Hoy Jesús nos dejó una advertencia seria al final del Evangelio: Vendrá el dueño de la viña, hará perecer a los labradores y dará la viña a otros. Porque cerrarse a Dios termina siempre mal.
Cuando un hombre quiere ocupar el lugar de Dios, termina perdiéndose a sí mismo. El Señor no dice esto para asustarnos, sino para despertarte, para que nos despertemos de verdad.
Y todavía estamos a tiempo, porque todavía podemos volver a reconocer que la viña no es nuestra. La viña es un don, es una memoria del don que tenemos.
La vida es un regalo y todo lo hemos recibido del Señor. Por eso hoy vale la pena preguntarnos: ¿Qué frutos estamos esperando, cuando Dios también nos ha regalado tanto?
¿Estamos viviendo agradecidos o nos comportamos como dueños de la vida, dueños de la viña?
¡Escucha la voz del Señor! Pidámosle al Señor esa gracia de también escuchar en este rato de oración porque se nos presenta la parábola de los labradores homicidas.
DESPERTAR LA MEMORIA DEL DON
Es una enseñanza pronunciada por Jesús, ya en Jerusalén, después de su entrada triunfal. Está muy cerca de la pasión, de la muerte y de la resurrección.
Y esto es precisamente lo que el Señor nos quiere hacer, despertar. Despertar la memoria del don, la memoria de nuestra misión. ¿Y cuál es el plan de Dios? ¿Por qué Dios también ha pensado en vos y en mí?
Me acuerdo siempre de esa película de Spider-Man, hay una frase muy bonita cuando Peter Parker reconoce en una frase que un gran poder conlleva una gran responsabilidad y eso conecta muy bien con la parábola de hoy.
Porque en esta viña que nos ha dado Dios, en estos talentos, esta vida, estas personas, estos amigos, tenemos una gran oportunidad, una gran responsabilidad.
No somos dueños absolutos, sino que somos administradores. El problema de los labradores de hoy, de este Evangelio, es que se apropiaron de la viña, se apropiaron de lo que habían recibido.
¿Vos sabés vivir también tu vida con el Señor? Dejate primero aprovechar esta oportunidad de la parábola para que descubramos también ¿quién plantó la viña?, ¿de quién es la viña?
¿Por qué también el Señor la ha prestado? ¿Cómo Él la construyó, con un lagar, con una torre?
¿Cómo también la arrendó a unos labradores y se marchó lejos para una misión? Pero cuando vuelve, la viña sigue siendo de él y la viña tiene un significado para todos nosotros.

TRABAJAR LA VIÑA DE DIOS
Vos, ¿sabés despertar en tu corazón, ese reconocer el don de la viña, la memoria del don?
Todavía no nos damos cuenta a veces que el Señor también ¿Has pensado en vos para utilizar esta viña, para sembrar esta viña, para trabajar la viña de Dios?
Todos llamados también a ser viñadores, todos llamados a ser buenos empleados del Señor.
Pienso también ahora como el Papa León nos está animando en esta nueva encíclica a ser trabajadores de la Jerusalén celestial.
No del Babel que se queda en el mundo simplemente, sino trabajadores de la Jerusalén celestial, trabajadores que piensan en los otros, trabajadores que no se encierran, trabajadores que quieren dar a los demás.
Lo entendía muy bien el Papa Francisco cuando Jesús echa en cara a los jefes del pueblo, a quienes se dirige con esta misma parábola.
Porque les dice: «Un pueblo sin memoria», decía el Papa, «ha perdido la memoria del don, ha perdido la memoria del regalo».
Y la memoria del regalo es saber que la viña es del Señor. Y un pueblo sin memoria, se animaba el Papa Francisco a decir: Si no reconoce quién es, está abocado a su extinción, está abocado a su egoísmo.
El Papa León nos está animando a pensar en nosotros, a utilizar esa inteligencia artificial para que sea de verdad inteligencia humana.
LA VIÑA ES DEL SEÑOR
Para que usemos también nuestros valores, nuestras virtudes, nuestras talentos para ver que la viña es del Señor y que ahí también puedo trabajar y mucho.
Yo sé aprovechar también esta viña donde Dios me ha dejado. Pienso en el profeta Daniel ahí en Babilonia que se lamenta un poco porque dice él, «Nosotros hoy no tenemos profetas».
Son palabras que encierran una gran realidad. Un pueblo sin profetas, un pueblo sin alguien que le indique el camino, es un pueblo que se pierde.
Y Jesús le dice hoy también en la parábola lo mismo. No podemos perder la memoria. No podemos dejar de ser profetas.
No podemos dejar de ayudar a la gente. Porque también la gente necesita que mostremos que la viña es del Señor, hacer memoria de la viña, hacer memoria de los dones que Dios nos ha dado.
Y también todas las personas están llamadas a cuidar su historia, a cuidar quiénes son, hacer memoria también de sus talentos. Como decía con Peter Parker en Spider-Man.
¿Vos te animás a vivir también tus memorias? ¿Te animás a recordar también quién sos?
Participaba hace poco de una actividad deportiva con alumnos ahí en el colegio y recordando un poco cuando aprendía los primeros pasos en el atletismo, cuando era joven y recordando algunos tips.
También cada uno tiene que recordar su identidad, tiene que recordar también quién es.
¿QUIÉNES SOMOS?
Efectivamente uno ya no tiene todas las habilidades porque efectivamente los años no pasan en vano.
Pero se me ocurría pensar en esto también: ¿quiénes somos? Hacer memoria de quién es el dueño de la vid. ¿Quién es el dueño del viñedo?
¿Vos confiás en el Señor o hacés como estos viñadores de la de la parábola que apalean, matan a los criados que manda el Señor, que no quieren recoger los frutos, se los quieren quedar para ellos solos?
¿O no se saben administradores, trabajan simplemente para su egoísmo o sus amenazas?
En definitiva, se han elegidos como señores de la viña. Se han elegido como algo inaceptable, quieren ir por encima del verdadero dueño.
¿Vos te animas también a vivir reconociendo que el dueño de la viña es el Señor?. Lo dice Jesús muy claro:
“Vendrá el dueño de la viña, vendrá y dará muerte a los labradores y entregará la viña a otros.” (Mc 12, 9)
Y no se la va a dar a aquellos que se quisieron quedar con la viña, el Señor la va a entregar a otros.

TU TESORO
¿Vos te animas también a vivir ese don del Señor para vos? ¿Tu vocación, tu vivir también, tu tesoro como algo muy propio o lo querés guardar y esconder?
Pidámosle al Señor que no nos olvidemos nunca de ese desenlace, porque vendrá y hará perecer a los labradores y arrendará la viña a otros.
La advertencia es muy seria: ¡Cerrarse al plan de Dios termina en desastre! Van a venir otros que responderán, van a venir otros que gozarán de los bienes divinos.
Solo Dios es indispensable. ¿Es indispensable para tu vida? ¿No te parece que vale la pena seguir a ese Señor que está en el Cielo, a ese Padre nuestro que está en el Cielo?
Pidamos al Señor espabilarnos, no dormirnos, no cerrarnos a su palabra, a su voluntad, para descubrir también los frutos y talentos que tenemos.
Los talentos son de Dios, no son nuestros, y por eso también tenemos que ser muy agradecidos.
Pensemos también como el Papa León nos está animando a descubrir en este camino, en esta viña, para ser esos trabajadores que quieren reconocer a su Señor.
Que trabajan para alguien, alguien con mayúscula, que no se quedan simplemente administrando o quedándose con los bienes de la tierra.
RECONOZCAMOS A DIOS
La viña es del Señor. Reconozcamos esa memoria del don. Reconozcamos a Dios que quiere salir a tu encuentro. Escuchemos su voz en la oración.
Escuchémoslo en la Santa Misa y también descubriremos mucho más con esperanza esos frutos que Dios quiere para vos y para mí, que Dios también ha pensado para cada uno de nosotros.
Si María Santísima está también presente en tu camino, en este tiempo que se acaba ya del mes de mayo y que podamos seguir cuidando en la preparación y el don de nuestra memoria.
Reconoceremos también a nuestra madre, María, aunque ya ha terminado su fiesta estos días de mayo, pero son ocasión para decir nosotros, cómo cuidamos de nuestra Madre.
¿Cómo soy consciente también de que María está delante nuestro, cómo soy consciente que también estoy trabajando con el Señor en esta viña? Y sé que María está cerca mío.
¿Te animas también ahora en este final de este rato de oración, a pedirle a María que te ayude a trabajar para el Señor, que te ayude a hacer memoria del verdadero don?
Se lo pedimos a María Santísima con mucha ilusión y con mucha esperanza.
¡Señor, ayudanos a hacer memoria de esos dones que nos has dado, para ponerlos al servicio de nuestros hermanos!



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