede destruir el alma”.
Tenemos miedo al que mata el cuerpo, que nos maltraten físicamente por la violencia en las calles y aún en los propios hogares, a veces también hay miedos en algunas casas donde hay violencias. Tenemos miedo de que nos venga una enfermedad y le pedimos al Señor la salud –que no me vengan esas enfermedades tremendas. Incluso hay personas que creen que la salud es el tesoro más preciado que se pueda tener. ¿Y la salud del alma, que es más importante?
LIMPIAR EL ALMA DEL PECADO
Si alguien nos mata podemos ir al Cielo y gozar de la vida eterna con Dios, pero si alguien mata nuestra alma… terrible. La muerte del alma es cuando se pierde el amor a Dios por el pecado. Y el pecado es ofensa a Dios, está contra Dios; no hay ningún pecado que no sea contra Dios, el pecado es contra Dios. Y el diablo nos tienta para que pequemos y nos mantengamos lejos de Dios, queestemos en pecado, que vivamos en pecado.
Dios no está en nosotros si tenemos un pecado grave y si no nos hemos arrepentido en la confesión para que el Señor nos perdone. El Señor siempre nos va a perdonar. Ahora, si no estamos en gracia de Dios el pecado continúa en nosotros, el mal está en nosotros y el mal además es como el cáncer:
cuando no se hace nada el cáncer hace metástasis y llega a todos los demás sitios. Igual si no se hace nada contra el pecado, el pecado hace su metástasis, va corrompiendo poco a poco, vamos perdiendo muchas cosas y a eso se le llama la muerte del alma. Esa persona que vive en pecado como si nada pasara y deja pasar el tiempo y se está poniendo en peligro de llegar al lugar que nadie quiere llegar porque es el infierno.
El infierno existe y el demonio ha logrado un triunfo en esta tierra al conseguir que mucha gente no crea en el infierno. Y nadie habla de eso. ¿Para qué vamos a hablar de eso? Y sí hay que hablar porque es una realidad y es una posibilidad si nosotros no nos cuidamos, si no nos cuidamos con la gracia que Dios nos alcanza.
NO TENGAN MIEDO
Es por eso que tenemos que dejar que Dios entre en nosotros, en nuestra vida, en nuestro corazón, en nuestra interioridad. De allí que el Papa san Juan Pablo II decía: “No tengan miedo, ábranle las puertas a Jesucristo para que entre. Él que es el camino, la verdad y la vida”. Y para que entre Dios tenemos que expulsar el diablo, expulsar las cosas negativas, quitar, limpiar, purificar.
El evangelio de hoy también nos recuerda que debemos ser sinceros y transparentes, dice: “Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse” (Mt 10, 26).
No podemos decir: no esto yo lo escondo, nadie se va a enterar, todo va a salir. Cuántas experiencias ya hemos tenido de cosas que algunos han escondido y los han agarrado, los han encontrado y han salido, aquí en la Tierra y no digamos nada cuando se trate del juicio universal para entrar en el Cielo. No podemos vivir mintiendo. La mentira siempre es aliada del enemigo.
No podemos vivir ocultando cosas para que no se sepan –esto lo oculto, esto no se va a saber. No decir cosas que debemos decir, las cosas que debemos decir, las que deben estar al aire, no se pueden quedar ocultas. El diablo siempre tratará de taparnos la boca y nos hace creer que si no decimos nada nos irá mejor. San Josemaría nos decía que “el infierno está lleno de bocas cerradas” (Amigos de Dios, 161).
NO MIEDO, HABLAR CON CLARIDAD Y SINCERIDAD
Hay que hablar. A veces pensamos que el malo es el que habla todo, el que dice todo, el que no está callado… No nos damos cuenta que puede ser “mucho más malo” el que está mudo, el que calla todo, el que no dice nada, el que no advierte, el que no aconseja, el silencioso…
Es peor. San Josemaría llamaba “el demonio mudo” y nos recomendaba ser salvajemente sinceros, o sea no tener miedo de hablar, decirlo todo, decir aquello que nos cuesta más, aquello que no queremos que se sepa, o lo que más vergüenza nos da –eso es lo primero que tenemos que decir.
Más nos vamos a arrepentir de no hablar que de hablar. Dios nos ha dado una boca, no sólo para comer, también para comunicarnos, para decir la verdad.
LA VERDAD SIN MIEDO
La verdad hay que decirla, la verdad no está para guardarse, sino para transmitirla, para decirla. Todos tenemos obligación de decir la verdad y decir la verdad es no solamente decir las cosas malas que hemos hecho para pedir perdón, sino decir muchas cosas buenas que tenemos que decir para ayudar a los demás.
Tenemos que ejercitar nuestro lenguaje, mejorarlo;mejorar nuestra capacidad de comunicación. Así como en los aparatos estos que hay ahora, se ha mejorado muchísimo la comunicación con una gran nitidez, unos audios maravillosos, nosotros también como seres humanos tenemos que mejorar nuestros audios, nuestra nitidez, nuestra claridad.Que todo esté claro y transparente, que se vean bien las cosas.
Vamos a pedírselo a la Virgen nuestra Madre, que es la Madre del buen consejo. La Virgen cuando vamos a pedirle un consejo nos lo da. Una mamá que un hijo le pide un consejo, la mamá enseguida le habla, le dice las cosas. Y aunque no se lo pida, la mamá se acerca y le da los consejos. Siempre encontramos en la Virgen el consejo claro, sano y oportuno para ir por el camino correcto que es el que nos lleva al Cielo.

