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P. RAFAEL

7 min

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LA TENTACIÓN DE LOS FARISEOS

El Señor quiere que cumplamos con la nueva ley, pero aunque su ley no es exactamente la ley dada por Moisés y los profetas, Jesús quiere advertirnos ante la tentación en la que cayeron los fariseos al intentar cumplirla.

La sabiduría popular italiana tiene una expresión que me parece muy cómica;  tragicómica, más bien, porque los italianos suelen decir algo así como non bisogna buttare via il bambino con l’acqua sporca, que en español se traduciría como “no hace falta botar, tirar, lanzar, echar al bambino, al niño ,junto con el agua sucia”.

Es la situación cómica en la que alguien va a quitar el agua sucia donde estaba bañando al niño y por descuido botó al niño. Aquello significa que eliminar o rechazar algo precioso o valioso, es una posibilidad cuando uno intenta quitar también lo que es inútil, lo que está equivocado o sencillamente lo que hay que botar.

Entonces hay que tener especial cuidado de no acelerarnos, de no hacer cosas así como tempestuosas con un afán de hacer algo bueno.

Me acordé de esto porque el evangelio de hoy presenta una advertencia del Señor a sus discípulos. Hoy regaña claramente a los fariseos. Y, por supuesto, que quiere que sus discípulos y nosotros tengamos especial cuidado o atención con ciertas actitudes de los fariseos.

Nos dice que tengamos especial cuidado en no hacer una destrucción total de todo, porque lo importante es lo que el Señor nos dice en el evangelio de hoy, según recoge san Mateo, capítulo 23:

“¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia, la fidelidad”

(cfr. Mt 23, 23).

Esto es lo que hay que practicar, dice el Señor: la justicia, la misericordia, la fidelidad,

“Aunque sin descuidar aquello” (cfr. Mt 23, 23).

Obviamente, el Señor, cuando dice esto, nos está diciendo: cuidado con la actitud de los escribas que sí cumplen la ley, pero por los motivos equivocados.

LLEGAR A LA INTENCIÓN DE LO QUE NOS PIDE EL SEÑOR

CRUZ

Uno podría entender que el Señor, cuando critica a los fariseos, lo que nos está pidiendo es que no cumplamos la ley. Pues no, non bisogna buttare via il bambino con l’acqua sporca, pues porque es necesario llegar al núcleo, a la intención de lo que quiere la ley y, por lo tanto, la ley es un medio y no un fin en sí mismo.

Recordemos que la fe hebrea es sumamente ritualista. Había indicaciones prácticamente para todo. Una de las corrientes del judaísmo llegó incluso a legislar sobre si era lícito o no comer huevos de gallina, que una gallina había puesto en día sábado. Imagínense la casuística del asunto, ¿no?

Por lo tanto, era una carga no precisamente ligera. Y en esas están cuando el Señor les dice que no ha venido a contradecir, a eliminar, a abolir esa ley, sino a llevarla a plenitud.

Lo que escuchamos en el evangelio de hoy es una señal clara de eso. Cuando nos fijamos en la vida de la Iglesia, nos damos cuenta de que, claro, que hubo cambios radicales que trajo el Señor. Por ejemplo, en la antigua ley era obligatoria la circuncisión; por fortuna, en la Iglesia católica no; había alimentos prohibidos si no se preparaban de una manera concreta y eso perdura todavía en Israel, donde hay que hacer instalaciones sanitarias para ciertos productos que tienen que ir en un camino diferente de otros.

Había un proceso para ofrecer a Dios los sacrificios de los animales. Existía el libelo de repudio; ha cambiado incluso el sacerdocio.

ALCANZAR LA JUSTICIA, LA MISERICORDIA Y LA FIDELIDAD

Y entonces, ¿en qué quedamos, Señor? ¿No que no venías a abolir, sino a llevar a plenitud? ¿Qué significa entonces eso de llevar a cumplimiento?

Bueno, en primer lugar, Señor, entendemos que tú vienes a recordarnos que todo eso que venía indicado en la ley y en los profetas, era un medio y no un fin en sí mismo.

Me parece a mí que este es el problema principal de los fariseos y lo que el Señor más les critica. Tenían ese gran problema de confundir los medios, que son medios lícitos, con el fin y, tal era la perversión, el cambio en este enfoque que llegaban incluso a utilizar estos medios para no llegar al fin al que debían llegar.

Se habían enamorado tanto del medio en sí mismo que le quitaban importancia en esa lucha por llegar al fin. Y el fin, ¿cuál era? La unión con Dios, la unión contigo, Señor.

Por eso nos tienes que recordar en el evangelio de hoy que el fin de todo esto es alcanzar la justicia, la misericordia y la fidelidad. Algunos de los fariseos incluso pensaban que habían llegado al grado de perfección, porque cumplían con esos medios de la ley.

Pero el Señor viene a recordarles que son unos hipócritas, porque no solamente hacen cumplir cargas demasiado pesadas, sino, sobre todo, añaden cargas que no necesariamente están aportando a ese fin al que hay que llegar.

Es más, al fariseo este cumplimiento hasta la letra pequeña de la ley y los profetas, no pocas veces, en lugar de llevarlos a Dios, —que es la finalidad fundamental de todo esto—, más bien lo llevaba hacia sí mismo, hacia la propia seguridad, a la tranquilidad de sentirse mejor que los demás, porque ellos sí llegan a cumplir en apariencia con la ley y los profetas, o al menos piensan que lo hacen más que los demás.

Nos acordamos ahora de esa parábola del fariseo y del publicano en el templo que precisamente habla de esto.

UNIÓN CON DIOS

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Pero tú, Señor, cuando das ahora cumplimiento a la ley y los profetas, nos das unos medios que son mejores para llegar a esa unión con Dios. Los judíos tenían unos medios; nosotros ahora tenemos unos que son mucho mejores.

Pensamos ahora en esa maravilla de la Eucaristía, en el regalo de la confesión sacramental y muchas de esas cosas que vemos en el Antiguo Testamento, pues las entendemos ahora a plenitud.

Aunque ahora sean más plenos, sean mejores, aunque sean medios más perfectos, la tentación del fariseo sigue allí. La tentación de todo esto, verlo como un fin en sí mismo y no como un medio de esa unión contigo.

Obviamente, non bisogna buttare via il bambino con l’acqua sporca, no estamos diciendo que hay que despreciar la Eucaristía ni la confesión, sino hacer que recuperen para nosotros el atractivo de medios valiosísimos para la unión con Dios.

Por eso, ir a misa diariamente, dedicarle un rato a nuestra oración personal, vivir la caridad con todos, comportarnos según los principios de la moral cristiana, vivir la mortificación y la penitencia, etcétera; son fines y no medios.

Pero bueno, a veces, puede pasar que, como son medios y no fines, tal vez no nos sean siempre muy atractivos. Al contrario, puede que por temporadas nos cueste, porque perdemos de vista hacia dónde han de llevarnos.

Incluso podemos tener la tentación de querer prescindir de algunos de ellos. Alguno puede decir: “Padre, no exagere. Yo nunca falto a misa los domingos; voy, incluso, a misa entre semana. Hago todos los días mi rato de oración, tengo una vida sólida de piedad…”.

Obvio que no digo que no sea así, sino que todos, todos debemos estar alertas ante esa tentación farisea que nos puede atacar absolutamente a todos. En nuestra vida vamos a luchar con esa tendencia al acostumbramiento, incluso en lo más excelso.

AMAR LA VOLUNTAD DEL SEÑOR

Vamos a luchar, por amor de Dios, para no quedarnos en aquello que el beato Álvaro del Portillo solía llamar el “cumplo y miento”, que significa cumplir las cosas de Dios, pero tener el corazón muy lejos de Dios, el cumplir por cumplir.

En este rato de oración contigo, Señor, vamos a aprovechar para preguntarnos: ¿qué tanto utilizamos estos medios de la nueva ley —los sacramentos, la oración, el mandatum novum de la caridad fraterna—, para tener esos mismos sentimientos que tú, Señor, para identificarnos contigo?

¿Cómo voy en esto de la humildad, de la obediencia, de la sencillez, de la generosidad con Dios, de la generosidad con los demás? ¿Cómo voy en la auténtica piedad, no solamente en el ritualismo, sino en el deseo de la unión contigo?  Señor, ¿quién está habitualmente al centro de mis pensamientos?

De ordinario, ¿cómo reacciono yo ante los defectos de los demás? ¿Cómo llevo las cosas que contrarían mis gustos o mis planes? Hacia esto es a lo que apunta esta nueva ley.

Por eso, Señor, te pedimos más amor a estos medios, porque nos facilitan esa unión contigo. Que amemos tu voluntad, Señor; que amemos tu ley; que seamos muy fieles a lo que tú nos pides cada día.

Que esa fidelidad no esté basada sencillamente en el temor al castigo, en el temor a quedar mal. Sino en el deseo de amar lo que tú quieras para nosotros.

Vamos a encomendarnos a la Santísima Virgen María para pedirle un corazón que se parezca cada vez más al de su Hijo. Y que Nuestra Madre también nos enseñe a aprovechar y a no de despreciar esos medios que continuamente Dios pone a nuestro alcance para la unión con Él.


Citas Utilizadas

2Tes 2, 1-3a. 14-17

Sal 95

Mt 23, 23-26

Reflexiones

Señor, ayúdame a no quedarme en el simple cumplimiento, sino a vivir cada medio que me das con amor y fidelidad, buscando siempre lo esencial: la unión contigo.

Predicado por:

P. RAFAEL

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