ESCUCHA LA MEDITACIÓN

MAL SUEÑO

Nos sirve que nos expliquen la parábola. Hay cizaña y hay trigo limpio y sucio. El trigo siempre se puede purificar y la cizaña puede convertirse en trigo. Es lo que Dios quiere y cuenta con nuestra colaboración.

Hablar en parábolas… le costaba entender a quienes te escuchaban, Jesús, y a nosotros también (no creas). 

Por eso, qué alivio cuando se acercan tus discípulos y te dicen:  

“Explícanos la parábola de la cizaña del campo. Él les respondió: — El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del Reino; la cizaña son los hijos del Maligno. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del mundo; los segadores son los ángeles. 

Del mismo modo que se reúne la cizaña y se quema en el fuego, así será al fin del mundo. El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles y apartarán de su Reino a todos los que causan escándalo y obran la maldad, y los arrojarán en el horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. Quien tenga oídos, que oiga”.

EXPLÍCANOS LA PARÁBOLA

Así queda más claro. Pero no deja de seguir siendo parábola, porque esas realidades me quedan lejos Señor. Necesito que me las deletrees. Resulta que algo he ido leyendo que me ayuda a entender más. Por ejemplo, lo siguiente: 

“Siempre me ha asombrado ese Dios paciente, que deja crecer la cizaña junto con el trigo. Su campo, a los ojos de los hombres, no es, precisamente, modélico. ¿Quién es el dueño de este trigal? ¿No se da cuenta de que está lleno de cizaña? ¿Por qué no la arranca? ¿Es que ha olvidado su campo? 

[que se traduce en interrogantes como las siguientes:] 

¿Por qué se matan los hombres? ¿Por qué se explota a niños y mujeres? ¿Por qué reinan la mentira, la violencia y la envidia? ¿De verdad quieren hacernos creer que existe un Dios? Si ese Dios del que hablan existiera, estas cosas no sucederían, Él no lo permitiría. A la vista de la propagación del mal, diremos que Dios no existe.

trigo, mal sueño

ÉL HA SEMBRADO LA SEMILLA

Déjenlos crecer juntos hasta la siega… Dios existe. Pero no es como ustedes lo imaginan. Dios permite. Dios espera. Dios sufre el mal, clavado en una Cruz, ahogado en cizaña y sembrado en un sepulcro como trigo.

Cuando llegue la siega diré a los segadores: arranquen primero la cizaña. Pero, cuando ese momento llegue, Dios querría que no quedara ya cizaña porque, gracias a la sangre de su Hijo y a la entrega de los santos, toda ella se hubiera convertido en trigo” (cfr. Evangelio 2026, José-Fernando Rey Ballesteros).

Nosotros estamos para ayudarle en ese querer suyo. Ojalá fuéramos de esos santos que con su entrega convirtiéramos la cizaña en trigo. No deja de ser nuestra responsabilidad. 

Decía san Josemaría: “Está claro: el campo es fértil y la simiente es buena; el Señor del campo ha sembrado la semilla en el momento propicio y con arte consumada; además, ha dispuesto una vigilancia para proteger la siembra reciente. Si después aparece la cizaña, es porque no ha habido correspondencia, porque los hombres —los cristianos especialmente— se han dormido, y han dejado que viniera el enemigo: mientras dormían los hombres, vino su enemigo” (Carta, 30-IV-1946).

¡QUE NO ME DUERMA!

También ahora el enemigo de Dios y de las almas se muestra activo, y aprovecha la desidia y la falta de vibración de tantos cristianos para sembrar por todas partes la cizaña del error. Sigue diciendo san Josemaría: 

“Cuando los servidores irresponsables preguntan al Señor por qué hay cizaña en su campo, la explicación es clarísima: Algún enemigo lo habrá hecho (Matth. XIII, 28), ¡ha sido el enemigo! Nosotros, los que debíamos estar vigilantes, para que las cosas buenas puestas por Dios en el mundo se desarrollaran en servicio de la verdad y del bien, los cristianos nos hemos dormido —¡mala cosa ese sueño!—, mientras el enemigo y todos los que le sirven se movían sin cesar. Ya veis cómo ha crecido la cizaña: ¡qué siembra tan abundante y en todas partes!…” (Carta, 30-IV-1946).

Señor, ¡que no me duerma! Que no sea un siervo negligente… Quiero ayudarte en tu siembra, quiero que haya trigo limpio… Claro que primero tengo que empezar conmigo mismo. Porque la cizaña crece dentro, en el campo de nuestra alma.

Oración mal sueño

LAS VERDADERAS VIRTUDES

“La lucha por ser santos, se cristaliza en la búsqueda sincera y humilde de las verdaderas virtudes. Ten presente que, como las plantas venenosas que son aromáticas, los vicios suelen ser atractivos; ya lo dice el dicho vulgar: “todo lo que me gusta es pecado o engorda”. Y aunque es obvio que el dicho no es cierto, sí es verdad que muchos pecados tienen una fuerza de atracción casi compulsiva sobre el ser humano. 

El Señor nos propone la conocida parábola del trigo y la cizaña. La cizaña es una mala hierba que normalmente brota en los trigales. Se caracteriza porque inicialmente es semejante al trigo, pero al crecer se distinguen. Tal vez por eso Jesús haya dicho que es necesario dejar crecer la cizaña antes de cortarla, para que se la pueda reconocer… no sea que cortemos también el trigo. Y así sucede con las virtudes falsas y las verdaderas, que se parecen pero no es fácil distinguirlas.

 Por eso (…) debemos ser un tanto críticos con nosotros mismos, sobre todo cuando llegan esos momentos en la vida en los que no sabemos qué es lo que buscamos. Me refiero a esos momentos de turbación en los que, con un simple manotazo argumental, cambiamos el nombre a los vicios y los convertimos en virtudes; por ejemplo, la agresividad se convierte en franqueza, el desorden en espontaneidad, la timidez en humildad, la pereza en prudencia… La disfrazamos. Y si no estamos atentos para descubrir estas distorsiones y corregirlas, con el pasar de los años tendremos un carácter insoportablemente virtuoso, o sea, defectuoso.

VICIOS CON PIEL DE OVEJA

San Josemaría Escrivá, solía prevenirnos de los vicios entendidos como virtud, advirtiendo con buen humor acerca del riesgo de que se nos aplicase el refrán: “Para aguantar a un santo hacen falta dos santos”. Al examinarnos cada noche debemos procurar detectar, especialmente, los vicios con piel de oveja, porque tenemos que buscar el buen trigo, el buen alimento, es decir, rectificar. Nuestras virtudes deben ser firmes, sólidas, arraigadas” (cfr. En presencia de Dios septiembre, Pedro José María Chiesa).

Así nosotros y así los demás. Estamos todos en ello…

Te comparto otro deletreo de la parábola. Tal vez un poco intenso pero aquí te va:

“En ocasiones, cuando una persona nos inspira confianza, decimos de ella que es «trigo limpio». (…) La buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno. Como aquellos criados de la parábola, queremos separar trigo y cizaña sin estar preparados para ello. Cuántos idiotas, a lo largo de la Historia, han pasado por santos, y cuántos santos han pasado por idiotas. ¡Cuántos juicios estúpidos, que más nos valdría no haber formulado jamás!

disfraz, mal sueño

TRIGO LIMPIO

Para empezar, porque el trigo sucio también es trigo. De hecho, en el campo, el trigo suele estar sucio. Son cosas que pasan cuando vives rodeado de tierra y de polvo. Sólo Dios conoce quién es trigo y quién es cizaña, porque sólo Él lee los corazones. Es allí, en el corazón, donde una persona pertenece al reino de los cielos o al Príncipe de este mundo. No todo es lo que parece.

Si quieres ser trigo de Dios –limpio o sucio–, purifica el corazón con la humildad y la oración. Y rezale mucho a la Purísima, el trigo más limpio que jamás pisó la tierra, para que ella limpie tu pensamiento, tus palabras y tus acciones” (Evangelio 2024, José-Fernando Rey Ballesteros).

Eso vamos a hacer, rezarle a la Purísima, para que seamos buen trigo y en todo caso trabajemos en nosotros y no andemos pensando o juzgando a los demás, en todo caso ayudándoles.

 

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Citas Utilizadas

Jer 14, 17-22

Sal 78

Mt 13, 36-43

Evangelio 2026, José-Fernando Rey Ballesteros

Carta, 30-IV-1946, San Josemaría 

En presencia de Dios septiembre, Pedro José María Chiesa

Evangelio 2024, José-Fernando Rey Ballesteros

Reflexiones

Purifiquemos nuestro corazón con la humildad y la oración para ser trigo de Dios. Para esto te pedimos Santísima Madre que limpies nuestros pensamientos, palabras y acciones.

Predicado por:

P. Federico

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