Tal vez lo has visto ya por tu cuenta alguna vez. Yo me acordé y lo volví a ver. Te hablo de un video en YouTube de hace unos 7 años de Juan Manuel Cotelo.
Él es director de cine y guionista español y en sus películas suele abordar temas relacionados con la dimensión espiritual, la vivencia de la fe y las relaciones humanas.
Yo te hablo de un video en el que da su testimonio, es corto pero valioso:
“Hace unos cuantos meses recibí un WhatsApp de una mujer, a la que no conozco todavía, desde Argentina.
Una monja de clausura que tenía mi teléfono me escribió diciendo que en su comunidad rezaban por mí y por Infinito más uno.
Yo pensé: pues qué bien, qué maravilla que me lo cuenta. Y me preguntó directamente: ¿usted tiene alguna necesidad material?’
La gente no te pregunta eso así en una primera conversación de WhatsApp. Le contesté: Pues lo cierto es que sí. Estamos buscando dinero para hacer una película’.
PÍDESELO A SAN JOSÉ
Y me dijo: ¿cuánto dinero, cuánto dinero está buscando usted?’ Entonces le dije: ‘Mucho. Lo cierto es que es mucho. Me da apuro decírselo porque es que es mucho. Me dijo: ‘¿cuánto es? ¿cuánto es? Dígalo.
Entonces creo que le mentí; le dije menos de lo que realmente buscábamos. A mí me parecía mucho, y me dijo: ‘Eso no es nada. Pídaselo a san José.
A mí me ha conseguido (me contaba ella) nuestra casa central en Roma. Me ha conseguido colegios.
Me ha conseguido conventos. Yo se lo pido y lo concede ¿Usted tiene devoción a san José?
Bueno la verdad es que no, yo no rezo a san José… Bueno, no pasa nada. Entonces me contó cómo hacerlo. ¿Usted tiene una imagen de san José en casa? Y yo pensando, pensando y: pues lo cierto es que no.
¿Pero no tiene usted un Belén? Ah, sí tengo un Belén. Bueno, ya tiene imagen de san José entonces.

Tome usted la imagen de san José, le calza debajo, le mete un papelito y le deja cojo. En el papelito usted escribe lo que necesita y le deja incómodo, y le dice: no te volveré a dejar cómodo hasta que me lo soluciones.
Yo le digo ¿pero esto es un poquito incómodo, o sea dejarle a san José un poco cojo? Hágalo, hágalo.
DIFUNDIR SU DEVOCIÓN
Y me mandó una foto del san José de su convento que lo tenía cojo, un poco para adelante, con vértigo.
Y entonces me dijo: Hágale una treintena. Le dije ‘Uff, yo las novenas las llevo mal, porque al cuarto-quinto día se me olvida que hay que rezar.
Entonces vuelvo a empezar la novena y al final mis novenas duran mucho porque no suelen ser 9 días seguidos.
Ella: 30 días, 30 días, treintena de oración. Le deja cojo 30 días y luego le promete algo, le ofrece algo.
Y pregunté: ¿Qué le gusta? ¿qué es lo que…, a san José con qué se le compra? Y me dijo: “Difunda su devoción”.
Difunda la devoción a san José. Hable de él. Entonces es la primera vez que lo hago así en público.
Me voy contando a mucha gente en conversaciones pequeñas, pero hoy, en fin. Gracias a san José porque le pedí dos cosas.
Una: que nos consiguiera, que nos ayudará a conseguir el dinero necesario para hacer esta película, cosa que hizo.
Y dos, más importante: que me diera la paz para tratar con el dinero. Le dije: no quiero volver a perder la paz con el dinero.
Porque el dinero, no sé a vosotros, a mí me quita la paz cuando no lo tengo. Me quita la paz. Y cuando lo tengo me quita la paz.
Entonces le dije: quiero paz con el dinero. Quiero poder tener y no tener sin perder la paz. Entonces hoy estoy muy tranquilo.
No sé dentro de un mes qué pasará, pero hoy estoy tranquilo. Lo cierto es que hicimos esa treintena a San José para la película del perdón “El mayor regalo”.
Para coincidir el final de la treintena con el 19 de marzo y el dinero fue llegando, llegando, llegando y llegó todo.
FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ OBRERO
Y teníamos una cita desde hacía muchos meses en Francia sin saber si para entonces íbamos a poder acudir a la cita por la falta de medios, pero llegó el dinero y el día 1 de mayo íbamos a Francia a empezar la filmación.
Y, en la radio, escucho en radio María el evangelio del día y dicen: ‘Hoy, festividad de san José obrero… ¡Qué bueno! ¡Qué casualidad! El día que empezamos a filmar es la fiesta de san José obrero”.
Hoy es 1 de mayo, fiesta de san José obrero… Tú ¿qué les has pedido…?
Tal vez nunca has hecho la prueba… Pues, prueba. Con novena, con treintena, con lo que quieras. Pero prueba. San José, trabajador, nos ayuda, trabaja nuestras cosas.
En el evangelio vemos a Jesús llegar a Nazaret y enseñar en la sinagoga, pero sus vecinos al escucharlo se quedaron admirados y decían:
“¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? ¿No es éste el hijo del artesano?” (Mt 13, 54-55)
Ahí lo tienes: el hijo del artesano o, como dicen otras traducciones, “el hijo del carpintero”.
Les parece que eso de pasar de carpintero a predicador es una distancia insalvable. ¡Qué sorpresa se habrán llevado al llegar al Cielo!
EL HIJO DEL CARPINTERO
Habrán visto al carpintero ocupar un sitio con los santos patriarcas del Antiguo Testamento. Un sitio de honor junto a María y a Jesús, que era su hijo en la tierra.
Sí, el trabajador, el artesano, es santo, muy santo. Le hizo santo su cercanía con Jesús y le hizo santo también su trabajo en la carpintería. Porque las dos cosas no están peleadas.
Yo me acerco “a Cristo, a quien conocían en Nazaret como el hijo del carpintero, y les digo a ustedes lo que me digo a mí: Nosotros trabajamos siempre en casa.
Hagamos lo que hagamos, desde conducir un autobús a limpiar unos cristales, cuidar de los nietos o celebrar la santa Misa, trabajamos para Dios.
Nos encontramos todos en el taller de José, y con nuestro desgaste diario procuramos, sobre todo, redimir almas.
Por eso, unidos a Jesús, convertimos nuestro trabajo en prolongación del sacrificio redentor de la Cruz, renovado cada día en el altar.
Y procuramos hacerlo muy bien, porque nuestro jefe no es el director de la oficina ni el Obispo, sino nuestro Padre Dios. Lo nuestro es un negocio familiar.
A nosotros, el trabajo (…) nos santifica”
(Evangelio 2025, José-Fernando Rey Ballesteros).
La salvación del mundo entero es nuestro negocio familiar. Lo sacamos adelante como san José: unidos a Jesús y trabajando.

Es curioso porque san Josemaría durante la guerra civil española, en la que los católicos sufrieron persecución, los miembros del Opus Dei quedaron esparcidos en distintos lugares.
NO ABANDONAR EL NEGOCIO
Y tuvieron que comunicarse por cartas, para burlar la censura usaban términos del ámbito familiar para referirse a la misión que Dios les había encomendado.
Él escribe haciéndose pasar por el abuelo, o el padre, de una familia envuelta en sacar adelante el negocio familiar que no es otra cosa que el Opus Dei.
Nos puede servir leyéndolo como si hablara de la familia de la Iglesia trabajando, junto a san José, por la salvación de todos.
“Yo espero —espero— que no tardaré en poder abrazaros. Mientras, no os olvidéis de este pobre viejo y, si el viejo —es ley natural— desfilara [o sea: si muriera], a vosotros os toca continuar, cada día con más ímpetus, el negocio familiar.
Te digo, en confidencia, (confidencia de abuelo a nieto) que, al verme propietario de tanto hueso desconocido [esto lo dice porque adelgazo mucho por la escasez de alimento], me encuentro con magnífica salud: y —será lo que sea— pienso que se alargará por años mi vida, hasta ver en marcha, bien colocada, a toda la chiquillería de mis hijos y mis nietos.
Pero, ¡pero!, no te olvides de que —insisto— si desfilo, no debéis abandonar por nada mi negocio, que os llenará de riqueza y bienestar a todos.
Un negocio veo, para un futuro próximo, tan espléndido, que sería bobo pensar que nadie deje la oportunidad de enriquecerse y ser feliz. (…)
Os querría a todos cubiertos por los rayos del Sol, que haga brillar sobre los míos el oro puro, adquirido, bien adquirido, con el esfuerzo de sacar adelante el patrimonio de mi casa”
(El fundador el Opus Dei 2, Andrés Vásquez de Prada).
Tú y yo estamos metidos en este negocio familiar, junto a san José obrero, nuestra Madre santa María, san Josemaría y tantos hermanos nuestros esparcidos por el mundo entero. No quites el hombro, ¡trabaja!



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