Celebramos hoy la transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo, quiero subir Contigo al monte, quiero mirarte, quiero escucharte, quiero dejar que tu luz entre en mi vida.
El evangelio nos dice que:
“Jesús tomó consigo a Pedro a Santiago y Juan y los llevó aparte a un monte alto”
también hoy Jesús, Tú me llevas aparte y me sacas por unos minutos del ruido, de las prisas, de las cosas que tengo pendientes, de las preocupaciones que llevo en la cabeza y me llevas contigo.
PARA CONTEMPLARTE NECESITO DETENERME

Quizá lo primero que quieres enseñarme es esto, para contemplarte necesito detenerme o sea, necesito hacer silencio, necesito dejar de correr, necesito estar Contigo.
Pedro sube contigo al monte, Pedro viene de vivir algo difícil, pocos días antes había confesado:
“Tú eres el Cristo el hijo de Dios vivo”
y había acertado, había dicho quién eres Señor y Tú le alabas, pero poco después ocurrió algo que Pedro y creo que todos los que leemos el evangelio no esperábamos, que cuando Tú empiezas a hablar de la cruz, Jesús, del sufrimiento, del rechazo, de la muerte, Pedro no lo entendió.
¿Cómo podía el Mesías sufrir? ¿Cómo podría terminar así? Pedro tenía sus propios planes.
Jesús yo tengo una imagen de Ti y a veces quiero que seas el Jesús que resuelve, que resuelve mis problemas, que saca adelante para que las cosas salgan bien, el Jesús que evita el sufrimiento, el Jesús que confirma mis planes, el Jesús que me lleva por el camino que yo había imaginado.
Pero ¿Qué ocurre cuando Tú no haces lo que yo esperaba?, ¿Qué ocurre cuando aparece la cruz? ¿Qué ocurre cuando mi vida no sale como yo quería?
SIGO A JESÚS O LA IDEA QUE TENGO DE JESÚS
Quizás hoy necesitamos preguntarnos con sinceridad, preguntarte a Ti Señor, Jesús, ¿Te sigo a Ti? o sigo la idea que me he hecho de Ti, porque Pedro todavía no comprende, pero Jesús no lo abandona, al contrario los lleva consigo al monte y ahí sucede algo extraordinario, mientras Jesús ora su rostro cambia, se transfiguró, su rostro resplandece como el sol, sus vestidos se vuelven blancos como la luz.
Pedro, Santiago y Juan contemplan por un instante la Gloria de Jesús, el mismo Jesús que habían visto cansado, sí, el mismo Jesús que caminaba con ellos, el mismo Jesús que les hablaba de la cruz, ahora dejó entrever realmente quién era.
Esa luminosidad, esa claridad, ese destello impresionante.
QUIERO VERTE, QUIERO MIRARTE Y NO ACOSTUMBRARME
San Josemaría contemplando esta escena exclama: “Jesús verte, hablarte, permanecer así contemplándote, abismado en la inmensidad de tu hermosura y no cesar nunca nunca en esa contemplación”.
Sí Señor quiero verte, quiero mirarte, no quiero acostumbrarme nunca a Tí.
No quiero que mi fe sea solamente una colección de ideas sobre Tí, quiero realmente encontrarte, quiero contemplarte, quiero quedar como dice San Josemaría, herido de amor por Tí.
Mira a Jesús no tengas prisa, imaginas su rostro, míralo y deja que Él te mire y quizás hoy Jesús quiere regalarte una luz, no sé si una solución, no necesariamente una respuesta a todo, simplemente una luz porque hay momentos en los que no necesitamos que Dios nos explique todo, necesitamos saber que Él está ahí.
DESPUÉS DE LA MUERTE VIENE LA RESURRECCIÓN
Pedro todavía tendrá que bajar del monte, porque llegará a la cruz, llegará a la pasión, pero antes, Jesús le ha permitido contemplar su Gloria, ¿Por qué? porque para cuando llegue la oscuridad, Pedro pueda recordar, para que sepa que la cruz no es el final, para que cuando llegue ese dolor, esa situación irreversible o ese momento terrible comprenda que después de la muerte viene la resurrección.
Para que en la noche no se olvide que existe luz.
ENSEÑAME A MIRARTE

Hay cruces que quizás ahora mismo llevas dentro, no sé una enfermedad, una preocupación por alguien que quieres, un problema familiar, una herida, una decisión difícil, un fracaso, una lucha que parece no terminar, una situación que no entiendes y quizás llevas tiempo diciéndole a Jesús: Señor, ¿Por qué? y quizás hoy Él no te da todavía una explicación, pero te lleva al Tabor, te muestra su rostro y te dice:
Mírame, mírame
Jesús, cuando no entienda, enséñame a mirarte, cuando tenga miedo, enséñame a mirarte, cuando todo salga mal, enséñame a mirarte, cuando sienta que mi fe se oscurece, enséñame a mirarte, cuando no encuentre salida, enséñame a mirarte, porque Tú eres la luz que no se apaga, Tú eres Señor, la luz que no se apaga.
Por eso Pedro dice entonces:
Señor, qué bien estamos aquí”.
Y es fácil entenderlo, porque cuando estamos cerca de Jesús, queríamos que ese momento no terminara nunca y de hecho Pedro quiere quedarse, quiere hacer tres tiendas, quiere detener el tiempo.
Quizás nosotros también hemos vivido momentos así; una oración especialmente bonita, una misa que nos tocó el corazón, un retiro, una conversión después de una confesión más profunda, un encuentro con Dios, un momento en el que sentimos con especial fuerza que Jesús estaba cerca y querríamos quedarnos allí, pero Jesús no llevó a Pedro al monte para que se escondiera allí, les llevó para que pudiera bajar del monte con una luz nueva.
Y eso es lo importante, porque la vida cristiana no consiste en escapar del mundo para encontrar a Dios.
San Josemaría vuelve a insistir: los hijos de Dios hemos de ser contemplativos, personas en medio del fragor de la muchedumbre, ahí sabremos encontrar el silencio en el alma para hablar con Dios permanentemente.
SER CONTEMPLATIVOS EN MEDIO DEL MUNDO

Eso es ser contemplativos en medio del mundo, es ser contemplativos en el trabajo, en los estudios, en la familia, en el tráfico, en las conversaciones, hasta en el teléfono, en las tareas ordinarias, en aquello que nadie ve.
Jesús, enséñame a llevar al Tabor conmigo, que no necesite sentir algo extraordinario para saber que estás cerca, que aprenda a encontrarte en lo cotidiano, que mi trabajo pueda convertirse en oración, que una sonrisa pueda ser oración, que hacer bien mi tarea que me cuesta pueda ser oración, que comenzar por aquello que menos me apetece pueda ser oración, que servir a alguien pueda ser oración.
Quizás la verdadera pregunta no es ¿Cómo puedo quedarme para siempre en el Tabor? sino, ¿Cómo puedo llevar la luz del Tabor a mi vida de cada día?
Y claro entonces dice el evangelio que:
“Aparece en la nube y desde la nube se escucha la voz del Padre que dice: este es mi Hijo, el amado, en quien me he complacido, escuchadle”.
Escuchadle y esto sí que quiero Señor Jesús, quiero escucharte, no solamente hablarte, no solamente pedirte, no solamente contarte mis problemas, quiero escucharte, qué palabra tuya necesito escuchar, qué me estás pidiendo hay algo que llevo tiempo sabiendo que tengo que cambiar, hay alguien a quien tengo que perdonar, hay una persona a la que necesito acercarme, tratarle con más delicadeza, hay alguna cruz que estoy intentando evitar, y que Tú me estás invitando a vivir Contigo, Señor.
Nos dice el texto:
“los discípulos terminan cayendo de bruces, llenos de temor”
y entonces sucede algo precioso,
“Jesús se acerca y los toca y les dice: levántense y no tengan miedo”
JESÚS ESTÁ CONMIGO, NO TENGO MIEDO
Quédate un momento ahí, Jesús tocándote, Jesús diciéndote no tengas miedo.
Quizás hoy necesitas escuchar precisamente eso, no porque no existan los problemas, no porque todo vaya a salir como quiere sino porque Jesús está contigo, después bajan del monte ya Jesús hace que las cosas tengan un sentido distinto.
Jesús, confío en Tí, Señor, qué bien se está aquí, Señor háblame, contigo en permanente conversación, quiero bajar ahora del Tabor y volver a mi vida, pero no quiero volver solo, quiero volver Contigo y cuando aparezca una dificultad mirar hacia Tí y cuando aparezca una alegría darte gracias y cuando aparezca una tentación buscar Tu mirada y cuando alguien me moleste recordar que Tú estás ahí.
Que toda mi vida se convierta en un diálogo continuo. Madre de Jesús, ayúdame a estar cada vez más pegado a Tu Hijo.



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