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Madre, estoy cansado

Tal vez nosotros muchas veces vivimos como huérfanos espirituales. Rezamos, trabajamos, luchamos… pero en el fondo con la sensación de que tenemos que “ganarnos” el cariño de Dios. Como si el Señor estuviera siempre decepcionado de nosotros. María es la criatura que más creyó en el amor del Padre. Ella vivió toda su vida apoyada en esa confianza. Incluso al pie de la cruz, cuando humanamente todo parecía fracaso, siguió creyendo

Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded.

El cansancio y el abrazo de la Madre

Seguimos en este mes de María. Y a veces uno descubre el amor de una madre, no cuando todo está bien, sino precisamente cuando se siente que algo le falta, se siente un poco solo.

Cuentan de un sacerdote que estaba un poco agotado por el trabajo pastoral, que una noche volvió a su casa, se fue a rezar un poco desanimado porque predicaba, acompañaba, confesaba, pero veía que no había frutos. Entró a su capilla personal, fue a rezar sin fuerzas casi y antes de irse a dormir se quedó mirando una imagen de la Virgen y le dijo:

«Madre, estoy cansado».

Como también vos le puedes decir muchas veces a la Virgen: madre, estoy cansado. Y en ese silencio le viene un pensamiento muy sencillo, como que Dios le estaba hablando efectivamente y le decía: «¿Y quién te dijo que las madres abandonan a sus hijos cuando están cansados?».

Claramente fue María la que le habló. Claramente aquel sacerdote se sentía muy cansado, pero no cambió su trabajo, sino que cambió su manera de vivir. Comprendió que el cristiano mismo no consiste primero en esforzarse mucho, sino en vivir sabiendo ser amado.

La revelación del Padre: «Él los ama»

El evangelio de hoy lo dice muy claro en referencia al Señor, a Dios Padre, cuando Jesús lo dice de una manera impresionante: «El Padre mismo los ama». Más aún dice: «Les aseguro que todo lo que pidan al Padre en mi nombre, él se los concederá». No dice solamente el Padre los tolera o te acepta o más o menos te banca. No, el Padre los ama y lo dice en un momento delicado. Está por ir a la pasión. Los discípulos están confundidos, están inseguros, llenos de miedo y Jesús quiere dejárselo muy en claro. Les abre el corazón.

El Padre mismo los ama. Tal vez nosotros muchas veces vivimos como huérfanos espirituales. Quizá ni siquiera nos dirigimos a nuestra madre la Virgen, pero sobre todo con nuestro padre. El padre mismo los ama. Me gustó mucho siempre un libro que se llama A Dios le importas. Y el otro día una mujer me contaba que recordaba una homilía que había dado cuando se regresaba a su hijo, que citando este libro recordaba muy bien estas palabras: a Dios le importas. En argentino más claro: a Dios le importas, che.

El abrazo de la Voluntad de DIos

Cambiar la perspectiva: No luchamos para ser amados

Porque a veces nos olvidamos que esto nos cambia la oración, esto cambia nuestro apostolado, esto cambia incluso la lucha contra nuestros defectos, porque ya no peleamos para que Dios nos quiera, peleamos porque ya nos quiere, peleamos porque sabemos que él nos ama, que a él le importamos, que el Padre mismo nos ama. Hoy en este evangelio, como le vemos también: pidan y recibirán para que su alegría sea completa.

Quiere el Padre que también nosotros nos dirijamos en este tiempo de María, en este tiempo de mayo, a disfrutar también de nuestra madre. Y nuestra madre es feliz cuando nos ve felices a nosotros. Dios no se alegra de vernos tensos, de vernos aplastados o tristes, sino que quiere mucho nuestra alegría. Y la Virgen también quiere que estés contento.

Confianza frente a la autosuficiencia

Fíjate, María nos lleva de la mano con esa confianza que nos ayuda también a preguntarnos cómo nos dirigimos a ella. Si estamos convencidos de que el Padre nos ama, si estamos convencidos de que nuestra madre María nos ama, o vivimos con una fe del miedo, una fe de la exigencia o una fe de la autosuficiencia.

  • ¿Le contás a la Virgen tus cansancios verdaderos?

  • ¿Confiás en ella?

Porque uno de los grandes trabajos de María en el alma es justamente ese, convencerte de que no estás solo, de que no estás sola. Ella no reemplaza a Jesús, nos lleva a él. Ella no te quita a Jesús, sino que te lo da, te lleva al Padre, al Padre mismo que te ama. A ese Padre que también hoy lo vemos en este evangelio y en este sábado que contemplamos también especialmente a nuestra madre, podemos pensar en nuestra oración si nos miramos también en nuestra madre María.

Camino de conversión

La devoción Mariana y el ejemplo de los Santos

Recuerdo también de un chico que iba a un colegio donde había un sacerdote que llevaba muchos años ahí y se fue a quejar un poquito porque decía que los católicos teníamos a la madre de Jesús por encima de Jesús. Y el sacerdote le dijo efectivamente un poco desconcertado, que los católicos en absoluto teníamos a la Virgen por encima de Dios. Adorábamos a Dios sobre todas las cosas, pero también la Virgen tenía ese lugar importante de veneración. Lo comprendió solamente cuando lo vio también en el sacerdote, cuando lo comprendió también en los alumnos que se dirigían a la Virgen.

Y he tenido la suerte de dirigirme también a la Virgen de Luján para agradecer por estos 15 años de sacerdocio y ver tanta gente que también se dirigía a María de esta manera para hablar con ella, para estar con ella simplemente para contarle sus necesidades, para pedirle ayuda, para agradecerle. ¿Tenés devoción a María o te separás de ella? Pensás a veces que adorar a Dios es contrario a tratar a María. Eso es una incerteza que muchos tienen.

Es verdad que a veces puede faltar devoción a la Virgen porque no se ha explicado bien, porque ha faltado quizás esa semilla. Acá en Argentina tenemos esa devoción a la Virgen de Luján, que desde 1630, casi 400 años, nos acompaña como madre de ese «castillo de María», como le llaman también a la basílica los chicos. La Virgen ahí está en el centro y uno dice: «Bueno, ¿pero se le da demasiada devoción, no?». Es que efectivamente es la madre de Dios, es la madre de Jesús. Y pobre de nosotros si no tuviésemos esa madre para acudir también en nuestro cansancio a María.

¿Te dirigís a María Santísima de esta manera? Fíjate, San Josemaría se ponía muy incómodo cuando alguien quería copiarlo en su manera de dirigirse a Dios o en su manera de rezar. Pero con esa humildad, una vez le dijo a alguien: «Si en algo quiero que me imiten, es en mi amor a María». Y no tenía poco amor a María, tenía muchísimo. Es más, iba por ahí mostrando su rosario, cómo lo rezaba, cómo era su veneración a María, que era el camino seguro para ir y volver a Jesús. Y a Jesús se va y se vuelve por María, decía él también.

MARÍA LA COMPAÑERA SILENCIOSA

 «Soy de María no más»

¿Vos te animás a tratarla así a nuestra madre? ¿Te animás a acercarte a María de esta misma manera? No sé, en estos días de alegría que rezamos también el Regina Coeli por ser Pascua, te animo a dirigirte a María con estas consideraciones.

A pesar de que estoy cansado, María me escucha, mi padre me escucha porque mi padre sabe lo que yo necesito, pero mi madre también sabe lo que necesito. Y no importa que esté cansado, María está esperando que yo me acerque a ella. Dios Padre está esperando que yo me acerque a él. Pero aprovechemos hoy que es sábado también, sábado mariano, para dirigirnos a María con esta ilusión. Para saber articular ese yo y ese vos, ese yo y ese tú, ese María que también es nuestra madre.

E imitar a María es acercarnos también con esa consideración de imitar a Dios, de querer ser también otros Cristos en medio del mundo, de querer dirigirnos también de la misma manera con que se ha dirigido el pueblo cristiano en estos 400 años acá en Argentina. Y quería terminar con esas palabras de ese «esclavo de la Virgen», ese Negro Manuel que se quedó cuidando la imagen de la Virgen de Luján en los primeros años.

Este Manuel, que está en proceso de beatificación, llevó una vida de mucha devoción a la Virgen y él decía para sus adentros y a voz viva: «Soy de María no más». No importa que esté cansado, no importa que tenga dificultades, no importa que a veces me aplaste el día, sé que lo que pido a mi padre, mi padre me lo concederá. ¿Te animás a pedirle a tu padre también lo mismo? Porque pediremos y recibiremos. Y ahí será la alegría completa.

Esta alegría pascual que también estamos viviendo, te animo a que sea también una ocasión para dirigirnos a María con mucha más alegría, con mucha más confianza para rezar, trabajar, luchar, sabiendo que nos ganamos ese cariño de Dios cuando también ganamos el cariño de María. Pediselo a María, pediselo también porque cambia tu oración, porque cambia tu vida. Que no queremos pelear solos, queremos pelear muy cerca de nuestra madre Santa María. Que sea ella también la que nos acompañe en este sábado y en este terminar de la Pascua. Y así también muy cerca de María, igual que los apóstoles, poder ir a todas partes y llevar el evangelio.

Oración Final

Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación. Te pido ayuda para ponerlos por obra. Madre mía Inmaculada, San José, mi padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí.


Citas Utilizadas

Hechos de los Apóstoles 18, 23-28
Salmo Responsorial: Salmo 46, 2-3. 8-9. 10
Juan 16, 23b-28

Reflexiones

Seguimos en el MES DE MARIA, a veces uno descubre el amor de una madre no cuando todo está bien, sino precisamente cuando se siente más solo. 

Predicado por:

P. Juan Manuel

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