ESCUCHA LA MEDITACIÓN

¡NECIO!

Dice el Evangelio : “esta noche te van a reclamar el alma”.

LO QUE ES MIO

«En aquel tiempo dijo uno de entre la gente a Jesús: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». 

Esta petición que te hace Jesús, que parece muy familiar, incluso con una disposición muy cercana, ya deja intuir que hay algún problema.

Por qué,

«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia»,

significa que hablando con el hermano no han llegado a un acuerdo. Y parece que el que está pidiendo es él que ha salido perjudicado en esa falta de acuerdo.

Si está pidiendo que le diga Jesús a su hermano que reparta con él la herencia, porque ya se ve que eran dos y no solo uno, como parece que el primero pensaba. Qué pena, ¿no? 

Lamentablemente, qué frecuente parece ser que surgen problemas de verdad en cuanto a las herencias. 

Y yo creo que no solo es por eso, porque se trate de herencias, sino es en general con las cosas.

Leí hace poco, no me acuerdo dónde, que cuando un niño deja de ser niño es cuando dice por primera vez “mío”.

Claro, esto no puede ser científico, porque me parece recordar que los niñitos dicen mío muy pronto y todavía son muy niñitos entonces. No es que dejen de ser niños en ese momento, pero si hay algo en las cosas que espabila, que despierta, aguza nuestra hambre de poseer y deseo de tener.

GOZAR DE BIENESTAR

Y efectivamente, el candor de un niñito o de una niñita puede afearse con un jaloneo, con otro niñito, otra niñita igual de candoroso o candorosa que ha cogido un juguete que era del primer niño o que quizás era de la propia niña. Pero el primer niño viene y dice “mío”, entonces cree que es suyo lo que era de la amiguita.

Bueno, esa hambre de poseer que se despierta muy pronto con el uso de la razón o antes, es como todos notamos, exacerbado por la sociedad de consumo.

Entonces, nos es muy fácil sentir la atracción de las cosas, que por otro lado se nos ofrecen, porque aparecen por los algoritmos en las pantallas del celular; y si tú entras a comprar algo en un portal web, pues terminas viendo mucho más de lo que habías pensado buscar, o sea, quiero comprar zapatos y terminas viendo correas, crema para el zapato, y después más cosas.

«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia». 

Claro, y tú, Jesús, cuentas una parábola:

«Mirad, guardaos de toda clase de codicia,

les dices.

Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.

Y les propuso una parábola, dice el evangelista:

«Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha, y empezó a echar cálculos diciéndose, qué haré, no tengo dónde almacenar la cosecha. Y se dijo, haré lo siguiente, derribaré los graneros, y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo, y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo, alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años, descansa, come, bebe, banquetea alegremente». 

necio

LA RIQUEZAS DE LA TIERRA

Bueno, como sabemos, este personaje que se está gozando de su bienestar material, hace un énfasis desmesurado de su triunfo, porque Dios le dijo,

«Necio, esta noche te van a reclamar el alma, ¿y de quién será lo que has preparado?» Y concluye Jesús diciendo, así será el que atesora para sí, y no es rico ante Dios».

Hay una distancia, una diferencia, entre la riqueza que se puede acumular en esta Tierra, y la riqueza que se puede acumular en el Cielo, según lo que acabamos de oír. 

La riqueza de esta Tierra, todos lo hemos comentado alguna vez, no nos acompaña en el ataúd al cementerio, se queda fuera del ataúd, y muy probablemente despierte algunos malentendidos, o incluso peleas, por parte de quienes reciban esa herencia. 

En cambio, lo que se ha acumulado en el Cielo, sí nos acompaña. Evidentemente físicamente no, pero el alma se va con las manos llenas al Cielo. Y entonces, ¿qué es lo mejor? Parece que está claro, ¿no es verdad? 

Y esto nos viene bien recordarlo de vez en cuando, porque creo que todos entendemos que nuestros deberes laborales son casi no negociables. O sea, tengo que trabajar, aunque me sienta un poquito enfermo, aunque tenga un compromiso familiar, aunque haya un riesgo, porque ahora que viene el fenómeno del niño, pues podría llover mucho. Tengo que trabajar y hay que ir. 

SOLO DIOS BASTA

Igual con los compromisos con el banco, tengo que pagar la cuota, tengo que pagar la tarjeta, y si no, pues me lo van a cortar o me van a cobrar intereses. Entonces son cosas que no negociamos. 

Pero sin embargo, hay otras cosas que no son tan, o sea, no obligan tanto, tanto. Leía de un sacerdote que ponía el ejemplo de ir a misa. Y puede ser que, pues ha tocado elecciones, porque había una parrillada, porque fue el Día de la Madre, porque llegaron visitas, y entonces uno relaja un poco aquello, porque no es, pues, material. 

Y, resulta que esto es un pecado mortal, y si aquel día, pues, pasa algo y terminamos camino al cementerio, pues hay un problema ahí.

A mí se me quedó muy grabada esa frase de la oración de Santa Teresa que dice, “sólo Dios basta”. 

Bueno, teniendo la intención de seguir a Jesús, sí me doy cuenta de que hay cosas de las que realmente se pueden prescindir, que acompañan la vida y la hacen muy amable cuando se pueden tener, pero que no son estrictamente necesarias. 

Empecemos por identificar aquellas, porque vamos avanzando en el año, se viene ya la Navidad, y podríamos encontrar dentro de nuestros closets, de nuestras casas, de nuestros cajones, cosas que podemos regalar, que pueden usar otras personas y que nos van a dejar un espacio libre también en el corazón…

Que pueden permitir, efectivamente, que nuestra alma esté más rica, aunque parezca que la casa o el bolsillo o la billetera no lo esté tanto.


Citas Utilizadas

Ef 2, 1-10

Sal 99

Lc 12, 13-21

Reflexiones

Santa María, ayúdame a meditar esta frase y la pueda hacer parte de mi vida: “Solo Dios basta”.

 

Predicado por:

P. Luis Andrés

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